Por: Eduardo Méndez, Director de www.costaricamayor.com
Don Carlos tiene 52 años. Es Administrador de empresa. Lleva 28 años cotizando a la Caja. Tiene dos hijos en la universidad pública y una hipoteca que vence en seis años. En febrero de 2025 le dijeron que su empresa «estaba reestructurando» y que su puesto desaparecía. Le pagaron sus prestaciones. Le dieron la mano. Le desearon suerte.
Han pasado catorce meses. Don Carlos sigue sin trabajo.
Ha enviado más de doscientas hojas de vida. Ha asistido a diecisiete entrevistas. Y siempre, sin excepción, escucha alguna versión de la misma frase: «Usted está muy preparado para este puesto.» «Buscamos un perfil más dinámico.» «La cultura de nuestra empresa es muy joven.» «Lo vamos a tomar en cuenta.» Nadie le dice la verdad. Pero la verdad cabe en una sola palabra: edad.
Don Carlos no existe. Y al mismo tiempo, son cientos de miles
Don Carlos es un personaje compuesto. Lo construimos con fragmentos reales de testimonios que llegan a esta redacción de Costa Rica Mayor y con relatos de muchísimas personas que me encontrado en la vida real y que me buscan con la esperanza de servir de enlace para obtener un empleo. Pero, casos como el de Don Carlos son más que documentados por organizaciones como la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO) y por supuesto con las cifras que nos da el Instituto Nacional de Estadística y Censos.
En todo caso, La síntesis narrativa no debilita el dato. Lo encarna. Y los datos son contundentes:
Según la Encuesta Continua de Empleo del INEC (II trimestre 2025), las personas entre 45 y 59 años conforman el grupo etario más numeroso de la fuerza laboral costarricense, con 649 mil personas. Más, incluso, que los jóvenes de 25 a 34 años. La columna vertebral del trabajo en este país tiene canas.
Según la encuesta nacional “Construyendo una Ruta Común hacia el 2030” ENCORU 2021, elaborada por la UCR y el PNUD, el 32,4% de quienes han sufrido discriminación en Costa Rica la atribuyen a su edad. Es la segunda causa más frecuente del país, solo detrás de la condición económica. Por encima del sexo, por encima de la nacionalidad. Sin embargo, este es un dato invisible. Hablamos poco de edadismo laboral.
Otro dato difícil de digerir. El Ministerio de Trabajo mantiene una sola persona funcionaria dedicada al tema de empleabilidad de la población mayor en todo el país. Una. Para 5 millones de personas.
Una vulneración con marco legal claro
El edadismo laboral no es una zona gris ni una simple mala práctica empresarial. Es una forma de discriminación expresamente prohibida por el ordenamiento jurídico costarricense. Desde 1960, la Ley N.° 2694 prohíbe la discriminación en el empleo por motivos de edad. El Código de Trabajo, en sus artículos 618 a 624, sanciona este tipo de prácticas, y la Reforma Procesal Laboral, vigente desde julio de 2017, fortaleció los mecanismos para que las personas trabajadoras puedan reclamar la tutela efectiva de sus derechos. A ello se suma el Convenio 111 de la OIT, ratificado por Costa Rica, que obliga al Estado a prevenir, sancionar y erradicar toda forma de discriminación en el empleo y la ocupación.
Tenemos las leyes. Tenemos los datos. Tenemos los instrumentos internacionales.
Lo que falta es voluntad para aplicarlos.
Costa Rica cuenta con un marco legal contra la discriminación por edad, pero miles de personas mayores de 45 años siguen chocando contra una pared invisible: empresas que dicen buscar talento, mientras descartan experiencia, trayectoria y criterio. Y el problema podría adelantarse todavía más: en un mundo laboral transformado por la inteligencia artificial, donde las habilidades caducan más rápido y los algoritmos filtran currículos antes de que los lea una persona, el edadismo ya no amenaza solo a quienes tienen más de 50; podría empezar a sentirse desde los 35 o 40 años. Mientras esa realidad no se nombre y se enfrente con seriedad, miles de personas como don Carlos seguirán cayendo en una precariedad silenciosa que el país prefiere no mirar.
Lo que el edadismo le quita a un país
El edadismo laboral no es solo un sueldo que falta. Es una vulneración de derechos con efectos cuantificables. Le quita a la persona trabajadora sus cotizaciones a la CCSS, y con ellas, el derecho efectivo a una pensión digna. La empuja a la informalidad y a la subocupación crónica. Le golpea la salud mental. Las personas mayores que buscan empleo sin éxito caen frecuentemente en procesos depresivos.
Y, sobre todo, le roba la dignidad.
El país que viene ya está aquí
Costa Rica supera ya las 800 mil personas mayores de 60 años. Para 2050, una de cada cuatro personas tendrá más de 65 años. Para fin de siglo, el 46% de los costarricenses tendrá más de 50 años. Es decir: casi la mitad del país estará, en pocas décadas, en la edad que hoy se considera «demasiado vieja» para trabajar.
La pregunta deja de ser técnica y se vuelve civilizatoria.
¿Vamos a sostener un modelo productivo que descarta a la mitad de su población activa? ¿O vamos a tener la madurez de rediseñarlo? ¿Nos atreveremos a hablar sobre edadismo laboral y a crear acciones reales para evitarlo?
Romper el silencio es el primer acto político de la dignidad.
Y a quienes contratan, una sola idea: una persona de 50 años no es un problema. Son décadas de experiencia, de criterio y de oficio que ningún algoritmo puede reemplazar.
Iniciativas como el programa Sigo Vigente +45 de AGECO o la Fundación De 40 más ya están demostrando que la inclusión laboral de personas mayores es viable y productiva. Falta que el resto del país lo reconozca.
Don Carlos no existe. Pero podría ser su padre. Podría ser su madre. Podría ser su pareja.
¿Podría ser usted en cinco años?











