CONTEXTO · Por: Eduardo Méndez , Director de www.costaricamayor.com
Cada 11 de julio, el Día Mundial de la Población nos invita a mirar los números que deciden el futuro de un país. Los de Costa Rica cuentan una historia que casi nadie se atreve a nombrar en voz alta: nacen cada vez menos niños, envejecemos más rápido que casi cualquier otra nación de la región, y toda una generación de personas mayores está descubriendo que la casa que soñaron llena de nietos podría quedarse en silencio.
Doña Emilia tiene 68 años y una mecedora en el corredor que compró pensando en un nieto que la usara en sus brazos. Tuvo dos hijos. La mayor vive en Canadá y no piensa tener hijos; el menor, en Cartago, le repite con cariño que «los tiempos no están para eso, mami». Doña Emilia no se lo reprocha: entiende los alquileres, los salarios, el mundo que les tocó. Pero a veces, cuando pasa una madre joven con su bebé en el coche por la acera, siente un vacío que no sabe cómo nombrar. No es solo la falta de nietos. Es la pregunta de quién estará cerca cuando ella ya no pueda con la mecedora sola.
El problema, dicho sin rodeos
Costa Rica dejó de tener suficientes nacimientos para reemplazarse a sí misma, y lo hizo a una velocidad que sorprendió hasta a los demógrafos. La consecuencia no es abstracta: una generación de personas mayores llega a la vejez con menos hijos, menos nietos y menos manos alrededor, en un país que todavía no terminó de construir las redes de cuidado que esa nueva realidad exige.
Los datos que confirman el cambio
El nivel de reemplazo —la cantidad de hijos por mujer necesaria para que una población no se reduzca— es de 2,1. La última vez que Costa Rica lo alcanzó fue en 2003. Desde entonces, la caída ha sido sostenida: de 3,1 hijos por mujer en 1990 a alrededor de 1,2 o 1,3 en años recientes, según el indicador y la fuente que se consulte. El país entró en lo que los especialistas llaman «ultrabaja fecundidad», por debajo de 1,5, y el INEC proyecta que tocará un mínimo cercano a 1,14 hijos por mujer hacia 2031. En cifras concretas: en 2024 se registraron alrededor de 45.800 nacimientos, cuando a inicios de la década de 2010 el país superaba los 70.000 al año.
El otro lado de la balanza es el envejecimiento. El INEC advierte que la población de 65 años y más se duplicará en unas dos décadas, pasando de poco más del 11% en 2024 a cerca del 20% en 2050. La edad mediana del país saltará de unos 35 años a 47 en ese mismo periodo. Y la proyección más contundente la subraya el UNFPA: hacia 2080, cuatro de cada diez habitantes de Costa Rica serán personas mayores. No es un pronóstico lejano de ciencia ficción; son los niños que hoy no están naciendo.
Explicado sencillo: por qué esto le toca a usted
Durante generaciones, el «plan de vejez» de la familia costarricense fue implícito: los hijos y los nietos cuidan de los viejos. Ese acuerdo silencioso funcionaba porque había muchos hijos y muchos nietos. Cuando una pareja tiene menos de dos hijos en promedio, y esos hijos a su vez tienen uno o ninguno, la aritmética del cuido se rompe. Menos personas jóvenes tendrán que sostener a más personas mayores, y muchas de esas personas mayores no tendrán a un nieto cerca para acompañarlas. El vacío que siente doña Emilia en el corredor es, en el fondo, un dato demográfico convertido en emoción.
Conviene ser justos con el matiz. La baja natalidad no es un fracaso moral de nadie ni un capricho de las nuevas generaciones. El propio UNFPA insiste en que la verdadera crisis no es que la gente no quiera hijos, sino que muchos no logran tener los que desean por razones económicas y de falta de apoyo. Y la vejez sin nietos no es una vejez condenada: hay vidas plenas, activas y acompañadas que no dependen de una descendencia. Pero como país, no podemos seguir apostando el bienestar de nuestras vejeces a un modelo familiar que la demografía ya cambió.
Qué se puede hacer, en casa y como país
Hay pasos concretos. En lo personal: si en su familia hay una persona mayor con pocos o ningún descendiente cerca, teja hoy la red que hará falta mañana —vecinos, sobrinos, amistades, grupos comunitarios y programas como los de AGECO o los centros diurnos son cuido real, no un premio de consolación. Revise también la situación de pensión: casi la mitad de las personas mayores del país no recibe una pensión contributiva, según el UNFPA, así que verificar el derecho a la pensión del Régimen No Contributivo es urgente donde haga falta. Y como país, el reclamo es claro y exigible: consolidar el financiamiento del Sistema Nacional de Cuidados, de modo que envejecer con dignidad no dependa de tener o no tener nietos. La Ley N.° 9394 y la Ley N.° 7935 ya reconocen a la persona mayor como sujeto de derechos; falta que el presupuesto lo reconozca también.
Termino aquí. El Día Mundial de la Población no se trata de asustarnos con gráficos. Se trata de mirar a doña Emilia en su corredor y decidir, como sociedad, que su vejez no va a medirse por cuántos nietos tuvo, sino por cuánto la cuidamos entre todos. Los nietos quizás no lleguen. La dignidad sí puede llegar, si la construimos a tiempo.
Si el futuro de Costa Rica tiene más mecedoras que carriolas, ¿quién se está preparando para que esas mecedoras no estén solas?
Comparta este artículo con esa persona mayor de su familia que envejece sin nietos cerca: la conversación que abra hoy vale más que cualquier estadística.
Cuéntenos en los comentarios cómo imagina o vive usted una vejez plena más allá de la descendencia.
Fuentes: Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), Estimaciones y proyecciones nacionales de población 1950-2100, y comunicados sobre fecundidad y envejecimiento; Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) Costa Rica, sobre proyecciones de envejecimiento, pensiones y cuidados; Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Observatorio Demográfico; Centro Centroamericano de Población (CCP-UCR); Naciones Unidas, Día Mundial de la Población; Ley N.° 9394 (Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores) y Ley N.° 7935 (Ley Integral para la Persona Adulta Mayor). Las tasas de fecundidad varían levemente según indicador, año y fuente; las cifras del INEC y la CEPAL están sujetas a verificación contra fuente primaria antes de la publicación definitiva.




