Autora: Andrea Monge García, Licda. en Trabajo Social, docente universitaria y gestora del Programa de Incidencia y Vigilancia de Derechos de AGECO.
En Costa Rica, envejecer con dignidad sigue siendo un desafío para miles de personas mayores. Aunque el país cuenta con un marco jurídico que reconoce sus derechos, la realidad muestra que muchas personas llegan a la vejez sin pensión, con ingresos insuficientes, redes de apoyo debilitadas y dificultades para acceder a servicios básicos.
Según datos citados por la Universidad de Costa Rica, el 56 % de las personas de 65 años y más, equivalente a 306.551 personas, no recibe beneficios de ningún régimen obligatorio de pensión. Esta cifra revela una realidad profunda: muchas personas mayores enfrentan la vejez sin una garantía económica mínima para cubrir alimentación, vivienda, salud, transporte, medicamentos o cuidados.
La pobreza, entendida como la falta de condiciones materiales o ingresos suficientes para satisfacer necesidades esenciales, afecta de manera directa a esta población. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos, en 2024 el 26,6 % de las personas mayores de 65 años vivía en condición de pobreza. Esto significa que más de una cuarta parte de esta población enfrenta barreras económicas que limitan su bienestar, autonomía y participación social.
Envejecer en pobreza también es una forma de exclusión
La pobreza en la vejez no se expresa únicamente en la falta de dinero. También se manifiesta en el acceso limitado a servicios de salud, alimentación adecuada, vivienda segura, tecnología, transporte, espacios de participación y redes comunitarias de apoyo.
Quienes envejecen en condiciones de pobreza suelen enfrentar una cadena de exclusiones acumuladas a lo largo de la vida. Muchas personas trabajaron durante años en la informalidad, realizaron labores de cuido no remuneradas, dependieron económicamente de otras personas o no lograron cotizar lo suficiente para acceder a una pensión contributiva.
Esta realidad afecta con especial fuerza a mujeres mayores, personas con discapacidad, personas que viven en zonas rurales, población indígena, personas sexualmente diversas y quienes han enfrentado desigualdades históricas durante su curso de vida.
Por eso, hablar de vejez digna implica reconocer que no todas las personas envejecen en las mismas condiciones. Algunas llegan a esta etapa con estabilidad económica, vivienda, familia y acceso a servicios; otras, en cambio, enfrentan soledad, pobreza, enfermedad, abandono o discriminación.
La vejez digna es un derecho humano
La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores plantea la necesidad de abordar la vejez y el envejecimiento desde una perspectiva de derechos humanos. Este instrumento reconoce las contribuciones actuales y potenciales de las personas mayores al bienestar común, al desarrollo y a la erradicación de la pobreza.
Esto significa que las personas mayores no deben ser vistas como una carga social, sino como sujetos de derechos, con historia, experiencia, capacidades, autonomía y participación activa en la sociedad.
La vejez digna no se limita a recibir una ayuda económica. Implica vivir con seguridad, salud, autonomía, participación, protección contra la violencia, acceso a cuidados, oportunidades de aprendizaje y posibilidad real de tomar decisiones sobre la propia vida.
No se puede hablar de envejecimiento activo y saludable cuando una persona sobrevive en pobreza, aislamiento o carencias. Los pilares básicos para envejecer con dignidad son la salud, la seguridad, el aprendizaje continuo y la participación social.
Programas de apoyo existen, pero no alcanzan para toda la demanda
Costa Rica cuenta con distintos programas e instituciones que buscan atender las necesidades de las personas mayores en situación de vulnerabilidad. Entre ellos se encuentran las acciones del Instituto Mixto de Ayuda Social, las pensiones del Régimen No Contributivo de la Caja Costarricense de Seguro Social y los servicios vinculados a la Red de Atención Progresiva para el Cuido Integral de las Personas Mayores.
También existen iniciativas desde la sociedad civil, como programas de Clubes de Leones, Clubes Rotarios, pastorales sociales de iglesias, organizaciones comunales y asociaciones que procuran atender necesidades básicas y urgentes.
Sin embargo, la cobertura sigue siendo limitada y los recursos disponibles resultan insuficientes frente a la alta demanda. Además, cada institución, organización o programa puede establecer requisitos específicos para acceder a subsidios, ayudas o servicios, lo que muchas veces dificulta el acceso oportuno para quienes más lo necesitan.
Por eso, el reto no es solo que existan programas, sino que estos sean accesibles, suficientes, oportunos, integrales y sostenibles.
Las políticas públicas deben responder a la diversidad de la vejez
Atender la pobreza en la vejez exige mucho más que asistencia económica. Las políticas públicas deben considerar la diversidad de condiciones, trayectorias y necesidades de las personas mayores.
Esto implica fortalecer el acceso oportuno y universal a la salud, promover viviendas adecuadas, ampliar los programas de alfabetización digital, desarrollar redes de acompañamiento comunitario, crear espacios de participación y garantizar medidas que protejan la autonomía de las personas mayores.
También es fundamental incorporar una mirada interseccional. No todas las personas mayores enfrentan las mismas barreras. Factores como el género, el territorio, la discapacidad, la etnia, la orientación sexual, la identidad de género o la condición socioeconómica pueden profundizar la exclusión y limitar el ejercicio efectivo de los derechos.
Una política pública verdaderamente comprometida con la vejez digna debe reconocer esas diferencias y responder a ellas de manera concreta.
Nadie debería envejecer en abandono
El compromiso con los derechos humanos exige actuar frente a una problemática que es multicausal y que impacta directamente la vida de las personas mayores. La pobreza en la vejez no es un asunto individual; es una responsabilidad social, institucional y comunitaria.
Garantizar una vejez digna significa construir un país donde ninguna persona mayor quede atrás. Significa reconocer que el envejecimiento no es un problema, sino una etapa de la vida que debe ser protegida, acompañada y respetada.
Desde la Asociación Gerontológica Costarricense, AGECO, se mantiene desde hace más de 45 años un compromiso con la promoción de los derechos humanos de las personas mayores. Su labor incluye procesos de capacitación, incidencia, vigilancia de derechos y creación de oportunidades de participación para que las personas vivan su envejecimiento y su vejez con protagonismo, autonomía y sentido de comunidad.
Costa Rica envejece. La pregunta urgente es si el país está dispuesto a garantizar que ese envejecimiento ocurra con dignidad, justicia y derechos.
Referencias
Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2024). Día de la Persona Adulta Mayor. Cuidados y desafíos: por una vejez digna.
Organización de Estados Americanos. (2015). Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores.
Universidad de Costa Rica. (2024). Pensión contributiva básica y sus desafíos.








