CUIDO 360 – Por: Eduardo Méndez, Director www.costaricamayor.com
Quedarse en la casa de siempre es el deseo de la mayoría de las personas mayores. Pero envejecer en el hogar exige accesibilidad, cuidados, tecnología y redes de apoyo que en Costa Rica todavía no están garantizadas. Le explicamos qué hace falta y a quién puede exigírselo.
Doña Emilia tiene 78 años y vive sola en la misma casa de Cartago donde crió a sus cuatro hijos. Hace ocho meses resbaló en el baño, sin fractura, pero desde entonces su hija menor no duerme tranquila: la ducha no tiene barras de apoyo, el pasillo hacia el cuarto está oscuro y el escalón de la entrada se ha vuelto un obstáculo. Doña Emilia quiere quedarse en su casa. La pregunta que atormenta a la familia es si esa casa está preparada para acompañarla.
El deseo de doña Emilia no es una excepción. La enorme mayoría de las personas mayores prefiere permanecer en su vivienda y su comunidad el mayor tiempo posible, antes que trasladarse a un hogar de larga estancia. Desde el enfoque de derechos, nadie debería verse obligado a abandonar su hogar por falta de apoyos. El problema es que querer quedarse en casa y poder hacerlo con seguridad son dos cosas distintas, y la diferencia entre ambas depende de condiciones muy concretas.
Un país que envejece más rápido de lo que se prepara
Costa Rica atraviesa uno de los procesos de envejecimiento más acelerados de América Latina. Según proyecciones con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos, prácticamente uno de cada cuatro hogares tendría a una persona adulta mayor hacia 2025, y para 2032 la proporción de personas mayores de 60 años superaría a la de menores de 15 años . La Política Nacional de Envejecimiento y Vejez reconoce, además, que más del 13% de las personas adultas mayores del país dependen de otras para realizar sus actividades básicas cotidianas.
La política pública lo entiende: en cumplimiento de la Ley N.° 7935, Ley Integral para la Persona Adulta Mayor, uno de los mandatos de la institucionalidad costarricense es estimular la permanencia de la persona mayor en su familia y su comunidad. Sin embargo, entre el mandato escrito y la casa real de una persona de 78 años media una distancia que, la mayoría de las veces, termina cubriendo la familia por su cuenta.
Accesibilidad: la casa como primer obstáculo
La vivienda costarricense típica no fue diseñada para la vejez. Escalones sin pasamanos, baños estrechos, pisos resbaladizos e iluminación insuficiente convierten la casa propia en un terreno de riesgo. Las caídas son una de las principales causas de pérdida de autonomía y de hospitalización en la población mayor, y muchas ocurren en el propio hogar. Adaptar una vivienda no siempre requiere obras costosas: barras de apoyo en el baño, buena iluminación en pasillos, eliminación de alfombras sueltas y un asiento en la ducha pueden marcar la diferencia entre una vida independiente y una dependencia prematura.
El obstáculo no es solo técnico, sino económico. Muchas familias no saben por dónde empezar ni cuentan con recursos para financiar esas adaptaciones, y no existe todavía un programa nacional robusto y de fácil acceso que acompañe a los hogares. La accesibilidad de la vivienda sigue dependiendo, en la práctica, de la capacidad de pago de cada familia.
Cuidados y tecnología: los apoyos que no llegan solos
Envejecer en casa con dependencia parcial exige cuidados. Ese trabajo recae abrumadoramente sobre mujeres de la familia —hijas, nueras, hermanas— que lo asumen sin formación, sin descanso y, con frecuencia, sin remuneración. El país ha avanzado con los centros de cuido diurno y las redes de cuido comunitario, que permiten recibir atención durante el día sin dejar el hogar, y con la reciente expansión de los Centros de Cuido Diurno para Personas Adultas Mayores impulsada por el Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor. Aun así, la cobertura territorial es desigual y muchas comunidades siguen sin una opción cercana.
La tecnología, por su parte, se presenta como aliada: teleasistencia, dispositivos de alerta ante caídas y consultas médicas a distancia amplían el margen de seguridad de quien vive solo. Pero también puede convertirse en una nueva forma de exclusión si se asume que toda persona mayor sabe usarla o tiene acceso a internet. El derecho a envejecer en casa incluye el derecho a que esas herramientas sean acompañadas y explicadas, no impuestas.
Qué puede hacer usted hoy
Si usted acompaña a una persona mayor que quiere quedarse en su hogar, hay pasos concretos a la mano. Recorra la casa buscando riesgos de caída y priorice el baño y los pasillos. Consulte en la municipalidad y en las oficinas del Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor por los programas de cuido y las redes comunitarias de su cantón. Y recuerde que la persona mayor tiene derecho a participar en cada decisión sobre su propia vida: adaptar la casa no es decidir por ella, sino con ella.
A la acción
Si la mayoría de nosotros deseamos envejecer en la casa de siempre, ¿por qué seguimos dejando que cada familia resuelva sola lo que debería ser una respuesta del país entero?
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Fuentes: Política Nacional de Envejecimiento y Vejez (CONAPAM); proyecciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos citadas en el estudio «Servicios de apoyo al cuidado en domicilio en Costa Rica»; Ley N.° 7935, Ley Integral para la Persona Adulta Mayor.











