SU DERECHO HOY. Por : Eduardo Méndez, Director de www.costaricamayor.com
El abogado y gerontólogo José Abraham Bonilla Somarribas sostiene que el país todavía decide por las personas mayores en lugar de decidir con ellas. Su propuesta: conocer la historia de vida, respetar la autonomía y unificar los instrumentos con que trabajan los profesionales de gerontología.
En muchos hogares de larga estancia, centros diurnos y familias costarricenses, las decisiones sobre la vida de una persona mayor —qué come, qué medicamentos toma, en qué actividades participa— siguen tomándose sin preguntarle. Frente a esa realidad, el enfoque de atención centrada en la persona (ACP) plantea un cambio de fondo: que la persona sea el centro real de sus cuidados y de su propia vida.
Así lo explica José Abraham Bonilla, abogado y gerontólogo, quien recientemente participó en el Pre Congreso de Gerontología con un taller sobre la aplicación de instrumentos de atención centrada en la persona.
Por qué Costa Rica necesita hablar de ACP
Para Bonilla, el valor del enfoque está en que la persona no solo es escuchada, sino que se involucra activamente en su propio cuidado. Y aclara que no se limita a las personas mayores: puede aplicarse a cualquier persona que requiera apoyos.
«Todavía en Costa Rica nos enfrentamos a una situación en la que se sigue decidiendo y poniendo de lado la autonomía de las personas adultas mayores, cuando ellas deberían ser el centro de su cuidado», señala.
Las razones de la resistencia
¿Por qué cuesta tanto implementar este modelo, especialmente en los hogares de larga estancia? Bonilla identifica primero el desconocimiento: muchas personas aún no comprenden el alcance de los derechos de las personas mayores.
A ello se suma un contexto preocupante. A su juicio, los derechos humanos, que durante años fueron un eje central, han pasado a un segundo o incluso tercer plano en la conversación pública, y ese retroceso termina permeando la forma en que se cuida.
El otro argumento frecuente es el económico. Sin embargo, el especialista lo matiza: «El enfoque centrado en la persona no requiere tanto dinero como se piensa. Se trata de ir implementando poco a poco, con lo que ya se tiene dentro de los centros diurnos y hogares de larga estancia».
Ver a la persona de forma integral
Preguntarle a la persona qué desea y qué es importante para ella antes de decidir sus actividades o cuidados cambia por completo la atención. Desde la mirada gerontológica, explica Bonilla, se deja de ver a la persona únicamente desde lo biológico —una visión que todavía predomina— para reconocer sus dimensiones psicológica, social y espiritual.
Eso abre la puerta a preguntas que suelen quedar fuera: cuál es su historia de vida, qué le gusta hacer en su tiempo libre, si quiere volver a estudiar o tomar un curso, si desea hacer voluntariado o incluso seguir trabajando. «Mucha gente piensa que el trabajo ya no es parte de la vida de las personas adultas mayores, cuando hay muchas que envejecen de manera activa, aún laborando», recuerda.
Lo mismo ocurre con la espiritualidad: tener o no una religión, o sostener creencias propias, forma parte de quién es la persona y debe respetarse. El objetivo, resume, es que cada quien pueda seguir envejeciendo de la manera que desee.
Los derechos que se vulneran al decidir por otros
Cuando la familia o el personal toman decisiones sin consultar a la persona mayor —algo que ocurre todos los días—, el derecho más afectado es la autonomía: la posibilidad de decidir sobre la propia vida.
Pero no es el único. Bonilla advierte que la sobreprotección termina generando fragilidad, y pone como ejemplo el ámbito de la salud, donde con frecuencia se gestionan o administran medicamentos que la persona no desea tomar.
«Entiendo que hay preocupación por parte de las familias, pero hay que entender que la persona adulta mayor sigue siendo un ser humano y, sobre todo, una persona adulta», afirma. Conversar, llegar a acuerdos y respetar sus decisiones —aunque no siempre coinciden con lo que otros harían— es parte esencial del trato digno.
Apoyar sin sustituir la voluntad
¿Cómo brindar apoyo a una persona mayor que lo necesita para tomar decisiones, respetando su voluntad y preferencias? La clave, según Bonilla, está en pasar de decidir por ella a decidir con ella.
El primer paso es siempre la conversación: una comunicación asertiva en la que la familia exprese con honestidad sus temores, pero reconozca que su ser querido conserva la capacidad de decidir.
El segundo es la interdisciplinariedad. Las familias no pueden solas, y es fundamental involucrar a profesionales que brinden información veraz y oportuna directamente a la persona mayor. Bonilla critica la práctica de algunos profesionales que, «para no afectar» a la persona, le ocultan información y se la entregan a la familia como si esta fuera su representante. «Eso es algo muy incorrecto. No se debería dar», subraya.
Solo cuando existe una discapacidad que afecta de forma significativa la capacidad volitiva, corresponde recurrir a los mecanismos legales adecuados, como el proceso de salvaguardia, que permite designar a una persona garante con la solvencia moral y ética para acompañar a la persona, mantenerla en el centro de las decisiones y decidir con ella, no únicamente por ella.
Qué cambiar en los centros diurnos y hogares
Si hubiera que modificar una práctica cotidiana en las instituciones, Bonilla empezaría por conocer la historia de vida de cada persona atendida. Con frecuencia se institucionaliza a alguien sin conocer su curso de vida, cuando es precisamente ese conocimiento el que permite identificar sus gustos y preferencias.
La segunda práctica a erradicar es la de «ocupar» a las personas sin tomar en cuenta lo que esperan. «Si hay 40 personas, no voy a hacer 40 actividades diferentes, pero sí puedo ofrecer distintas opciones que agrupen ciertos gustos y preferencias, para que ellas decidan a cuál asistir», propone. La meta es que cada persona participe en actividades con sentido para ella.
Construir el concepto y unificar los instrumentos
En el Pre Congreso de Gerontología organizado por la Universidad de Costa Rica, a propuesta de la maestría organizadora, Bonilla impartió un taller práctico con participantes de Costa Rica, Chile y México, estructurado en tres momentos:
- Construcción colectiva del concepto. Dado que no existe una definición única de atención gerontológica centrada en la persona, los grupos trabajaron a partir de aportes de distintos autores para formular su propia conceptualización.
- Análisis de casos. Los participantes evaluaron situaciones en las que no se aplicaba la ACP y propusieron cómo mejorar la atención.
- Diseño de instrumentos. A partir de casos de un centro diurno, un hogar de larga estancia y un hogar familiar, cada grupo elaboró un instrumento básico para conocer la historia, el curso de vida, los gustos y las preferencias de la persona.
Esta última etapa responde a lo que Bonilla Somarribas considera uno de los principales vacíos en el país: cada gerontólogo maneja sus propios instrumentos y aplica la ACP a su manera, lo que dificulta valorar y mejorar estas herramientas. Aunque en Costa Rica la gerontología se ejerce desde una profesión de base —abogacía, trabajo social, enfermería, entre otras—, insiste en la necesidad de contar con instrumentos lo más parecidos posible.
«Lo que quiero es propagar la idea de que la atención centrada en la persona no sólo es relevante, sino que, desde nuestras profesiones y nuestra experiencia, también podemos crear estos instrumentos», concluye.

Fuentes: Entrevista de Costa Rica Mayor a José A. Bonilla Somarribas. Abogado y Gerontólogo. Contacto en Instagram en GerontoLegal CR. Correo: jabos91@gmail.com . Whatsapp 87101734








