CONTEXTO. Por : Eduardo Méndez, Director www.costaricamayor.com
San José, La Unión, Montes de Oca, Curridabat, Cartago y Heredia muestran cómo una acera continua, una señal clara o una parada de bus segura dejan de ser adornos urbanos para convertirse en infraestructura para la autonomía. El reto ya no es embellecer las ciudades: es prepararlas para que podamos seguir usándolas cuando tengamos 70, 80 o 90 años.
Una acera puede parecer una obra municipal menor. Pero para una persona de 75 años que utiliza bastón, para quien camina más despacio o para alguien que necesita detenerse a descansar cada cierto trecho, una acera rota, un desnivel o un cruce peligroso pueden marcar la diferencia entre salir de casa o quedarse dentro. Dicho en el lenguaje que corresponde: entre ejercer el derecho a desplazarse y participar de la ciudad, o quedar privado de él por el simple hecho de que el entorno no fue pensado para toda la vida.
Ese detalle cobra una importancia particular en Costa Rica. El Instituto Nacional de Estadística y Censos calcula que en 2024 alrededor de 11 de cada 100 habitantes tenían 65 años o más, y proyecta que para 2050 serán aproximadamente 25 de cada 100. La proporción de personas de esa edad se duplicará entre 2024 y 2044. El envejecimiento, entonces, también plantea una pregunta urbanística de fondo: ¿podrán nuestras ciudades acompañarnos durante toda la vida?
El urbanismo decide cuánto podemos hacer por nosotros mismos
La Organización Mundial de la Salud señala que el entorno exterior influye directamente sobre la movilidad, la independencia y la calidad de vida de las personas mayores. Aceras en buen estado, cruces seguros, iluminación, áreas de descanso, señalización comprensible y transporte accesible son elementos básicos de una comunidad amigable con el envejecimiento. No se trata solo de colocar rampas: una ciudad que se prepara para envejecer necesita pensar el recorrido completo, desde salir de la vivienda y caminar por una acera continua hasta orientarse en la calle, esperar el autobús con seguridad, tomarlo y regresar a casa. Si uno solo de esos eslabones falla, la autonomía se reduce. Y varias municipalidades costarricenses han empezado a intervenir precisamente esos eslabones.
San José: la capital que promete caminar mejor, y lo que habrá que vigilar

El cantón central de San José concentra el ejemplo de mayor escala del país, y también el que mejor ilustra la distancia entre el anuncio y la ciudad efectivamente vivible. Para 2026, la Municipalidad informó una inversión cercana a los ₡9.634 millones en renovación de espacios públicos: unos ₡4.600 millones para aceras y ₡5.034 millones para parques, con la promesa de más de 21 kilómetros de nuevas aceras con mobiliario, arborización y elementos de accesibilidad. El propio alcalde, Diego Miranda, describió el enfoque de manera reveladora al referirse a Hatillo, donde, según explicó, se diseñaron espacios pensados para personas adultas mayores. Es un giro que conviene subrayar: la persona mayor aparece ahí como usuaria legítima de la ciudad, no como beneficiaria de una obra de caridad.
Ese esfuerzo viene de atrás: a finales de 2025 la Municipalidad ya había anunciado ₡2.900 millones para intervenir cerca de 14 kilómetros de aceras en los once distritos, con loseta podotáctil como criterio de accesibilidad, y avanza un plan sobre espacios emblemáticos del centro como el Parque Central, la Plaza de las Garantías Sociales y la Plaza González Víquez. El Parque Central, sin embargo, sirve también de advertencia: permanece cerrado desde agosto de 2026 por una remodelación de unos ₡619 millones, con conclusión prevista para febrero de 2027. La accesibilidad prometida solo será real si no queda reducida a un sector aislado; de poco sirve un espacio interior accesible si las aceras que lo rodean y los cruces siguen siendo intransitables para quien usa bastón o andador. Esa continuidad es la que distingue una ciudad amigable de una ciudad con obras amigables sueltas.
Curridabat: cuando la ciudad también se deja entender

La autonomía no depende únicamente de poder caminar; también de poder orientarse. Curridabat, pionera en el país con su primer circuito de «Caminabilidad» en el centro del cantón, dio en agosto de 2026 un paso complementario y poco frecuente: inauguró un Sistema de Orientación Peatonal de 32 dispositivos urbanos, organizados en tres familias que informan sobre calles y avenidas, paradas de autobús y nomenclatura. Para una persona mayor que empieza a desorientarse en trayectos que antes hacía sin pensar, una señalización clara y consistente es tan habilitante como una rampa. No es casual que Curridabat figure entre las experiencias costarricenses reconocidas por la Organización Mundial de la Salud: entiende la ciudad como un entorno que debe poder leerse, no solo recorrerse.
Cartago: la parada de bus como espacio de derechos

