Los 5 errores que cometen las familias al cuidar a una persona mayor

Jul 1, 2026 | Super cuidadores | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor
CUIDO 360. Por: Redacción www.costaricamayor.com

Cuidar con amor no basta. Cuando el cuidado ignora la voluntad, la información o la autonomía de la persona mayor, deja de ser cuidado y empieza a ser vulneración. Estos son los cinco errores más frecuentes y cómo corregirlos.

Doña Marta cuida a su papá desde hace tres años. Le prepara la comida, lo lleva a las citas de la Caja, le administra las pastillas y decide, cada mañana, qué ropa se pone. Lo hace con una entrega que nadie le reconoce y que a ella le está costando la salud. Un día, en la sala de espera del EBAIS, don Rafael le dijo en voz baja: «Yo quería hablar solo con la doctora.» Doña Marta se sorprendió. Nunca se le había ocurrido que su papá quisiera algo distinto de lo que ella decidía por él.

Esa escena resume el problema. Se puede cuidar mucho y cuidar mal al mismo tiempo. La Ley N.° 7935, Ley Integral para la Persona Adulta Mayor, y la Ley N.° 9394, que aprueba la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, parten de una idea que el cuidado familiar suele olvidar: la persona mayor sigue siendo titular de sus derechos, incluso cuando necesita ayuda para ejercerlos. A continuación, los cinco errores que con más frecuencia se cometen.

1. Decidir por ella cuando todavía puede decidir por sí misma

Es el error de fondo del que se derivan casi todos los demás. Necesitar ayuda para bañarse no es lo mismo que haber perdido la capacidad de opinar sobre la propia vida. Sin embargo, la familia tiende a asumir que quien depende físicamente también debe delegar toda decisión. Así se elige por la persona mayor qué come, con quién habla, cuánto sale y hasta qué tratamiento acepta.

La autonomía es un derecho, no una concesión. Corregir este error empieza por un cambio de pregunta: en lugar de «qué es lo mejor para él», conviene preguntar «qué quiere él». Consúltele antes de decidir. Ofrézcale opciones reales. Respete su respuesta aunque no coincida con la suya, siempre que la persona conserve la capacidad de comprender y elegir.

2. Excluirla de las conversaciones sobre su propia salud

Ocurre en cada consultorio del país. La familia habla con el médico como si la persona mayor no estuviera presente, responde por ella, y a veces pide que no le digan el diagnóstico «para no preocuparla». Esa costumbre, hecha desde el afecto, la despoja de la información que necesita para decidir sobre su cuerpo.

La persona mayor tiene derecho a recibir información clara sobre su estado de salud y a otorgar o negar su consentimiento. Corrija este error dirigiéndose a ella, no por encima de ella. En la cita, deje que hable primero. Si desea acompañarla, pregúntele si prefiere que usted entre o que espere afuera, como quería don Rafael. El acompañante apoya; no sustituye.

3. Confundir protección con encierro

Por miedo a una caída, a una estafa o a que «le pase algo», muchas familias reducen al mínimo la vida social de la persona mayor. Le quitan el teléfono, cancelan sus salidas, alejan a sus amistades. La intención es cuidarla, pero el resultado es aislarla, y el aislamiento deteriora la salud física y emocional tanto como una enfermedad.

Proteger no es encerrar. La seguridad se construye acompañando, no confinando. Busque el equilibrio entre el cuidado y la vida propia de la persona: mantenga sus vínculos, facilite sus salidas con el apoyo necesario, y considere espacios como los centros diurnos, que ofrecen socialización y estimulación sin arrancarla de su comunidad.

4. Tomar el control de su dinero sin resguardos

Administrar la pensión o las cuentas de un familiar mayor es a veces necesario, pero cuando se hace sin transparencia ni límites, abre la puerta a una de las formas más silenciosas de maltrato: la violencia patrimonial. Retirar la pensión «para guardarla», usar las tarjetas sin consultar o presionar para modificar la casa o el testamento son abusos, aunque ocurran dentro de la familia.

El patrimonio de la persona mayor le pertenece a ella. Si administra sus recursos, hágalo con su consentimiento, informándole de cada movimiento y separando siempre su dinero del de usted. Cuando la persona ya no puede gestionar sus asuntos, la vía correcta es un proceso legal de salvaguarda, no la apropiación informal. La Ley N.° 8968, Ley de Protección de la Persona frente al Tratamiento de sus Datos Personales, y las figuras de tutela y curatela existen precisamente para dar un marco a esas situaciones.

5. Olvidar que quien cuida también necesita cuidado

Doña Marta lleva tres años sin vacaciones, sin tiempo para sus controles médicos y sin nadie con quien repartir la carga. El cuidador que se agota termina cuidando peor, y muchas veces enferma antes que la persona a la que cuida. El desgaste del cuidador no es debilidad ni egoísmo; es la consecuencia previsible de sostener solo una tarea que debería ser compartida.

Pedir ayuda no es fallar. Reparta las responsabilidades entre la familia, aunque cueste. Apóyese en los servicios públicos disponibles y reserve tiempo para su propia salud. Cuidarse a usted misma no es quitarle nada a su papá o a su mamá: es garantizar que el cuidado pueda sostenerse en el tiempo. La Línea Dorada de CONAPAM, marcando el 1165, orienta las veinticuatro horas tanto a la persona mayor como a quien la cuida.

Termino aquí. Ninguno de estos errores nace de la maldad; casi todos nacen del amor mal informado. ¿No merecen nuestros mayores un cuidado que los acompañe sin arrebatarles la voz sobre su propia vida?

Comparta este artículo con quien cuida a un ser querido. Escríbanos en los comentarios cuál de estos errores le costó más reconocer. Y lea, en nuestra sección Cuido 360, las guías prácticas para acompañar sin vulnerar.

Artículos relacionados