¿A qué edad la mente alcanza su mejor momento? Una psicóloga responde algo que sorprende

Jul 15, 2026 | Recientes, Salud, slider salud | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

SALUD · CEREBRO Y VEJEZ . Por: Redacción www.costaricamayor.com

Crecimos creyendo que el cerebro es una montaña: sube hasta los 25 y de ahí es todo bajada. La psicóloga Alejandra Rivera, que acompaña a personas mayores desde la neuropsicología, desarma esa idea con una frase: no existe una sola edad en la que la mente llegue a su máximo. Cada capacidad sigue su propio camino, y varias de las más valiosas florecen precisamente con los años.

Don Rodrigo cumplió 71 años y su hija lo notó dudar con el control del televisor. «Ya se me está apagando la cabeza», bromeó él, y ella se rió, pero por dentro se preocupó. Esa misma tarde, don Rodrigo resolvió un crucigrama que ella había abandonado, le explicó a su nieto por qué dos vecinos llevaban años peleados y calmó, con una sola frase serena, una discusión familiar que amenazaba con arruinar el almuerzo. Nada de eso le pareció notable. Pero, como explica Alejandra Rivera, esa hija estaba viendo a un cerebro en varias de sus mejores facetas, funcionando justo como debe.

El problema: creemos una historia equivocada

El relato popular sobre el cerebro que envejece es, en gran parte, incorrecto. Confundimos «más lento» con «peor», y de ahí saltamos a una conclusión injusta: que la vejez es puro deterioro mental. Rivera insiste en corregir ese punto de raíz: el envejecimiento normal implica cambios en algunas funciones cognitivas, pero no representa una pérdida global de la inteligencia. Creer lo contrario hace daño, porque lleva a las familias a subestimar a la persona mayor, a decidir por ella y a tratar como falla lo que muchas veces es, simplemente, una mente que cambió de fortalezas.

Lo que explica Alejandra Rivera: cada capacidad tiene su propio calendario

Desde la neuropsicología, dice Rivera, el cerebro es dinámico y cada capacidad cognitiva sigue una trayectoria distinta a lo largo de la vida. Algunas rinden más temprano: la velocidad para procesar información y la memoria de trabajo suelen alcanzar su mejor momento en la adultez temprana. Pero otras siguen creciendo. El vocabulario, el conocimiento adquirido, la experiencia y el juicio pueden continuar fortaleciéndose con el paso de los años, y la capacidad de comprender situaciones complejas se beneficia de todo lo vivido. Por eso, señala, conviene no hablar de una única cima, sino de muchas, repartidas a lo largo de toda la vida.

La investigación internacional respalda lo que Rivera observa en sus cursos. Un estudio de investigadores del MIT y el Hospital General de Massachusetts, dirigido por Joshua Hartshorne y Laura Germine, midió por separado distintas capacidades en miles de personas y encontró justamente eso: la velocidad de procesamiento llega a su punto máximo cerca de los 18 o 19 años, la memoria de trabajo a mediados de los veinte, la habilidad para leer las emociones de los demás entre los 40 y los 50, y el vocabulario y el conocimiento acumulado —la llamada inteligencia cristalizada— alcanzan su mejor forma entre los 65 y los 70 años. En palabras simples: a los 70, el diccionario mental de una persona suele estar en su punto más alto.

Lo que se fortalece y lo que cambia

Rivera lo resume con una claridad que ayuda a las familias. Con la edad pueden fortalecerse el razonamiento basado en la experiencia, la toma de decisiones y la capacidad de usar todo lo aprendido; también mejoran, con frecuencia, la regulación emocional, la empatía y la habilidad para resolver conflictos de la vida cotidiana. Al mismo tiempo, hay funciones que cambian de forma gradual: la velocidad para procesar información, la memoria de los hechos recientes, la atención dividida y la rapidez para aprender algo completamente nuevo. Nada de esto, aclara, impide seguir aprendiendo ni llevar una vida activa e independiente.

