EL REPORTE. Por. Eduardo Méndez, Director de www.costaricamayor.com
Cuando una persona joven no encuentra un empleo formal, no solo se posterga su independencia: se debilita, cuota a cuota, el fondo que paga las pensiones de las personas adultas mayores. El régimen de pensiones costarricense es un pacto entre generaciones, y ese pacto se está descosiendo por un extremo del que casi nadie habla.
Empecemos por el dato que da la alarma. Según la Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), analizada por el Colegio de Ciencias Económicas de Costa Rica, el desempleo entre las personas jóvenes de quince a veinticuatro años alcanzó el dieciocho por ciento en el primer trimestre de 2026. Es una cifra que triplica el seis por ciento que registra el resto de la población. Y el panorama es más estrecho de lo que ese número ya sugiere: apenas treinta y seis de cada cien personas jóvenes participan en el mercado laboral, frente a cincuenta y siete de cada cien en los demás grupos de edad.
El problema tampoco termina en quienes no consiguen trabajo. Entre las personas jóvenes que sí lo tienen, un cincuenta y cinco por ciento gana menos que un salario mínimo, con frecuencia porque las contratan por menos de veinte horas semanales, una fórmula que permite a algunos patronos eludir las obligaciones de ley. El resultado es una generación mayoritariamente empujada hacia la informalidad o hacia empleos que no generan una cotización plena.
Detengámonos en lo que significa cada uno de esos empleos informales o mal remunerados. Cuando una persona joven trabaja sin contrato, o gana tan poco que su patrono no reporta una cotización completa, no ingresa dinero al fondo de pensiones. Y aquí conviene entender cómo funciona ese fondo, porque el sentido común nos engaña.
Muchas personas imaginan que la pensión que reciben hoy proviene de un ahorro personal que fueron acumulando durante su vida laboral, como una alcancía que se va guardando y luego se devuelve. No es así. El régimen de Invalidez, Vejez y Muerte de la Caja Costarricense de Seguro Social funciona como un sistema solidario de reparto: las pensiones que se pagan este mes salen, principalmente, de las cotizaciones que aportan los trabajadores activos de este mes. Es, literalmente, un contrato entre generaciones. Quienes trabajan hoy sostienen a quienes se retiraron, con la promesa de que la siguiente generación hará lo mismo por ellos.
Ese pacto solo se sostiene si hay suficientes personas cotizando por cada persona pensionada. Y ahí está la grieta. Hace algunas décadas, cuando el país era demográficamente joven, había seis o siete trabajadores activos por cada pensionado. Hoy esa proporción se acerca a tres, con tendencia a seguir bajando, según ha documentado el economista Leiner Vargas para El Financiero. A setiembre de 2025, el régimen contaba con cerca de 1,58 millones de personas cotizantes frente a 393.837 pensionadas, con una obligación de pago que ronda los 129.000 millones de colones mensuales.
El desequilibrio ya dejó de ser una advertencia para el futuro. Durante 2025, la Caja tuvo que retirar alrededor de 50.000 millones de colones del principal de la reserva del régimen para poder pagar las pensiones en curso, algo que las proyecciones actuariales no esperaban sino hasta dentro de más de una década. Es decir: el fondo empezó a consumirse antes de tiempo.
Frente a esto, la respuesta institucional ha sido pedir más a quienes ya cotizan. En enero de 2026 entró en vigencia un nuevo aumento en el aporte tripartito, que subió al 11,66 por ciento del salario y que, según lo pactado, deberá llegar al 12,16 por ciento en 2029. La Caja, además, ha puesto sobre la mesa un paquete de propuestas de reforma que incluye desde aumentar el número de cuotas necesarias para pensionarse hasta cobrarles a las personas jubiladas el seguro de salud. Todas son medidas dolorosas, y todas comparten un mismo supuesto: que el problema se arregla ajustando lo que aportan quienes ya están dentro del sistema.
Pero hay una pregunta que ese enfoque deja de lado. ¿De qué sirve subir la cotización si cada año hay menos personas jóvenes en condiciones de cotizar? Se puede exprimir más a la generación que hoy trabaja formalmente, pero esa generación también envejecerá, y cuando lo haga necesitará que detrás venga otra sosteniéndola. Una persona que a los veinticuatro años está fuera del empleo formal no solo deja de aportar hoy: llegará a su propia vejez con pocas cuotas, con derecho a una pensión magra o sin derecho alguno, y sin haber contribuido durante años a sostener a quienes la antecedieron.
Por eso el desempleo juvenil no debería leerse únicamente como un drama de la juventud, aunque lo sea. Es también un asunto que interpela directamente a las personas adultas mayores y a quienes las cuidan. La pensión de una persona jubilada no está garantizada por una cuenta con su nombre; está garantizada por el trabajo formal de la generación que la sigue. Cada joven que el mercado laboral expulsa hacia la informalidad es una fisura más en el muro que protege la vejez de todos.
Conviene decirlo sin rodeos: no existe una política de pensiones sostenible que no sea, al mismo tiempo, una política de empleo juvenil digno. Discutir reformas al régimen sin discutir cómo se incorpora a la juventud al trabajo formal es tapar una gotera mientras se rompe la tubería. La solidaridad entre generaciones no es una consigna sentimental; es la ingeniería misma sobre la que se levanta el derecho a una vejez con ingresos.
Las personas adultas mayores de Costa Rica tienen, en este debate, más que un interés: tienen una voz legítima. Han sostenido con su trabajo el sistema del que hoy dependen, y les asiste el derecho de exigir que ese sistema no se sostenga a costa de estrangular a quienes deberían relevarlas. Defender el empleo formal de las personas jóvenes es, en el sentido más concreto, defender la propia pensión.
La pregunta obligatoria: ¿Estamos dispuestos a discutir el futuro de nuestras pensiones sin mirar a los ojos a la generación de la que depende que existan?
Comparta esta nota con esa hija, ese hijo o ese nieto que hoy busca trabajo: el vínculo entre su empleo y la pensión de su familia no es evidente, y merece conversarse en casa.
Cuéntenos su experiencia. ¿Tiene en casa a una persona joven luchando por un empleo formal? Escríbanos a hola@costaricamayor.com o al +506 8324-0116.
Fuentes: Encuesta Continua de Empleo del INEC y análisis del Colegio de Ciencias Económicas de Costa Rica (primer trimestre de 2026); Caja Costarricense de Seguro Social, Gerencia de Pensiones (datos del régimen IVM a setiembre-noviembre de 2025).




