Cuidar bien no es solo hacer las cosas: es respetar derechos

Ago 25, 2026 | Recientes, Super cuidadores | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

CUIDO 360.  Por: Eduardo Méndez, Director de www.costaricamayor.com 

Su mamá puede recibir alimentación, higiene y medicamentos a la hora exacta y aun así sentir que ya nadie le pregunta nada. Esa contradicción tiene nombre, y tiene solución.

Cuando escuchamos la palabra cuidar, casi siempre pensamos en tareas: alimentar, bañar, movilizar, dar los medicamentos, acompañar a la cita. Son tareas necesarias y muchas veces agotadoras. Pero hay una pregunta que rara vez nos hacemos mientras las realizamos, y es la que verdaderamente distingue un buen cuidado de uno que lastima sin proponérselo: ¿cómo lo estamos haciendo?

Le planteo la incomodidad de frente, porque conviene nombrarla. ¿Es posible cuidar bien a una persona en lo físico y, al mismo tiempo, vulnerar sus derechos? Sí lo es. Una persona adulta mayor puede tener su cuerpo atendido y su dignidad ignorada. Puede estar limpia, alimentada y medicada, y sentir que perdió el control sobre su propia vida. Precisamente por eso necesitamos hablar de cuidado humanizado: porque hacer las cosas correctamente no basta si en el camino borramos a la persona.

Hacer por alguien no es lo mismo que cuidar con alguien

Existe una distinción sencilla y profunda. Cuando hacemos todo por una persona, aunque nos mueva el mejor de los afectos, corremos el riesgo de sustituirla. El cuidado centrado en la persona parte de otras preguntas: ¿qué puede hacer todavía?, ¿qué desea hacer?, ¿qué ayuda concreta necesita para lograrlo? La ayuda no debería borrar la identidad de quien la recibe.

El modelo tradicional de atención suele apoyarse en una frase de apariencia bondadosa: «yo sé qué es lo mejor para usted». El problema aparece cuando esa certeza elimina la participación de la persona mayor. El enfoque de derechos propone un giro: pasar de tratar a un paciente a acompañar a una persona, de la obediencia a la autonomía, de una lista de necesidades a un catálogo de derechos. Y, sobre todo, propone pasar de hacer por a hacer con. Su papá no dejó de ser el protagonista de su vida el día que necesitó apoyo para caminar.

Necesitar ayuda no significa haber perdido el derecho a decidir

Este es el punto que más cuesta y el que más cambia las cosas dentro de una casa. Necesitar apoyo para bañarse, caminar, leer un documento o comprender una información no anula las preferencias, las opiniones ni las decisiones de una persona. La dependencia en una tarea no es lo mismo que la incapacidad para elegir.

De ahí que el cuidado humanizado sume una pregunta a la de siempre. No se trata solo de averiguar qué necesita la persona, sino también qué quiere. Explicarle el procedimiento antes de realizarlo, pedirle su consentimiento, respetar sus rutinas, sus gustos y sus creencias, y ofrecerle los apoyos que faciliten su decisión. Ese pequeño cambio de pregunta reordena por completo la relación de cuidado, y lo hace sin costo alguno.

Costa Rica no parte de cero en esto. La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, incorporada a nuestro ordenamiento mediante la Ley N.° 9394, reconoce expresamente la autonomía y la independencia de la persona mayor como derechos. La Ley N.° 7935, Ley Integral para la Persona Adulta Mayor, y la Ley N.° 7600, Ley de Igualdad de Oportunidades para las Personas con Discapacidad, completan un marco que protege la dignidad en el trato cotidiano. Vale precisar, para no confundir el mapa legal, que la Ley N.° 9379, sobre promoción de la autonomía personal, rige específicamente para las personas con discapacidad; su valor aquí es de principio, porque instaló en el país una idea que también ilumina la vejez: apoyar a alguien a decidir nunca debe convertirse en decidir por él.

