¿Quién cuida a mamá cuando mamá envejece? El Día de la Madre que casi nunca vemos

Ago 13, 2026 | Frecuencia de vida, Recientes, slider frecuencia de vida, Super cuidadores | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

FRECUENCIA VIDA. Por Redacción Costa Rica Mayor

El 15 de agosto celebramos a mamá con flores, comidas, regalos y abrazos. Pero hay una conversación que pocas familias tienen a tiempo: mamá también envejece. Y acompañarla durante ese proceso no significa asumir que será dependiente ni comenzar a decidir por ella. Significa preguntarle cómo quiere vivir, qué apoyos desearía recibir y qué podemos hacer como familia para respetar su autonomía mientras pasan los años.

Durante buena parte de nuestra vida la imagen parece funcionar al revés.

Mamá es quien llama para preguntar si llegamos bien. Quien recuerda una cita médica, prepara una comida, ayuda con los nietos, escucha problemas o sigue preocupándose por sus hijos aunque estos ya tengan 40, 50 o 60 años.

Pero el tiempo también pasa para ella.

Y quizá este Día de la Madre exista una pregunta más importante que decidir qué regalarle:

¿hemos hablado alguna vez con mamá sobre cómo quiere vivir su propia vejez?

No sobre lo que nosotros creemos que será mejor para ella.

Sobre lo que ella quiere.

Costa Rica envejece y nuestras familias también

Esta conversación será cada vez más importante.

Costa Rica atraviesa un acelerado proceso de envejecimiento demográfico. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) proyecta que para 2050 unas 25 de cada 100 personas en el país tendrán 65 años o más. En 2024 la proporción rondaba 11 de cada 100.

No estamos hablando de un futuro lejano.

Estamos hablando de nuestras madres, padres, parejas y también de nosotros mismos.

La longevidad está transformando la manera de organizar las familias, las viviendas, el trabajo, las pensiones, los servicios de salud y los cuidados.

Pero hay algo que conviene recordar desde el comienzo: envejecer no significa convertirse automáticamente en una persona dependiente.

La propia Organización Mundial de la Salud advierte que los cambios asociados con el envejecimiento no son lineales ni uniformes. Personas de la misma edad pueden presentar capacidades físicas y mentales muy diferentes.

Por eso una mujer de 75 años puede necesitar apoyo permanente, mientras otra de la misma edad trabaja, conduce, viaja, estudia, cuida a otras personas o vive completamente sola.

La edad no cuenta toda la historia.

Más de 83.000 mujeres mayores viven solas en Costa Rica

Hay un dato que ayuda a entender esta nueva realidad.

De acuerdo con información de la Encuesta Nacional de Hogares 2024 del INEC, analizada por La Nación, 124.530 personas de 65 años o más vivían solas en Costa Rica.

De ellas, 83.770 eran mujeres y 40.760 hombres. Es decir, aproximadamente dos de cada tres personas mayores que vivían solas eran mujeres.

Muchas probablemente son madres.

Pero vivir sola no debe interpretarse automáticamente como abandono, soledad o incapacidad.

Para algunas mujeres, continuar en su propia casa representa precisamente independencia, identidad y libertad.

El desafío está en distinguir entre una persona que elige vivir sola y cuenta con redes y recursos para hacerlo, y otra que permanece sin los apoyos que realmente necesita.

Esa diferencia es fundamental.

Mamá puede necesitar compañía, no que tomemos el control

Una de las situaciones más delicadas aparece cuando el cariño comienza a confundirse con sobreprotección.

“Mamá, mejor ya no maneje”.

“Yo voy a guardar sus documentos”.

“Déjeme manejarle la cuenta”.

“Usted ya no debería vivir sola”.

“Nosotros vamos a decidir qué es lo mejor”.

Las frases pueden surgir de una preocupación legítima.

Pero cumplir años no elimina el derecho de una persona a decidir sobre su propia vida.

Costa Rica ratificó mediante la Ley 9394 la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. Su artículo 7 reconoce expresamente el derecho de la persona mayor a la independencia y la autonomía, incluida la posibilidad de definir su propio plan de vida y elegir dónde y con quién vivir.

También establece que las personas mayores deben poder acceder progresivamente a servicios domiciliarios y comunitarios que faciliten su permanencia e inclusión en la comunidad.

Dicho de una manera sencilla:cuidar a mamá no significa decidir por mamá.

La conversación que deberíamos tener antes de necesitarla

Muchas familias comienzan a hablar sobre envejecimiento únicamente cuando ocurre algo.

Una caída.

Una hospitalización.

Un diagnóstico.

Una dificultad económica.

La muerte de la pareja.

Un problema para movilizarse.

Entonces, en cuestión de días, hay que tomar decisiones que nunca se habían conversado.

¿Puede continuar viviendo sola? ¿Quién podrá acompañarla a una cita médica? ¿Qué pasa si un día necesita ayuda para realizar determinadas actividades? ¿Tiene sus documentos organizados? ¿Con quién quiere comunicarse ante una emergencia? ¿Desea permanecer en su propia casa?

Tal vez esas preguntas deberían aparecer mucho antes.

Y la primera persona que debería responderlas es ella.

“Mamá, ¿cómo quieres vivir los próximos años?”

Puede parecer una pregunta sencilla, pero abre una conversación enorme.

