Por Costa Rica Mayor. 24 de julio de 2025
La Península de Nicoya ha sido reconocida por años como una de las cinco Zonas Azules del planeta: lugares donde las personas no solo viven más, sino que lo hacen con bienestar, arraigo y vitalidad. Sin embargo, nuevas alertas científicas nos llaman a proteger esta herencia de longevidad antes de que se diluya entre los desafíos del presente.
El más reciente informe del Centro de Investigaciones Observatorio del Desarrollo (CIOdD) de la Universidad de Costa Rica expone con claridad que el estilo de vida que ha sostenido esta longevidad podría estar cambiando de manera preocupante.
“Estamos viendo un abandono paulatino de la dieta tradicional, rica en maíz, frijoles, frutas locales, así como del vínculo físico con el entorno. También se debilita el tejido social que ha caracterizado a esta zona: familias ampliadas, cooperación vecinal, espiritualidad cotidiana”, advierte el investigador Agustín Gómez, autor del estudio.
La zona aún mantiene indicadores excepcionales. Por ejemplo, se estima que existen 23 centenarios por cada 100.000 habitantes, un dato muy superior al promedio nacional. Pero el cambio generacional se deja sentir. La incorporación de alimentos ultraprocesados y el sedentarismo están provocando un aumento de enfermedades metabólicas como la obesidad, la diabetes tipo 2 y la hipertensión entre personas menores de 50 años.
El Dr. Fernando Morales, decano de la Facultad de Medicina de la UCR, subraya una característica única de la Zona Azul costarricense: a diferencia de otras regiones del mundo, aquí los centenarios viven en sus hogares familiares, rodeados de cariño y participación cotidiana, y no en residencias institucionales. Sin embargo, la sostenibilidad de este modelo está en riesgo si no se toman medidas urgentes.
“El problema no es solo cuánto vivimos, sino cómo lo hacemos. En Nicoya, la gente vive mucho y bien. Pero las nuevas generaciones están renunciando a los hábitos que lo permiten”, expresó Morales.
Desde el Hospital de Liberia, el Dr. Marvin Palma reafirmó que los cambios en alimentación y actividad física podrían transformar este enclave saludable en una zona más vulnerable si no se actúa con visión a largo plazo. Propone medidas concretas como:
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Educación nutricional desde la escuela y la comunidad.
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Programas de actividad física accesibles y comunitarios.
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Políticas públicas que prioricen la salud preventiva y el envejecimiento activo.
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Fortalecimiento de los lazos intergeneracionales y redes de apoyo local.
El informe finaliza con un llamado firme: proteger la Zona Azul de Nicoya no es solo una tarea local, sino una responsabilidad nacional. Requiere políticas públicas basadas en evidencia, promoción de la salud territorial y educación que reconecte a las juventudes con las raíces que han sostenido esta longevidad.
Porque más allá del reconocimiento internacional, lo que está en juego es la posibilidad de un envejecimiento digno, saludable y feliz para todas las generaciones de Costa Rica.




