Emprender en el cuidado: la apuesta de Tatiana Otero en Sarapiquí

Jun 1, 2026 | Economía plateada, slider economia plateada | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

Nuestro Hogar Feliz es una residencia diferente: ofrece la oportunidad de envejecer en un entorno natural, con atención centrada en la persona. Detrás del proyecto hay una enfermera que decidió convertir su vocación en un emprendimiento de cuidados de larga estancia.

Por: Eduardo Méndez, Director de www.costaricamayor.com

Emprender en el cuidado del adulto mayor no se parece a abrir cualquier otro negocio. No se trata de un producto que se fabrica y se vende, sino de personas a las que se acompaña cada día, a toda hora. Tatiana Otero lo entendió desde su formación como enfermera, y a partir de esa convicción levantó Nuestro Hogar Feliz, una residencia de larga estancia ubicada en el corazón verde de Sarapiquí, en Heredia.

El proyecto combina dos cosas que rara vez aparecen juntas en el discurso público sobre el envejecimiento: la mirada profesional de quien sabe de cuidados clínicos y la visión de quien asume el riesgo de emprender. En un país que envejece a paso acelerado, esa combinación apunta a una oportunidad poco explorada y a un reto enorme.

De la vocación al emprendimiento

La figura de la enfermera que decide emprender dice mucho sobre lo que hace falta en el sector. Otero no llegó al cuidado de larga estancia desde la lógica del inversionista, sino desde la práctica clínica y la vocación de servicio. Esa raíz marca toda la operación: en su residencia, las decisiones empresariales se subordinan a un criterio de cuidado, no al revés.

Pero emprender en este campo exige, además de vocación, una capacidad de gestión nada menor. Otero describe sin rodeos el equilibrio que debe sostener todos los días: ofrecer calidad de servicios y, al mismo tiempo, mantener la accesibilidad económica, tanto para los residentes como para sus familias.

«Por un lado, tenemos los altos costos en salario, en carga social, en servicios públicos y en atención médica. Además, todo lo que implica el cumplimiento de la normativa del Ministerio de Salud. También está el difícil acceso a un equipo interdisciplinario, tanto por los altos costos como por el déficit de profesionales capacitados en esta área. Mientras tanto, muchas familias enfrentan limitaciones económicas para cubrir mensualidades altas.»

Tatiana Otero, enfermera y fundadora de Nuestro Hogar Feliz

Esa es la ecuación que define al emprendedor de los cuidados: tarifas presionadas hacia arriba por costos reales —planilla, cargas sociales, insumos médicos, cumplimiento regulatorio— frente a pensiones e ingresos familiares que no siempre alcanzan. Quien emprende en este terreno sabe que la rentabilidad nunca podrá medirse solo en colones, porque al otro lado de cada mensualidad hay una familia y una persona mayor que merece dignidad.

La enfermera que dirige un equipo interdisciplinario

Una de las características que distinguen a Otero como emprendedora es su comprensión de que el cuidado no descansa en una sola disciplina. Como enfermera, conoce el límite de la atención clínica aislada: una persona mayor necesita también estimulación cognitiva, recreación, salud mental y acompañamiento emocional. Por eso entiende su residencia como un proyecto de equipo interdisciplinario, no como un servicio de enfermería ampliado.

Ahí aparece uno de los obstáculos que más le pesan, y que excede a cualquier residencia: la dificultad de conformar y sostener ese equipo. El país aún no forma suficientes profesionales especializados en gerontología, y los que existen son escasos y costosos. Para una emprendedora, eso significa competir por talento limitado sin poder trasladar todo el costo a familias que ya están al borde de sus posibilidades.

Su respuesta empresarial no es recortar, sino elevar el estándar. «Ya no basta con ofrecer alojamiento y una asistencia básica a la persona adulta mayor», sostiene. A su juicio, cada persona merece un envejecimiento digno, y eso exige servicios integrales que promuevan el envejecimiento activo, la salud mental, la recreación, la estimulación cognitiva y el acompañamiento emocional. Para Otero, ese nivel de atención no es un lujo opcional, sino la condición de existencia del proyecto.

Atención centrada en la persona como modelo de negocio

El rasgo más definitorio del emprendimiento de Otero es haber convertido la atención centrada en la persona en el eje de toda la operación. No es un eslogan: es la forma concreta en que organiza el trabajo diario. El desafío operativo más exigente, explica, es sostener un servicio continuo y de calidad las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, lo que implica coordinar turnos, supervisar protocolos y, sobre todo, garantizar que cada residente sea tratado según su individualidad.

Esa atención centrada en la persona significa respetar la autonomía, las diferencias y la dignidad de cada adulto mayor. En un entorno rodeado de jardines, senderos y una piscina destinada a la terapia, el modelo busca que envejecer no sea encerrarse, sino seguir viviendo con propósito. La residencia, en palabras de su propia filosofía, aspira a ser un hogar antes que un asilo.

«Hacer sentir a esa persona mayor escuchada, valorada y acompañada es una de las áreas fundamentales para diferenciarnos. Si logramos combinar el profesionalismo, la empatía y la innovación, dándole un enfoque humano, tenemos mayor posibilidad de crecer, de sostenernos y de consolidarnos.»

Tatiana Otero, enfermera y fundadora de Nuestro Hogar Feliz

En esa frase está la estrategia completa. Otero plantea que la diferenciación competitiva no proviene del lujo de las instalaciones, sino de la calidad humana del trato. La empatía, en su modelo, no es un valor decorativo añadido al final: es el activo central del negocio, lo que sostiene la fidelidad de las familias y la reputación del proyecto.

Una oportunidad que el país no termina de ver

El emprendimiento en cuidados de larga estancia ocupa un terreno particular. No compite tanto contra otras residencias como contra una ausencia: la falta de cuido de calidad en zonas rurales como Sarapiquí y la escasa visibilidad del cuido como sector económico legítimo. Quien abre una residencia allí está ocupando un vacío que nadie más estaba llenando.

Ahí radica la oportunidad. El envejecimiento de la población no es solo un reto para la seguridad social; es un campo donde emprendedoras como Otero pueden generar empleo digno, profesionalizar el cuido y dignificar una etapa de la vida que el país ha tendido a invisibilizar. Para que esa oportunidad florezca, sin embargo, hacen falta condiciones: financiamiento, formación de profesionales, reglas claras y el reconocimiento de que cuidar bien cuesta, y que ese costo es una inversión social.

La historia de Tatiana Otero demuestra, a su escala, que el modelo es posible: que una enfermera puede emprender, sostener un equipo y poner a la persona en el centro sin renunciar a la viabilidad. El reto, ahora, es que historias como la suya dejen de ser la excepción.

Porque la verdadera pregunta no es si Costa Rica envejece —ya lo está haciendo—, sino qué tipo de país queremos construir para esa vejez que nos espera a todos. ¿Uno que deja el cuido a la suerte de cada familia, o uno que lo reconoce como lo que es: una causa que vale la pena emprender?

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