También debemos preguntar qué quiere seguir haciendo

Hay otro riesgo al hablar sobre envejecimiento: concentrarnos únicamente en lo que una persona podría dejar de hacer.

Tal vez deberíamos preguntarnos exactamente lo contrario.

¿Qué quiere seguir haciendo mamá?

Viajar.

Trabajar.

Cuidar su jardín.

Participar en su comunidad.

Ver a sus amigas.

Ir a bailar.

Estudiar.

Manejar.

Emprender.

Ayudar con sus nietos.

Vivir en su casa.

Tener pareja.

Tomar decisiones sobre su dinero.

La Convención Interamericana reconoce que la persona mayor tiene derecho a participar de manera activa, productiva, plena y efectiva dentro de la familia, la comunidad y la sociedad.

Por eso acompañar el envejecimiento no consiste solamente en preguntarnos qué necesitará mamá, sino también qué quiere continuar haciendo y qué podemos hacer para que pueda hacerlo durante el mayor tiempo posible.

Ahí cambia completamente la conversación.

Cuidar tampoco debería convertirse en la obligación silenciosa de una hija

Existe otra realidad que merece atención.

El cuidado familiar continúa teniendo un fuerte rostro femenino.

La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del INEC ha mostrado importantes diferencias entre hombres y mujeres en el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. En los datos divulgados por la institución, las mujeres dedicaban aproximadamente el doble de tiempo que los hombres a este tipo de trabajo.

Eso importa cuando mamá comienza a necesitar algún apoyo.

Con frecuencia aparece inmediatamente otra mujer: una hija, una hermana, una nuera.

Y lentamente puede convertirse en la persona responsable de las citas médicas, medicamentos, compras, trámites, alimentación, llamadas y emergencias.

El cuidado no debería organizarse alrededor del sacrificio de una sola persona.

Una familia puede distribuir responsabilidades de acuerdo con tiempo, capacidades, distancia y recursos.

Y cuando sea necesario, también puede recurrir a apoyos profesionales, comunitarios e institucionales.

Cuidar mejor también significa compartir el cuidado.

Vivir sola no significa estar sola

Para muchas familias esta será posiblemente una de las conversaciones más difíciles.

“Mamá quiere seguir viviendo en su casa”.

¿Y si tiene 75 años?

¿Y si tiene 80?

La respuesta no puede depender únicamente del número que aparece en la cédula.

La pregunta debería ser otra:

¿cuenta con las capacidades, condiciones y apoyos necesarios para vivir allí de manera segura y de acuerdo con su voluntad?

La vivienda puede adaptarse.

La familia puede organizar una red.

Los vecinos pueden formar parte de ella.

La tecnología puede facilitar comunicación y seguridad.

Pueden establecerse contactos para emergencias.

Y los apoyos pueden aumentar progresivamente cuando las circunstancias cambien.

La autonomía no significa hacerlo absolutamente todo sin ayuda.

También significa poder decidir qué ayuda quiero, cuándo la necesito y de quién deseo recibirla.

Cinco preguntas para hacerle a mamá este 15 de agosto

Quizá entre el almuerzo, el café y la celebración podamos encontrar unos minutos para conversar.

No tiene que convertirse en una reunión solemne ni en una discusión sobre enfermedad.

Basta comenzar.

Podemos preguntarle cómo imagina los próximos años; qué cosas desea seguir haciendo; dónde quisiera vivir si algún día necesitara más apoyo; quiénes son las personas en quienes confía para acompañarla en decisiones importantes; y qué cosas definitivamente no quisiera que otros decidieran por ella.

Tal vez algunas respuestas nos sorprendan.

Y eso está bien.

Porque el objetivo de la conversación no es organizar la vida de mamá.

Es conocer la vida que ella quiere organizar.

El mejor regalo puede ser escuchar

Este sábado habrá flores.

Habrá regalos.

Habrá restaurantes llenos, llamadas, fotografías familiares y mensajes que dirán “gracias por todo”.

Y está muy bien que así sea.

Pero quizá este Día de la Madre podamos agregar algo.

Escuchar.

No solamente preguntar qué necesita hoy, sino qué sueña para mañana.

Porque una madre no deja de tener proyectos cuando sus hijos crecen.

Tampoco deja de tener voz cuando aparecen las canas.

Ni pierde su derecho a decidir cuando cumple 65, 75 u 85 años.

Costa Rica envejece y las familias tendrán que aprender nuevas maneras de acompañarse. El reto no consiste en convertir la vejez en una etapa de vigilancia y dependencia, sino en construir condiciones para vivir más años con autonomía, seguridad, participación y dignidad. Ese principio coincide con el marco de derechos establecido tanto por la Ley Integral para la Persona Adulta Mayor como por la Convención Interamericana vigente en Costa Rica.

Por eso, este Día de la Madre podemos comenzar con una pregunta distinta.

No:

“Mamá, ¿quién te va a cuidar cuando estés viejita?”

Mejor:

“Mamá, ¿cómo quieres que te acompañemos mientras envejeces?”

Tal vez su respuesta sea uno de los regalos más importantes que recibamos nosotros.


Fuentes consultadas: Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC); Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor (CONAPAM); Sistema Costarricense de Información Jurídica; Organización de los Estados Americanos; Organización Mundial de la Salud; Encuesta Nacional de Hogares 2024 y Encuesta Nacional de Uso del Tiempo.

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