13FRECUENCIA VIDA · Por: Eduardo Méndez, Director de www.costaricamayor.com
Hay dos maneras de llegar a los 80 años, dice Mayra Porras: en una silla de ruedas o amarrándose los zapatos y levantando a un nieto. La diferencia, insiste, no es suerte ni herencia. Es una decisión que se toma décadas antes, todos los días, en cosas tan pequeñas como qué se come y si uno se mueve o se sienta a esperar.
A los 50 años, en medio de un divorcio difícil lejos de Costa Rica, Mayra Porras tuvo que decidir de qué agarrarse. Podía derrumbarse. En cambio, empezó a correr. Le dijeron que a esa edad, y después de una vida de ballet, su cuerpo no aguantaría. Aguantó. De ahí siguió el yoga, los ejercicios funcionales, el entrenamiento de fuerza. Hoy tiene 67 años, no toma ningún medicamento y dedica su energía a un proyecto llamado Adulto Vital, con el que quiere convencer a otros de algo que a ella le cambió la vida: que envejecer bien se prepara.
El problema: creemos que la vejez solo se padece
Porras describe un país lleno de personas mayores frágiles antes de tiempo. Ve a colegas de su edad para quienes salir de la farmacia con una bolsa llena de medicamentos es casi un logro. Y ve algo más sutil y más triste: familias que, por amor, sientan a su papá o a su mamá en un sillón y les dicen «usted no se preocupe, yo lo hago». Con la mejor intención, los confinan. Les quitan justo lo que los mantendría fuertes: moverse, sentirse útiles, tener algo que hacer. El resultado es una vejez que se padece en lugar de vivirse, cuando no tenía por qué ser así.
Lo que dice la experiencia
La idea central de Porras es incómoda pero liberadora: buena parte de cómo llegamos a la vejez depende de decisiones que están en nuestras manos. Ella advierte que el cuerpo pierde masa muscular con cada década que pasa, y que quien no cuida esa fuerza llega a los 80 debilitado. No habla de vanidad. Habla de que, si uno se cae, no se quiebre; de que pueda subir una acera, cargar las bolsas, levantarse solo de una silla. Esa autonomía física, dice, es la base de todo lo demás. Conviene precisar que estos datos provienen de su experiencia y formación, y que cada persona debería consultar con su médico antes de iniciar una rutina; pero la dirección de fondo coincide con lo que la gerontología viene repitiendo hace años.
Explicado sencillo: los cinco pilares
Porras resume el envejecimiento saludable en cinco apoyos, y ninguno es un secreto caro. El primero es el ejercicio, sobre todo el de fuerza: no como opción, sino como necesidad. El segundo es la alimentación con sentido común —comer alimentos de verdad, «más comida y menos productos», esos que no necesitan una etiqueta para saber qué son. El tercero es el descanso: dormir bien, porque el cuerpo activo necesita recuperarse. El cuarto es el propósito, tener una razón para levantarse cada mañana, algo que ella considera decisivo en las personas muy mayores. Y el quinto es la conexión: amistades que sumen, vínculos sanos y, sobre todo, sentirse parte de una comunidad y poder devolver algo a los demás.
Hay una honestidad que este medio no quiere pasar por alto. Porras reconoce que nada de esto es fácil en un país donde comer sano es caro, donde el miedo a la inseguridad desanima a caminar, y donde muchas personas mayores viven con lo justo. No lo presenta como una receta milagrosa ni como un reproche a quien no puede. Lo plantea, más bien, como una conversación que hay que empezar: en la casa, en la comunidad y también en la política pública, porque envejecer con dignidad no debería ser un privilegio de quien tiene recursos.
Qué puede hacer usted esta semana
No hace falta correr un maratón. Empiece por lo pequeño y sostenible. Si cuida a una persona mayor, deje de hacerle todo: invítela a moverse, a colaborar en tareas del hogar, a caminar acompañada; la utilidad es medicina. Revise el sueño, procure comidas preparadas en casa aunque sean sencillas, y busque para su familiar —o para usted— una actividad con propósito y compañía: un grupo comunitario, un centro diurno, los programas para personas mayores de las universidades públicas, que reúnen a caminantes de 70 y 80 años en plena forma. Y hágase, sin miedo, la pregunta que Porras repite: ¿cómo quiere vivir los próximos 30 años? La respuesta empieza hoy.
Termino aquí. Porras perdió hace poco a un hermano apenas mayor que ella, y de ese dolor sacó una convicción: que buena parte de nuestra salud futura se juega en las decisiones que tomamos mucho antes de necesitarlas. No se trata de negar los años ni de perseguir la juventud. Se trata de llegar a viejo entero, disfrutando, con los suyos cerca. Eso no se hereda ni se compra. Se decide.
Si envejecer bien es una decisión que se toma todos los días, ¿qué va a decidir usted hoy por la persona mayor que quiere ser mañana?
Comparta este artículo con esa persona que insiste en que «ya está viejo para esto»: puede ser el empujón que la haga moverse.
Cuéntenos en los comentarios cuál de los cinco pilares le cuesta más y cuál ya practica sin darse cuenta.
Lea también nuestra sección Frecuencia Vida para más historias de personas que están reescribiendo lo que significa envejecer.






