Las mejoras en infraestructura eléctrica, habitaciones y espacios comunes buscan transformar la vida cotidiana de decenas de personas adultas mayores que hoy encuentran en este hogar un espacio de cuido, compañía y dignidad.
Por: Redacción www.costaricamayor.com
A las 5:40 de la mañana, don Félix acomoda lentamente una cobija sobre sus piernas mientras observa cómo la neblina baja desde las montañas de Palmares. El olor a café recién hecho se mezcla con el sonido de los platos en la cocina del Hogar de Ancianos de Palmares.
“Antes pasaba días enteros solo”, dice mientras sostiene una taza tibia entre las manos. “Aquí uno conversa, se ríe….” incluso recuerda “ los tiempos pasados cuando de joven le decia a la gente que se fuera al hogar de ancianos porque era un lugar donde se tiene de todo”.
Durante los siguientes minutos, la rutina parece sencilla: un cuidador le ayuda con sus medicamentos y con su silla de ruedas, otro residente le enseña unas fotos familiares y un funcionario revisa unas reparaciones eléctricas en uno de los pasillos. Pero detrás de esa escena cotidiana existe una realidad mucho más grande: sostener un hogar para personas adultas mayores en Costa Rica se ha convertido en un desafío permanente.
En Palmares, el Hogar de Ancianos atiende actualmente a 64 personas adultas mayores. La institución, de carácter comunitario y sin fines de lucro, enfrenta desde hace años presiones importantes necesidades de infraestructura eléctrica. Incluso tuvo condicionado su permiso de funcionamiento. Solo recientemente inició un proyecto de modernización eléctrica con apoyo de de la Junta de Protección Social. Hoy , las obras registran un avance cercano al 60% y se espera que finalicen pronto.
Cuidar es resistir con amor
Detrás de esas mejoras eléctricas está el esfuerzo de personas como Karen Salazar, administradora del Hogar, quien durante meses enfrentó puertas cerradas, incertidumbre y la presión constante de mantener funcionando la institución.
“Para mí es mucha satisfacción, la convicción de que uno no puede rendirse, aunque muchas puertas se cierren”, afirma.
Karen recuerda que hubo momentos en que sentía que el proyecto no avanzaba. Sin embargo, nunca consideró abandonar.
“Siempre tuve una meta clara: yo no me voy de aquí hasta que este proyecto quede listo.”
La administradora reconoce que el proceso fue difícil, pero también profundamente humano.
“Hubo momentos que sentía que no avanzaba, pero siempre pensé que si Dios me puso ahí era porque yo podía. Obviamente no fue sola, hubo muchos ángeles en el camino.”
Y agrega una frase que resume el espíritu del Hogar de Ancianos de Palmares:
“Nunca pensé en rendirme. Nunca pensé en abandonar el barco. Los adultos me necesitan, pensaba. Hoy solo puedo estar agradecida con Dios.”
Costa Rica envejece con personas como Don Felix
El caso no es aislado. Costa Rica envejece rápidamente. Según datos del INEC, la población mayor de 65 años continuará creciendo aceleradamente durante las próximas décadas, mientras muchas organizaciones de bienestar social luchan para mantener servicios esenciales de cuido, alimentación y acompañamiento.
Don Félix llegó al Hogar hace 26 años después una vida de indigencia por alcholismo.
“Yo no quería venir”, reconoce entre risas. “Pensaba que estos lugares eran para esperar la muerte.”
Pero hubo un momento específico que cambió su percepción.
El Personal del Hogar lo trató con cariño y respeto. Desde entonces, empezó a integrarse poco a poco a las actividades diarias.
Ahora participa en ejercicios suaves por las mañanas, conversa con otros residentes y volvió a pintar pequeños paisajes, algo que había abandonado hacía años.
Palmares, un comunidad que apoya a sus adultos mayores
La transformación también se observa en detalles pequeños: nuevos sistemas eléctricos para mayor seguridad, mejoras en espacios comunes y alianzas con universidades. Uno de esos proyectos permitió desarrollar un dispensador automático de antiséptico adaptado a las necesidades físicas de las personas residentes, gracias a una iniciativa impulsada por estudiantes universitarios.
Sin embargo, la historia del Hogar de Ancianos de Palmares también es la historia de una comunidad que se niega a abandonar a sus personas mayores.
Cuando existió preocupación sobre posibles cierres o traslados debido a las condiciones del edificio, vecinos, instituciones y colaboradores comenzaron a movilizar apoyo para mantener funcionando el Hogar dentro del cantón.
Porque envejecer con dignidad no depende únicamente de medicina o infraestructura. También depende de saber que alguien está dispuesto a sostener la mano cuando la vida se vuelve más difícil.
Hoy, mientras la mañana avanza, don Félix vuelve a mirar hacia las montañas.
“Uno aquí entiende algo”, dice antes de terminar el café. “La vejez no debería vivirse en soledad.”
El Hogar de Ancianos de Palmares continúa atendiendo a decenas de personas adultas mayores y requiere apoyo constante para sostener mejoras, alimentación, cuido y mantenimiento de sus instalaciones. En una Costa Rica que envejece aceleradamente, apoyar estos espacios también significa defender el derecho a una vejez digna, segura y acompañada.
Conozca más en https://www.facebook.com/hogardeancianosdepalmares











