Más allá del pasatiempo: por qué aprender guitarra después de los 60 transforma cuerpo, mente y comunidad

May 27, 2026 | Salud, slider salud | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

La práctica musical en personas adultas mayores no es entretenimiento accesorio. La evidencia clínica la respalda como intervención no farmacológica con efectos documentados sobre la cognición, el estado de ánimo, la motricidad fina y los vínculos sociales. AGECO la ofrece desde hace años con cursos por niveles a cargo de instructores formados en gerontología.

Por: Redacción  Costa Rica Mayor y AGECO.

La gerontología contemporánea ha desplazado un viejo prejuicio: la idea de que las actividades culturales en la vejez son simples distracciones. Aprender a tocar un instrumento musical —y la guitarra de manera particular— es una intervención compleja que activa simultáneamente memoria, atención, coordinación motora, percepción auditiva, regulación emocional y vinculación social. Por eso la literatura científica especializada y los organismos sanitarios internacionales clasifican la práctica musical entre las intervenciones no farmacológicas con mayor evidencia disponible para el envejecimiento activo y saludable.

En Costa Rica, una de las instituciones que sostiene esa práctica desde una perspectiva gerontológica formal es la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO), donde se imparten cursos de guitarra organizados en distintos niveles. Quien dirige la enseñanza musical en esa organización es Raudyn Monge, músico y psicólogo, instructor de los cursos de Musicoterapia, Flauta y Guitarra.

«Aprender a tocar un instrumento como la guitarra entusiasma y promueve bienestar. Esta práctica tiene grandes beneficios para la salud integral»

Raudyn Monge, instructor de AGECO

Un cerebro que se reorganiza con cada acorde

El primer beneficio documentado del aprendizaje musical es la estimulación cognitiva. Cuando una persona digita un acorde, su cerebro coordina en milésimas de segundo varias funciones: memoria —recordar la posición de los dedos—, atención —mantener el foco en la mano izquierda y la derecha—, coordinación motora fina —dirigir cada dedo al traste correcto— y procesamiento auditivo —discriminar si el sonido producido coincide con el esperado—.

Esa orquestación neuronal mantiene la mente ágil y se asocia con factores protectores frente al deterioro cognitivo. Monge lo resume con claridad clínica: las personas mayores que aprenden guitarra «producen una mayor estimulación cognitiva, ya que, al aprender y practicar el uso de las cuerdas, se activan múltiples áreas del cerebro al mismo tiempo como la memoria, la coordinación y la atención». No se trata de magia ni de motivación: se trata de uso. El cerebro responde al estímulo que recibe, y la guitarra le entrega un estímulo complejo, sostenido y placentero.

Una intervención contra el estrés, la depresión y la soledad

La dimensión emocional del aprendizaje musical es tan relevante como la cognitiva. La práctica de la guitarra reduce el estrés, la ansiedad y los síntomas depresivos, y se ha mostrado eficaz como herramienta preventiva frente a dos amenazas silenciosas del envejecimiento: la depresión y la soledad.

Cuando una persona se concentra en una progresión de acordes, la mente abandona la rumiación. Por unos minutos no hay pasado ni futuro: solamente el presente y un sonido por producir. Monge sostiene que esta práctica funciona «como una forma de meditación activa que permite canalizar emociones y pensamientos de manera creativa». A través de la música, según el instructor, las personas pueden expresar sentimientos que a veces resultan difíciles de comunicar con palabras, lo que fortalece la autoestima y genera una sensación de logro personal que contribuye al equilibrio emocional. En términos de salud mental, esa combinación es valiosa: pocas actividades cotidianas la ofrecen reunida.

Manos que no pierden destreza

La dimensión corporal merece atención propia. Digitar acordes mejora la coordinación y la destreza manual, preserva la motricidad fina y conserva la fuerza de los dedos. Esas son capacidades funcionales que la vida cotidiana exige para abrir un frasco, sostener un cubierto, abotonar una camisa o escribir un mensaje en el teléfono. Cada minuto de práctica funciona, también, como fisioterapia disfrazada de música: un entrenamiento que la persona disfruta y, por eso mismo, sostiene en el tiempo. La adherencia es el factor clínico más difícil de lograr en cualquier intervención de salud; la música la genera de manera natural.

El componente que la ciencia subraya: aprender en grupo

El aprendizaje musical rara vez ocurre en soledad. La música en grupo —en clases, ensayos, presentaciones o reuniones informales— produce una conexión emocional difícil de replicar en otros contextos. Se aprende a escuchar al compañero, a esperar el momento de entrar, a respetar el tempo común. La empatía y la comunicación se ejercitan sin que nadie las nombre.

Para Monge, este es uno de los efectos más subestimados de la práctica: «Se aprende a escuchar y a coordinar con otras personas». La red social que se construye en torno al instrumento es, en sí misma, un factor protector documentado contra el deterioro cognitivo y la depresión en la vejez. A ello se suma —añade el instructor— el estímulo de la disciplina y la paciencia, virtudes útiles en muchos aspectos de la vida, y la exposición a distintos estilos musicales, que amplía la sensibilidad cultural y enriquece la creatividad personal.

El sentido de logro como medicina cotidiana

Cada nota aprendida da sentido de logro y de propósito. Dominar una canción o mejorar las destrezas aporta una sensación de progreso real que muchas personas mayores echan de menos cuando su vida laboral termina. La guitarra no reemplaza el trabajo, pero ofrece algo parecido: un proyecto, una meta, una evidencia tangible de que se sigue aprendiendo. La gerontología contemporánea reconoce ese sentido de propósito como un determinante de la salud tan relevante como la nutrición o el ejercicio físico.

AGECO: cursos por niveles con respaldo institucional

La Asociación Gerontológica Costarricense imparte los cursos de guitarra en niveles diferenciados, lo que permite a cada persona avanzar a su propio ritmo y desde su punto de partida real. No se requiere conocimiento previo. Junto a la guitarra, AGECO ofrece talleres de flauta y musicoterapia, lo que permite a las personas mayores explorar distintas formas de relación con el sonido y elegir la que mejor se ajusta a su interés y a su condición.

«Aprender a tocar guitarra con AGECO en la adultez mayor enriquece el tiempo libre y mejora la calidad de vida»

Raudyn Monge, instructor de AGECO

La pregunta que el sistema de salud todavía no se hace

Si una intervención mejora la cognición, regula el ánimo, preserva la motricidad fina y fortalece el vínculo social, ¿por qué seguimos pensándola como un pasatiempo y no como parte del cuidado integral de la salud en la vejez? Las seis cuerdas de una guitarra apoyada en el regazo son una respuesta concreta a esa pregunta. Conviene, como sociedad, empezar a escucharla.


Información de cursos: AGECO imparte cursos de guitarra, flauta y musicoterapia en distintos niveles. Para conocer horarios, modalidad y matrícula, comuníquese con la Asociación Gerontológica Costarricense.

Fuente experta consultada: Raudyn Monge, músico y psicólogo, instructor de cursos de Musicoterapia, Flauta y Guitarra en la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO).

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