Juan José Granados: el hombre que está poniendo a bailar a los adultos mayores de Costa Rica

Jun 5, 2026 | Frecuencia de vida, Recientes, slider frecuencia de vida | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

FRECUENCIA VIDA · Historias que inspiran

Hay quienes ven la vejez como una etapa para sentarse a esperar. Juan José Granados decidió lo contrario: convertirla en una pista de baile. Como fundador y director de SOMOS 65, este costarricense ha logrado algo que parecía difícil en un país que envejece a toda velocidad: que miles de personas mayores vuelvan a moverse, a reírse y a encontrarse, una canción a la vez.

La herramienta tiene nombre propio y sabor tico: los Bailongos. Desde que iniciaron en 2023, SOMOS 65 ha realizado más de cien de estos encuentros, que se han convertido en un símbolo de alegría, convivencia y socialización para miles de personas. La fórmula es sencilla y poderosa: música, una pista abierta y la invitación a soltarse sin importar la edad ni la condición.

Un espacio donde caben todos

Lo que distingue a los Bailongos no es solo que las personas mayores bailen. Es quiénes más caben en esa pista. Granados lo resume con claridad: se trata, dice, de un “espacio inclusivo 100%”.

Esa inclusión empieza por una figura que casi siempre queda en la sombra: la persona cuidadora. “Es el espacio de recreación para las personas cuidadoras”, explicó Granados a Costa Rica Mayor. Quien acompaña, asiste y sostiene a un familiar mayor rara vez tiene un lugar propio para descansar y disfrutar. En el Bailongo lo encuentra, sin dejar de estar al lado de quien cuida.

La pista se abre también a quienes muchas veces se sienten excluidos de la fiesta. “Llega mucha gente con movilidad reducida y personas con discapacidad”, contó. Y lejos de quedarse al margen, son parte del baile: “Lo mejor es que las personas que llegan a bailar se ponen a bailar con ellos”, relató. Esa imagen —alguien en silla de ruedas siendo invitado a la pista por otro asistente— condensa la filosofía completa del proyecto.

Mucho más que un baile

Los Bailongos son la cara más festiva de un movimiento mucho más amplio. En sus ocho años de trayectoria, SOMOS 65 ha alcanzado a más de 250.000 personas adultas mayores en el país. A los encuentros de baile se suman más de 300 ediciones de SOMOS 65 TV —un programa de televisión enfocado en esta población— y más de 75 ediciones de la Expo SOMOS 65, que desde 2021 lleva actividades recreativas, cognitivas y físicas a distintas comunidades.

Detrás de cada actividad hay una convicción de fondo. “Nuestra motivación siempre ha sido empoderar a la población adulta mayor, visibilizarla y decirles que cuando llegan a esta etapa están comenzando una nueva vida. Queremos que envejezcan con dignidad, felicidad y paz”, ha expresado Granados sobre el sentido de su trabajo.

Ese cambio de mirada es, quizás, su logro más profundo. “Hemos logrado que los adultos mayores se vean a sí mismos como protagonistas de su presente y su futuro, con autonomía y con la capacidad de seguir aportando a la sociedad”, ha señalado. No son receptores pasivos de una actividad: son los protagonistas de la fiesta.

El baile como derecho

Vale la pena detenerse en lo que ocurre en uno de estos encuentros, porque es más de lo que parece. Bailar mejora el equilibrio, ejercita la memoria, fortalece el cuerpo y levanta el ánimo. Pero en un Bailongo pasa algo que ninguna terapia receta: la soledad se rompe. Se hacen amigos. Se recupera, como dice Granados, la ilusión de vivir plenamente.

Y al abrir esa pista a las personas cuidadoras, a quienes tienen movilidad reducida y a las personas con discapacidad, el proyecto manda un mensaje que va más allá del baile: la recreación y la alegría no son un privilegio de algunos, sino algo que le corresponde a todas las personas, en cualquier condición y a cualquier edad. El derecho a divertirse también es un derecho de la vejez.

En un país donde una de cada seis personas ya supera los 60 años, iniciativas como esta recuerdan que envejecer no es retirarse de la vida. A veces es, simplemente, animarse a dar el primer paso en la pista. Y, como ha demostrado Juan José Granados con cada Bailongo, ese paso casi nunca se da en soledad: siempre hay una mano lista para invitarlo a bailar.

¿Conoce a alguien que necesite volver a bailar? Compártale esta historia. La alegría, como el baile, se disfruta mejor en compañía.

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