Esa mirada coincide con décadas de investigación sobre la vida emocional en la vejez, como la de la psicóloga Laura Carstensen, de Stanford, que muestra que las personas mayores tienden a prestar más atención a lo positivo y reportan mayor estabilidad emocional. Conviene ser honestos: la ciencia todavía discute cuánto de esa serenidad se debe a una mejor regulación emocional y cuánto a otros cambios del cerebro. Pero, como subraya Rivera, el envejecimiento es un proceso heterogéneo: no todas las personas envejecen igual, porque influyen la educación, el estilo de vida, la salud física, la estimulación mental y las relaciones sociales.

La idea que lo cambia todo: la neuroplasticidad

Si hay un solo mensaje que Rivera quiere dejar, es este: el cerebro conserva durante toda la vida la capacidad de adaptarse. Se llama neuroplasticidad, y significa que, aunque algunas funciones cambien naturalmente con la edad, seguimos pudiendo formar nuevas conexiones neuronales, aprender y enfrentar retos, sobre todo cuando se mantiene un estilo de vida activo, saludable y estimulante. «Envejecer no significa dejar de aprender, sino aprender de una manera diferente», repite ella a las personas mayores en los cursos que imparte en la Universidad de Costa Rica y la Universidad Santa Paula. La experiencia acumulada, insiste, es una de las mayores fortalezas del cerebro humano, no un lastre.

Qué puede hacer usted esta semana

Rivera ordena los hábitos que cuidan la mente en un triángulo básico: actividad física regular, alimentación saludable y buen descanso, al que se suma controlar enfermedades como la hipertensión, la diabetes y el colesterol elevado. Sobre esa base, tres acciones concretas. Primero: deje de «corregir» a su familiar mayor cuando tarda un poco más y, en cambio, pídale lo que hace bien —que cuente una historia, que dé un consejo, que resuelva un dilema. Segundo: alimente la mente y los vínculos; leer y escribir, aprender un idioma, un instrumento o una nueva tecnología, los juegos de estrategia y, sobre todo, las relaciones sociales significativas estimulan el cerebro y fortalecen el sentido de pertenencia. Tercero: si nota olvidos que interfieren con la vida diaria —perderse en lugares conocidos, repetir preguntas en minutos, dejar de manejar tareas antes dominadas—, eso ya no corresponde al envejecimiento normal y, como advierte Rivera, debe diferenciarse a tiempo mediante una valoración profesional.

Terminamos. La próxima vez que alguien diga que a su mamá «se le está apagando la cabeza», usted tendrá con qué responder. No se le está apagando: como explica Alejandra Rivera, está entrando en la edad en que el juicio, las palabras y la calma dan lo mejor de sí, y en la que la experiencia se vuelve su mayor fortaleza. Reconocerlo no es un halago bonito. Es hacerle justicia a una mente que pasó toda una vida preparándose para este momento.

¿Y si la persona mayor de su casa no está perdiendo su mejor momento, sino viviéndolo, y nadie se lo ha dicho?


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Lea también nuestra sección Salud para más ciencia que cambia la forma de vivir la vejez.

Fuentes: Entrevista de Costa Rica Mayor con la psicóloga Alejandra Rivera, quien imparte cursos para personas mayores en la Universidad de Costa Rica y la Universidad Santa Paula. Respaldo científico: Hartshorne, J. K. y Germine, L. T. (2015), «When Does Cognitive Functioning Peak?», Psychological Science (estudio del MIT y el Hospital General de Massachusetts); Laura Carstensen y colaboradores, sobre regulación emocional y efecto de positividad en la vejez; revisiones sobre envejecimiento cognitivo normal, inteligencia cristalizada y neuroplasticidad (National Institutes of Health). Este contenido es informativo y no sustituye la valoración de una persona profesional en salud; las señales de alarma mencionadas ameritan consulta especializada.

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