Por: Redacción Costa Rica Mayor.com
Costa Rica atraviesa una transformación demográfica silenciosa pero profunda. Mientras la baja natalidad provoca el cierre de escuelas en distintas regiones del país, los centros diurnos para personas adultas mayores reportan listas de espera que evidencian una creciente demanda de servicios de cuido.
Dos realidades opuestas que reflejan el mismo fenómeno: el país ya no es mayoritariamente joven. Está envejeciendo.
Escuelas que cierran: el impacto directo de menos nacimientos
La caída sostenida en los nacimientos ha reducido de forma significativa la matrícula en el sistema público. En los últimos años se han cerrado centros educativos en zonas rurales y urbanas debido a la falta de estudiantes.
Cantones como Turrialba, Pérez Zeledón, Upala, Los Chiles, Nicoya y sectores rurales de Cartago y Guanacaste han visto cómo escuelas unidocentes o con matrícula reducida dejaron de operar o fueron fusionadas. En algunas comunidades, la escuela era el principal punto de encuentro social, por lo que su cierre representa también una transformación comunitaria.
El Ministerio de Educación Pública ha debido reorganizar grupos, redistribuir personal docente y ajustar la infraestructura ante la disminución sostenida de estudiantes.
Menos niños en preescolar hoy significan menos estudiantes en primaria y secundaria mañana. La tendencia no es coyuntural. Es estructural.
Centros diurnos saturados: más adultos mayores, más demanda de cuido
En contraste, la red de centros diurnos para personas adultas mayores enfrenta una presión creciente.
Un análisis previo de redes de cuido y hogares indicó que en décadas recientes miles de personas mayores han quedado en lista de espera para ingresar a servicios adecuados de atención.
Algunas organizaciones de atención a adultos mayores han señalado que la demanda supera con mucho la capacidad disponible, con muchas instituciones limitadas por subsidios, acreditaciones o falta de financiamiento.
Los centros diurnos cumplen funciones esenciales: alimentación, estimulación cognitiva, acompañamiento social, prevención del aislamiento y apoyo a familias cuidadoras. Sin embargo, la infraestructura y los recursos no crecen al mismo ritmo que la población mayor.
Mientras algunas aulas quedan vacías, los cupos en centros diurnos se agotan.
Respuesta institucional en marcha, pero con alcance limitado
En los últimos años, el Estado ha intentado reaccionar ante la creciente presión sobre la red de cuido. Iniciativas impulsadas por el Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor y el Ministerio de Salud han puesto en marcha planes piloto para fortalecer algunos centros diurnos, ampliando horarios de atención, diversificando servicios y mejorando esquemas de acompañamiento.
Estas acciones marcan un avance relevante en el reconocimiento del envejecimiento como prioridad pública. Sin embargo, el crecimiento acelerado de la población adulta mayor supera la velocidad de respuesta institucional. La expansión sigue siendo parcial, focalizada y dependiente de recursos limitados, lo que deja en evidencia que el desafío demográfico exige una estrategia nacional más amplia, sostenible y estructural.
El cambio demográfico en Costa Rica: una nueva realidad
Costa Rica se encamina hacia una estructura poblacional donde la proporción de personas mayores de 65 años crecerá de forma sostenida en las próximas décadas.
Esto obliga a replantear prioridades nacionales:
¿Cómo redistribuir recursos ante menos estudiantes y más personas mayores?
¿Puede parte de la infraestructura educativa subutilizada convertirse en espacios comunitarios intergeneracionales?
¿Está el país planificando estratégicamente la red de cuido para la longevidad?
La discusión no puede limitarse al sistema de pensiones. El envejecimiento impacta educación, salud, empleo, planificación urbana y políticas sociales.
De la baja natalidad a la economía de la longevidad
El contraste es claro: menos nacimientos reducen matrícula escolar, mientras el aumento de la longevidad incrementa la demanda de servicios para adultos mayores.
Costa Rica enfrenta una transición histórica. No se trata de un problema aislado de educación ni de cuido. Es una reconfiguración completa del ciclo vital de la sociedad.
El desafío ahora es convertir esta transformación demográfica en una oportunidad estratégica: planificar ciudades amigables con las personas mayores, fortalecer centros diurnos, promover la participación activa y desarrollar una economía plateada sólida.
Porque mientras las aulas se vacían, las listas de espera en centros diurnos recuerdan que el país que fuimos ya cambió. Y el país que somos necesita nuevas respuestas.








