¿Qué consejo le daría hoy a su yo de 30 años?

Jun 19, 2026 | Frecuencia de vida, slider frecuencia de vida | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

FRECUENCIA VIDA · CONVERSACIONES QUE NOS HABITAN . Por: Redacción www.costaricamayor.com

Le pedimos a varias personas mayores que viajaran en el tiempo, solo con palabras. Lo que respondieron no fue una lista de éxitos por alcanzar, sino una manera más amable de habitar la propia vida.

Doña Amelia tiene setenta y dos años y una taza de café que sostiene con las dos manos, como si abrigara algo más que la bebida. Cuando le hicimos la pregunta, se quedó en silencio un momento largo. Luego sonrió. «A esa muchacha de treinta años», dijo, «le diría que dejara de pedirse perdón por descansar.»

Hay una pregunta que casi todos nos hacemos en voz baja, alguna noche, frente a una fotografía vieja: ¿qué le diría a la persona que fui? No es nostalgia. Es otra cosa. Es la sabiduría que solo llega cuando ya se han vivido los años suficientes para saber qué pesaba de verdad y qué no pesaba nada.

Conversamos con varias personas adultas mayores y les pedimos exactamente eso. Las respuestas, lejos de hablar de logros o de carreras, giraron casi siempre en torno a lo mismo: el tiempo, el cuerpo, los vínculos y el permiso de equivocarse.

«No corra tanto detrás de lo que se va a olvidar»

La frase que más se repitió tenía que ver con la prisa. Personas que a los treinta años vivían persiguiendo metas, cumpliendo plazos, demostrando que valían, hoy miran atrás y reconocen que buena parte de aquella urgencia se evaporó sin dejar huella.

«Yo me perdí el primer paso de mi hija por estar en una reunión que ni recuerdo de qué era», nos contó uno de los entrevistados. No lo dijo con amargura, sino con la serenidad de quien ya hizo las paces con lo vivido. El consejo no era trabajar menos. Era distinguir, con honestidad, qué cosas merecían el corazón completo y cuáles solo pedían las manos.

«Cuide ese cuerpo como si fuera a durarle toda la vida, porque va a durarle»

Otro tema apareció una y otra vez: el cuerpo. No desde el reproche ni desde la culpa, sino desde el cariño. Varias personas dijeron que, de poder hablarle a su yo joven, le pedirían que se moviera por placer y no por obligación, que durmiera sin sentirse culpable y que escuchara las señales pequeñas antes de que se volvieran grandes.

«A los treinta uno cree que el cuerpo es un caballo al que se le puede exigir todo», dijo doña Amelia. «A los setenta uno entiende que era, más bien, un compañero de viaje. Y a los compañeros se les agradece.»

«Llame a su mamá. Visite a su papá. No deje las palabras para después»

El consejo más doloroso, y también el más frecuente, tenía que ver con los vínculos. Con las conversaciones que se aplazaron, las visitas que quedaron para «el próximo fin de semana», las reconciliaciones que llegaron tarde o no llegaron.

Si hay un hilo que une a todas estas voces, es la certeza de que lo que da sentido a una vida no es lo que se acumula, sino lo que se comparte. La presencia. La pertenencia. Saberse parte de una familia, de un barrio, de una comunidad que lo reconoce a uno por su nombre. Eso, dicen, no se descubre tarde: simplemente se valora tarde.

«Equivóquese más. Le va a doler menos de lo que cree»

Y, finalmente, el permiso. Muchas de las personas con las que hablamos dijeron que a los treinta años cargaban un miedo enorme a fracasar, a quedar mal, a no estar a la altura. Hoy, con la perspectiva de las décadas, casi todas coincidieron: los errores que tanto temían fueron, con frecuencia, las puertas hacia lo que vino después.

«Le diría que se atreviera», resumió uno de ellos. «Que no esperara a tenerlo todo claro, porque eso nunca llega. Que viviera mientras lo iba averiguando.»

La pregunta también es para usted

Quizás usted no tiene setenta años todavía. Quizás los tiene, y reconoció algo en estas voces. O quizás está cuidando a su mamá, a su papá, a una persona mayor a la que ama, y se preguntó qué les habría dicho la vida que ellos ya saben.

Hay una manera sencilla de averiguarlo: pregúnteles. Esta semana, en lugar de hablar del clima o de la cita médica pendiente, hágale a esa persona mayor la misma pregunta que nosotros hicimos. ¿Qué consejo le daría a su yo de treinta años? Escuche sin interrumpir. Lo más probable es que escuche algo que también necesitaba oír usted.

Termino aquí. Si la sabiduría de toda una vida cabe en una sola conversación, ¿por qué seguimos dejándola para después?

Hágale hoy esa pregunta a una persona mayor que ama. Y si quiere, cuéntenos en nuestro Canal de WhatsApp qué le respondió: estamos reuniendo las voces de un país que tiene mucho que enseñarnos.

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