Si hay un punto donde la ciudad suele fallarle a la persona mayor, es la espera del autobús: de pie, sin sombra, sin dónde sentarse y, a menudo, sin sensación de seguridad. Cartago abordó ese eslabón con el proyecto «Mi viaje seguro», que instala escampaderos inteligentes en las paradas del cantón. Las estructuras incorporan cámaras conectadas al centro de videoprotección de la Policía Municipal, un botón de asistencia para reportar incidentes o pedir ayuda, internet gratuito, panel podotáctil para personas no videntes, rótulos en braille, iluminación y espacios preferenciales para sillas de ruedas. Tras una primera etapa en el casco central y una segunda que sumó diez escampaderos por unos ₡117 millones, el cantón alcanzó veinticinco de estas paradas. El acierto está en tratar la parada no como un simple techo, sino como un punto donde convergen seguridad, accesibilidad e información: tres condiciones que, cuando faltan, expulsan a la persona mayor del transporte público. Ese enfoque se apoya en un antecedente que ya es referencia internacional, la experiencia «Cartago Accesible», incluida en la base de buenas prácticas de la OMS, que transformó 260 esquinas del centro con rampas y guía táctil.
Heredia: paradas accesibles que marcan la pauta

Heredia se ha convertido en una referencia por la forma en que ha integrado la accesibilidad a su trama urbana y, sobre todo, al transporte. En julio de 2026 estrenó siete paradas de autobús más accesibles e inclusivas, con mejoras pensadas expresamente para personas adultas mayores y para personas con discapacidad visual. La medida no llega aislada: la ciudad ya venía desarrollando el Corredor Accesible de la Urbanización Bernardo Benavides, concebido para enlazar esa comunidad con el corredor accesible del centro herediano mediante una inversión cercana a los ₡70 millones, a la que sumó la renovación de catorce parques y áreas deportivas bajo criterios de accesibilidad universal. Intervenir la parada de bus, además de la acera y el parque, revela una comprensión más completa del problema: la autonomía se juega en el recorrido entero, y el transporte público es, para muchas personas mayores, el tramo decisivo entre su casa y el resto de su vida.
Montes de Oca y La Unión: el dato demográfico guía la obra
El caso de Montes de Oca es especialmente elocuente, porque conecta el dato con la obra. Según las proyecciones subnacionales del INEC, en 2025 era el cantón más envejecido del país: por cada 100 personas menores de 15 años había cerca de 121,5 de 65 años o más. En febrero de 2026, la Municipalidad anunció aceras accesibles y obras pluviales entre Vargas Araya y el Colegio Monterrey, en San Pedro, por unos ₡156,7 millones, e identificó expresamente entre las beneficiarias a las personas adultas mayores. Es lo que debería volverse norma: cruzar la fotografía demográfica del cantón con el presupuesto de infraestructura. En La Unión, la Municipalidad reportó entre 2025 y 2026 una inversión de ₡243,2 millones para mejorar la infraestructura peatonal de sus ocho distritos, con obras que en Concepción incluyeron el sector del Salón del Adulto Mayor. Una política de envejecimiento no ocurre solo dentro de un centro diurno: también ocurre en la acera que permite llegar hasta él.
Una banca también es política pública
Entre millones de colones, metros cuadrados de concreto y licitaciones, se pierde a veces lo que más importa cuando envejecemos: los detalles pequeños. Una banca cada cierta distancia permite continuar caminando; un árbol da la sombra para permanecer en un parque; una luminaria amplía las horas seguras fuera de casa; un semáforo con tiempo suficiente reconoce que no todos cruzamos a la misma velocidad. La OMS incluye justamente los espacios exteriores, los edificios, el transporte, la vivienda y la participación social entre los ocho ámbitos que determinan qué tan amigable es una comunidad con las personas mayores. Y Costa Rica ya tiene recorrido: en 2024 la Organización Panamericana de la Salud contabilizaba treinta ciudades y comunidades costarricenses incorporadas a la iniciativa, con experiencias como un circuito de caminabilidad en Curridabat y un jardín terapéutico en Florida de Tibás.
De obras aisladas a ciudades pensadas para toda la vida
Las intervenciones municipales son señales positivas, pero el envejecimiento demográfico obliga a ir más lejos. No debería existir una acera accesible que termina abruptamente cincuenta metros después, ni una parada moderna a la que no se pueda llegar con seguridad. La transformación de fondo llegará cuando la perspectiva de envejecimiento se incorpore desde el inicio a los planes reguladores, la movilidad peatonal, el transporte, la señalización y los presupuestos municipales. Y hay una razón sencilla: las ciudades accesibles para una persona de 80 años suelen ser también mejores para una persona con discapacidad, una mujer embarazada, una familia que empuja un coche o un niño que camina a la escuela. Preparar nuestras ciudades para la vejez no significa construir ciudades exclusivamente para personas mayores; significa construir ciudades en las que podamos seguir viviendo, caminando y participando durante toda la vida.
Termino aquí.
La próxima vez que caminemos por nuestro barrio o esperemos el autobús, ¿nos atreveríamos a recorrerlo imaginando que tenemos veinte años más y un bastón en la mano?
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Nota de fuentes: Las proyecciones demográficas provienen del Instituto Nacional de Estadística y Censos. Los criterios de comunidades amigables corresponden a la Organización Mundial de la Salud, y el conteo de comunidades costarricenses incorporadas a la Organización Panamericana de la Salud (2024). Las cifras de inversión y las descripciones de obra de San José, Curridabat, Cartago, Heredia, Montes de Oca y La Unión fueron tomadas de reportes municipales y de prensa nacional; se recomienda contrastar los montos por cantón con las municipalidades respectivas antes de citarlos como cifras oficiales de partida.



