En Costa Rica, el Día de las Madres es una fecha profundamente significativa. Hay flores, almuerzos, fotografías, llamadas y reuniones familiares. Para muchas mujeres es un día lleno de cariño y celebración. Para otras, especialmente algunas mujeres adultas mayores, el 15 de agosto también puede hacer más visible una realidad de la que hablamos poco: la soledad.
Y no necesariamente hablamos de una mujer que vive sola.
Una persona puede compartir su casa con otras personas, recibir visitas e incluso estar rodeada de familiares y, aun así, sentirse sola. Porque tener compañía no siempre significa sentirse acompañada. Podemos estar físicamente cerca y, sin darnos cuenta, dejar de preguntar, escuchar, compartir o incluir.
Cuando una celebración también despierta ausencias
Con los años, una fecha como el Día de las Madres puede adquirir significados diversos.
Algunas mujeres han perdido a su pareja. Otras han despedido a hijos, hermanos, amistades o personas importantes en su historia. Algunas tienen hijos que viven lejos o familias cuyas obligaciones hacen que los encuentros sean menos frecuentes. También pueden existir cambios en la salud, la movilidad, la independencia o las actividades sociales que antes formaban parte de su vida.
Entonces aparece una fotografía, una canción, una comida familiar o incluso una silla vacía, y con ellas regresan recuerdos de otros momentos.
Es posible sentir alegría y nostalgia al mismo tiempo.
Por eso tampoco deberíamos asumir que todas las madres desean vivir esta fecha de la misma manera. Una puede querer una casa llena; otra, una conversación tranquila. Alguna puede necesitar recordar a quien ya no está y otra simplemente querer continuar con su rutina.
Preguntar «¿qué te gustaría hacer?» puede ser mucho más significativo que decidir por ella.
«Pero ella sabe que la queremos»
Probablemente sí.
Sin embargo, existe una diferencia entre querer a alguien y lograr que esa persona se sienta parte de nuestra vida.
Podemos amar profundamente a nuestra madre y pasar semanas sin tener una conversación que no sea sobre medicamentos, citas médicas, compras o asuntos pendientes.
Incluso con las mejores intenciones, a veces el cuidado termina concentrándose tanto en resolver necesidades que olvidamos algo esencial: esa mujer continúa teniendo opiniones, recuerdos, intereses, amistades, deseos, preocupaciones y proyectos propios.
Acompañar no es únicamente cuidar.
También es escuchar una historia aunque ya la conozcamos. Preguntarle qué piensa antes de tomar una decisión que la involucra. Interesarnos por lo que disfruta. Facilitar que mantenga sus amistades. Invitarla a participar, en lugar de asumir que ya no quiere hacerlo.
Cumplir años no elimina la necesidad de pertenecer, decidir, sentirse útil, aprender, disfrutar ni construir nuevas experiencias.
El regalo que no viene envuelto
Quizás este Día de las Madres podamos hacernos una pregunta sencilla:
¿Cuándo fue la última vez que estuvimos realmente presentes con mamá?
No hace falta organizar algo extraordinario.
Podemos preparar juntas una receta, mirar fotografías antiguas, escuchar la música que disfruta, salir a caminar si su condición se lo permite, visitar a una amiga, ayudarla a comunicarse con alguien que vive lejos o simplemente sentarnos a conversar sin mirar constantemente el teléfono.
También podemos preguntarle cómo se siente.
Y escuchar la respuesta, incluso cuando no sea la que esperábamos.
Si una madre dice «me siento sola», responder inmediatamente «¿Cómo va a estar sola si nosotros siempre estamos pendientes de usted?» puede cerrar una conversación importante.
Quizás sería mejor preguntar:
«¿Cuándo te has sentido más sola últimamente?»
«¿Qué extrañas?»
«¿Qué te gustaría que hiciéramos diferente?»
No necesitamos tener una respuesta preparada. A veces escuchar sin apresurarnos a solucionar ya es una forma poderosa de acompañar.
La soledad no termina el 16 de agosto
Una casa puede llenarse durante unas horas y volver al silencio al día siguiente.
Por eso, más que concentrar todo nuestro afecto en una fecha, vale la pena pensar cómo mantener vínculos significativos durante el resto del año.
Una llamada sin prisa. Un café. Una salida. Mantener el contacto con sus amistades. Compartir decisiones familiares. Facilitar actividades que disfruta. Preguntarle por sus planes. Invitarla a aprender algo nuevo.
Pequeños actos sostenidos pueden tener mucho más significado que una gran celebración una vez al año.
También es importante observar cambios que se mantienen en el tiempo. Si una persona comienza a aislarse cada vez más, abandona actividades que antes disfrutaba, presenta tristeza persistente, desesperanza o cambios importantes en su funcionamiento cotidiano, no deberíamos atribuirlo automáticamente a la edad. En estos casos es recomendable buscar una valoración profesional.
Una pregunta diferente para este Día de las Madres
Envejecer supone transformaciones, pero no significa dejar de necesitar vínculos, autonomía, reconocimiento, afecto y oportunidades para disfrutar.
Nuestras madres adultas mayores no son solamente receptoras de cuidados. Son mujeres con una historia que continúa escribiéndose.
Este 15 de agosto podemos llevar flores, preparar su comida favorita o buscar un regalo especial.
Pero también podemos regalar algo que no viene en una bolsa: tiempo sin prisa, escucha, respeto por sus decisiones y presencia.
Y quizás hacer una pregunta diferente:
«Mamá, ¿cómo te gustaría que te acompañemos en esta etapa de tu vida?»
Después, permitirnos escuchar la respuesta.






