FRECUENCIA VIDA. Por: Juanqa Fonseca https://500px.com/
Costa Rica deja de ser solamente un país para convertirse en un pueblo que camina unido por la fe desde días antes al 2 de agosto, miles de personas emprenden la Romería llevando mucho más que una mochila. Cargan promesas, agradecimientos, miedos, enfermedades, sueños y el nombre de quienes aman.
Hay quienes caminan por primera vez y quienes llevan toda una vida haciéndolo. Algunos llegan con paso firme; otros necesitan que alguien les tienda una mano. Hay quienes recorren los últimos metros de rodillas, incluso casi arrastrándose, porque sienten que ese último sacrificio es la forma más sincera de decir: «Gracias»… o «No me abandones».
En esos instantes ya no importa el cansancio, el dolor de las piernas o las horas recorridas. Solo existe el deseo de llegar frente a la Virgen de los Ángeles, la Negrita, patrona de Costa Rica, y depositar a sus pies aquello que durante tanto tiempo ha pesado en el corazón.
Ver a una madre, a un hijo sosteniendo a su padre, a una adulta mayor buscando tocar el agua bendita o a un peregrino avanzando de rodillas nos recuerda que la fe tiene una fuerza que no puede medirse. Es una fuerza silenciosa que sostiene cuando las palabras ya no alcanzan, que abraza cuando el corazón se siente solo y que devuelve esperanza cuando todo parece perdido.
Porque los milagros no siempre llegan de la forma que imaginamos. A veces no están únicamente en la respuesta que esperamos recibir, sino en la fortaleza que encontramos para seguir adelante.

Cuando el cuerpo ya no puede más, es la fe la que da el siguiente paso.
Quizá por eso la Romería sigue conmoviendo generación tras generación. Porque no es solo un recorrido hacia un santuario; es un viaje interior donde millones de costarricenses renuevan su esperanza, agradecen la vida, buscan consuelo y descubren que nunca caminan solos.
Que la Virgen de los Ángeles acompañe a cada romero en su camino, consuele a quien sufre, fortalezca a quien lucha y bendiga a todas las familias que, con una oración en los labios y esperanza en el corazón, vuelven una vez más a la casa de la Negrita.