Frases con buena intención que terminan quitando autonomía

Seguramente usted ha escuchado, o incluso ha dicho, alguna de estas frases: «no se levante porque se puede caer», «eso lo deciden sus hijos», «no le explique porque no entiende», «aquí todos comen a la misma hora», «hay que bañarlo aunque no quiera». Casi ninguna nace de la mala fe. La mayoría surge del deseo de proteger o de la urgencia de que el día rinda. Y sin embargo conviene detenerse y preguntar: ¿estamos protegiendo o sobreprotegiendo?, ¿estamos cuidando o controlando? El reto consiste en garantizar seguridad sin eliminar de más la autonomía, la privacidad y la capacidad de elegir.

El trato digno también se escucha en cómo hablamos. Presentarse, llamar a la persona por el nombre que ella prefiera, dirigirse directamente a ella y no a su acompañante, explicarle lo que se va a hacer, pedir permiso antes de tocar su cuerpo, darle tiempo para responder. Y algo que duele más de lo que parece: no hablar de la persona como si no estuviera presente, y no infantilizarla. Una persona adulta mayor sigue siendo una persona adulta, con toda su historia a cuestas.

La intimidad no se suspende porque haya dependencia

Hay un terreno especialmente sensible: el cuerpo. El baño, el cambio de ropa, el uso del sanitario, el manejo de pañales, los tratamientos, cualquier situación con exposición corporal. Necesitar ayuda en esas actividades no elimina el derecho a la intimidad. Tampoco lo eliminan las fotografías, la información médica o las conversaciones privadas. La dependencia física jamás convierte el cuerpo de una persona en algo público, y el cuidado íntimo exige, por eso mismo, un respeto reforzado.

Conviene además ampliar la idea de maltrato, porque solemos reducirla a los golpes. También son maltrato la violencia psicológica, el abuso económico, el abandono, la negligencia, el trato infantilizante y las restricciones innecesarias. Y aquí una observación honesta: no todo maltrato nace de la intención deliberada de hacer daño. Buena parte aparece como consecuencia del agotamiento, de la sobrecarga o de prácticas que durante años normalizamos sin cuestionarlas. Prevenir el maltrato, entonces, también significa revisar cómo cuidamos y en qué condiciones lo hace la persona cuidadora.

También hay que humanizar a quien cuida

No se puede hablar de cuidado humanizado y olvidar a quien sostiene ese cuidado día tras día. La sobrecarga, el agotamiento y los límites físicos, emocionales y económicos son reales, y en Costa Rica recaen mayoritariamente sobre mujeres de la familia. Pedir ayuda no es fracasar como cuidadora ni como cuidador. El enfoque de derechos busca condiciones dignas para las dos personas de esta relación: para quien recibe el cuidado y para quien lo brinda. La corresponsabilidad familiar e institucional no es un lujo; es la condición para que cuidar no destruya a quien cuida.

Al final, la idea que ordena todo lo anterior es más simple de lo que parece. Cuidar bien no es únicamente cumplir tareas con eficiencia. Es respetar dignidad, autonomía, intimidad, decisiones y preferencias en cada gesto cotidiano. Los derechos humanos de una persona mayor no se ejercen solo en los tribunales: se ejercen, o se vulneran, en las pequeñas decisiones de cada mañana.

Termino aquí.

La próxima vez que cuide a su papá o a su mamá, además de preguntarle qué necesita, ¿se atrevería a preguntarle qué quiere?


Comparta este artículo con la persona que cuida a su lado; a veces basta una idea para cambiar una rutina.

Cuéntenos en los comentarios cuál de estas frases ha escuchado en su casa y cómo la ha ido cambiando.

Lea también nuestros contenidos de Cuido 360 sobre acompañamiento, autonomía y prevención del maltrato en la vejez.

Nota sobre fuentes. Este artículo se apoya en el marco normativo costarricense vigente: la Ley N.° 9394, que incorpora la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores; la Ley N.° 7935, Ley Integral para la Persona Adulta Mayor; la Ley N.° 7600, Ley de Igualdad de Oportunidades para las Personas con Discapacidad; y la Ley N.° 9379, para la Promoción de la Autonomía Personal de las Personas con Discapacidad, vigente desde el 30 de agosto de 2016, citada por su principio de autonomía y no como norma específica de la vejez.

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