El grupo de WhatsApp de la familia: cómo usarlo bien para cuidar a su mamá o su papá

Jun 17, 2026 | El reporte, Super cuidadores | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

CUIDO 360. Por: Eduardo Méndez, Director de www.costaricamayor.com

Casi toda familia que cuida a una persona mayor tiene un chat para coordinarse. Bien usado, reparte la carga, ordena los medicamentos y evita que todo recaiga en una sola persona. Mal usado, se convierte en el lugar donde se decide por ella sin escucharla. La diferencia está en unos pocos acuerdos.

La familia Mora tiene un grupo de WhatsApp que se llama «Mamá». Ahí, entre cuatro hermanos y una sobrina que ayuda los fines de semana, se coordinan para cuidar a doña Carmen, de 84 años. Quién la lleva a la cita del martes. Si ya tomó la pastilla de la presión. Que se acabó el pañal y hay que comprar. Que amaneció decaída y mejor la llaman. Ese chat, sin que nadie se lo propusiera, se volvió el corazón logístico del cuidado. Y la verdad es que funciona: nadie se siente solo, las tareas se reparten, la información fluye.

Los Mora y doña Carmen son una familia compuesta. No representan a personas reales, sino una dinámica que viven miles de hogares costarricenses. Los usamos para mostrar lo que funciona y lo que conviene cuidar.

El cuidado de una persona mayor casi nunca lo hace una sola persona, y cuando recae en una sola, suele terminar en agotamiento. Por eso el chat familiar es una herramienta valiosa: convierte el cuidado en algo compartido. Pero como toda herramienta poderosa, puede usarse bien o puede usarse de maneras que, sin querer, atropellan a la persona que queremos proteger. Vale la pena revisarlo.

Para qué sirve, y muy bien, el chat familiar

Empecemos por lo bueno, porque es mucho. Un grupo bien llevado permite repartir tareas de forma justa, para que el peso no caiga siempre sobre la misma persona —que en Costa Rica suele ser una hija o una nuera—. Permite llevar el control de los medicamentos: a qué hora, cuál, si ya se tomó. Sirve para anotar lo que dijo el doctor en la última cita, para que no se pierda entre la memoria de uno y otro. Ayuda a organizar las compras, los pagos, los turnos de acompañamiento.

Y hay algo menos visible, pero igual de importante: el chat sostiene emocionalmente a quien cuida. Poder escribir «hoy estuvo difícil, no quiso comer» y recibir un «tranquila, mañana voy yo» cambia el ánimo de cualquiera. El cuidado compartido pesa menos. Esa es, quizá, la mayor virtud de la herramienta.

La línea fina: coordinar el cuidado no es decidir por ella

Aquí aparece el punto delicado. Hay una diferencia enorme entre usar el chat para organizar el cuidado y usarlo para decidir sobre la vida de la persona sin contar con ella. Y la línea se cruza casi sin darse cuenta.

Es legítimo escribir: «¿quién la lleva el martes?». Es otra cosa escribir: «hay que venderle la casa y meterla en un hogar», cuando doña Carmen nunca participó en esa conversación. Es útil anotar: «ya se tomó la pastilla». Es distinto resolver entre hermanos «no le digamos lo del diagnóstico para que no se preocupe», ocultándole información que es suya. El chat es práctico para la logística; no debería convertirse en el lugar donde se gobierna la vida de alguien que está en la otra habitación y a quien nadie le preguntó.

La regla es sencilla: las tareas se coordinan en el chat; las decisiones que afectan su vida se conversan con ella. Dónde vive, qué tratamiento acepta, qué se hace con su dinero o su casa, a quién quiere ver: eso le pertenece a doña Carmen. Tener 84 años, o incluso algún deterioro cognitivo, no la convierte en un tema del grupo. Sigue siendo la protagonista de su propia vida, y su voluntad es el punto de partida, no un detalle que se consulta al final si sobra tiempo.

Cuidado con lo que circula: el chat también guarda datos íntimos

Hay un segundo punto que conviene tener presente, y tiene respaldo legal. Por ese grupo circula información muy sensible: diagnósticos, medicamentos, estados de ánimo, a veces fotografías. En Costa Rica, esa información está protegida. El artículo 24 de la Constitución garantiza el derecho a la intimidad, y la Ley 8968, de Protección de la Persona frente al Tratamiento de sus Datos Personales, reconoce que cada quien tiene derecho a controlar qué información suya circula —es lo que la ley llama autodeterminación informativa—. Los datos de salud reciben protección reforzada por ser de la esfera más íntima.

En la práctica, esto se traduce en sentido común con un piso legal. El grupo de la familia directa que cuida no es lo mismo que el chat ampliado con primos, vecinos y conocidos. Una cosa es coordinar el cuidado entre quienes lo asumen; otra es difundir la condición de salud de doña Carmen a un público que no tiene por qué conocerla. Y un cuidado especial merecen las imágenes: una foto del cuerpo de la persona en un momento de fragilidad —durante el baño, por ejemplo— no debería circular por ningún chat. Si hay que mostrarle una lesión al equipo de salud, esa imagen se toma con consentimiento, se limita a lo necesario y se comparte solo con quien corresponde, no en el grupo familiar.

Cinco acuerdos para que el chat cuide bien

No hace falta complicarse. Con unos pocos acuerdos, el grupo familiar se vuelve una herramienta que protege en lugar de atropellar:

  • Separar tareas de decisiones. El chat coordina la logística diaria. Las decisiones importantes sobre su vida se conversan con la persona, no se resuelven entre mensajes.
  • La información de salud le pertenece a ella. Antes de compartir un diagnóstico o un detalle íntimo, preguntarse si ella lo autorizaría y si quien lo va a leer realmente necesita saberlo.
  • Nada de fotos del cuerpo. Para informar que se bañó o que comió, basta un mensaje escrito o una llamada. La imagen íntima no es un comprobante.
  • Que no todo recaiga en una sola persona. Usar el grupo para repartir turnos de verdad, no para que la cuidadora principal reporte mientras los demás solo leen.
  • Incluir su voz cuando se pueda. Contarle a doña Carmen lo que se coordina, preguntarle qué prefiere, dejarla decidir lo que todavía puede decidir. El chat es de la familia; la vida es de ella.

Termino aquí. El grupo de WhatsApp de la familia es una de las mejores cosas que le pasó al cuidado de las personas mayores: ordena, alivia, acompaña y reparte un peso que nadie debería cargar solo. Pero conviene recordar, cada tanto, que del otro lado de toda esa logística hay una persona con nombre, con historia y con voluntad propia. Coordinar su cuidado es un acto de amor. Hacerlo sin escucharla es decidir por ella. Y esas dos cosas, que se parecen tanto, no son lo mismo.

¿Qué decisiones está tomando su familia en el chat que en realidad deberían conversarse con su mamá o su papá?

Si su familia tiene un grupo para coordinar el cuidado de una persona mayor, proponga hoy un par de acuerdos sencillos: separar las tareas de las decisiones, y darle a ella un lugar en las conversaciones que tratan sobre su propia vida. Comparta este artículo en ese mismo chat: puede ser el inicio de una forma de cuidar más justa, para quien cuida y para quien es cuidado.

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