Por: Eduardo Méndez, Director www.costaricamayor.com
El edadismo rara vez llega gritando. Llega en voz baja, en la sala de la casa, dicho por alguien que quiere ayudar. Estas son seis frases que conviene revisar y las alternativas que devuelven a la persona su lugar en la conversación.
Don Rafael cumplió 78 años en marzo. Ese domingo, mientras la familia terminaba el almuerzo, comentó que estaba pensando en matricular un curso de computación en el centro comunal. Hubo un silencio breve. Después, su hija le dijo, con toda la ternura del mundo, que para qué se iba a complicar a estas alturas, que ella le hacía cualquier trámite en el teléfono. Don Rafael sonrió, dijo que tenía razón y no volvió a mencionar el tema. Nadie en esa mesa quiso hacerle daño. Y aun así, algo se cerró.
Muchas veces, sin darnos cuenta, utilizamos expresiones que minimizan las capacidades de las personas adultas mayores. Se dicen con buena intención, casi siempre desde el afecto, y precisamente por eso resultan difíciles de identificar. Pero transmiten estereotipos, limitan la autonomía y refuerzan el edadismo, esa forma de discriminación que se basa únicamente en la edad.
Envejecer no significa dejar de aprender, de decidir o de aportar. Cada persona envejece de manera distinta y merece ser tratada con respeto, escuchada y considerada protagonista de su propia vida.
«Usted ya no puede»
Esta expresión asume que la edad, por sí sola, determina lo que una persona es capaz de hacer. Sustituye una valoración concreta por un prejuicio general. En su lugar puede preguntar si le gustaría que le ayude, o cómo prefiere hacerlo. La diferencia está en ofrecer apoyo sin retirar la posibilidad de decidir.
«Eso es normal por la edad»
No todo cambio físico o mental forma parte del envejecimiento. Normalizar síntomas puede retrasar la búsqueda de atención médica o hacer que una persona soporte molestias innecesarias durante meses. Es preferible preguntar desde cuándo le sucede y sugerir que lo comente con su médico. Escuchar y orientar puede marcar una diferencia real en el diagnóstico oportuno.
«Déjeme, usted no entiende»
Excluir a alguien de una conversación o de una decisión únicamente por su edad afecta su autoestima y su derecho a participar. Además, suele ser inexacto: muchas veces la persona entiende perfectamente y lo que falta es tiempo para explicar. Pregunte qué opina, pídale que le explique cómo lo ve. Toda persona merece ser escuchada, con independencia de los años que tenga.
«Ya está muy viejo para eso»
Nunca es tarde para aprender, viajar, estudiar, hacer ejercicio, emprender o desarrollar un pasatiempo nuevo. La edad no define los sueños ni las posibilidades. Cuando alguien anuncia un proyecto a los setenta o a los ochenta, lo que corresponde es preguntar cómo piensa empezar.
«No haga nada, descanse»
El descanso importa, pero también el movimiento, la participación social y mantenerse activo. Promover la autonomía contribuye a conservar la capacidad funcional y la calidad de vida. Un exceso de protección puede lograr, en pocos meses, lo que la edad no había logrado en décadas.
«Los adultos mayores son todos iguales»
No existe una única forma de vivir la vejez. Hay personas de 70, 80 o 90 años que trabajan, hacen deporte, cuidan de sus familias, estudian o participan activamente en sus comunidades. Generalizar invisibiliza la enorme diversidad que existe entre las personas mayores, y esa diversidad es probablemente mayor que en cualquier otro grupo de edad.
Las palabras también construyen la vejez
El lenguaje tiene un impacto directo en la forma en que vemos el envejecimiento. Cada conversación puede reforzar prejuicios o promover el respeto, la dignidad y la autonomía. Pequeños cambios en la manera de comunicarnos ayudan a combatir el edadismo y fortalecen las relaciones entre generaciones.
Hablar con una persona mayor no debería partir de la idea de que necesita ser sustituida, sino de la convicción de que merece participar, decidir y ser tratada con el mismo respeto que cualquier otra persona. La distancia entre una cosa y la otra cabe, muchas veces, en una sola frase dicha en la mesa del almuerzo.
En Costa Rica Mayor creemos que cambiar la forma en que hablamos sobre la vejez también transforma la forma en que la vivimos.





