El abandono no siempre implica dejar a una persona sola en un hospital o en la calle. También puede instalarse dentro del hogar mediante la indiferencia, el aislamiento, la falta de apoyos y la exclusión de las decisiones cotidianas.
Por: Ivannia Fonseca, psicóloga y gerontóloga
Una realidad que exige atención
El abandono y otras formas de violencia hacia las personas adultas mayores constituyen un problema creciente en Costa Rica. Datos de vigilancia epidemiológica de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), divulgados por el Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor (CONAPAM), muestran que los casos de violencia registrados pasaron de 624 en 2020 a 2.390 en 2024. La cifra incluye distintas manifestaciones de violencia y no únicamente abandono, pero evidencia una realidad que demanda prevención, detección oportuna y respuestas coordinadas.
En mayo de 2026, el CONAPAM atendió 1.909 llamadas mediante la línea 1165 y señaló que el 32 % de las consultas estaba relacionado con violencia. Aun así, muchos casos pueden permanecer fuera de los registros porque ocurren en espacios privados, se normalizan o no son reconocidos como maltrato.
¿Qué es el abandono silencioso?
Existe una forma menos visible de abandono que puede presentarse incluso cuando la persona adulta mayor vive con su familia. Ocurre cuando se le deja fuera de las conversaciones, se ignoran sus necesidades de apoyo, se restringe su participación social o se desatienden de manera persistente aspectos básicos de su bienestar.
Puede expresarse al no tomarla en cuenta en decisiones que afectan su propia vida, dejar sin seguimiento citas médicas o tratamientos cuando necesita ayuda, ignorar de forma sistemática sus llamadas o señales de malestar, impedirle mantener vínculos con amistades y comunidad, o delegar todo el cuidado en una sola persona sin ofrecerle apoyo ni relevo.
Vivir a solas por decisión propia, con condiciones seguras y apoyos adecuados, no constituye abandono. Tampoco toda distancia familiar configura por sí misma un delito. Cada situación debe valorarse según la existencia de una obligación de cuidado, el estado de vulnerabilidad, las necesidades concretas de apoyo, la voluntad de la persona adulta mayor y las consecuencias de las omisiones.
La soledad y el aislamiento también afectan la salud
La falta de vínculos significativos puede provocar tristeza, desesperanza, ansiedad y aislamiento social. La Organización Mundial de la Salud advierte que la soledad y el aislamiento son factores de riesgo para problemas de salud mental en etapas avanzadas de la vida y se asocian con depresión, deterioro cognitivo y menor calidad de vida.
No se trata de asumir que todas las personas adultas mayores desean la misma frecuencia de visitas o actividades. La conexión social debe respetar sus preferencias, su cultura, sus relaciones y su autonomía. Acompañar significa escuchar, preguntar qué necesitan y facilitar que continúen haciendo aquello que consideran importante.
Estar ocupados no puede justificar la indiferencia
La vida cotidiana suele transcurrir con prisa: trabajo, reuniones, responsabilidades familiares y múltiples mensajes pendientes. En ese ritmo, puede parecer normal aplazar una llamada, una visita o una conversación. El problema aparece cuando la ausencia se vuelve permanente y la persona adulta mayor queda emocionalmente separada de quienes tiene a pocos metros de distancia.
Compartir una comida, responder una llamada, facilitar un paseo, conversar sobre lo ocurrido durante el día o apoyar la participación en actividades comunitarias son acciones sencillas que fortalecen los vínculos. Sin embargo, la compañía no sustituye los cuidados profesionales cuando existen necesidades de salud, dependencia funcional o riesgos de violencia.
Cómo prevenir el abandono desde la familia y la comunidad
Escuchar y acordar. Pregunte a la persona adulta mayor cómo desea comunicarse, qué apoyos necesita y quiénes quiere que participen en las decisiones relacionadas con su vida.
Distribuir las responsabilidades. El cuidado no debería recaer en una sola persona. Conviene organizar tareas, horarios, traslados, compras, acompañamientos y períodos de descanso para quien cuida.
Mantener conexiones significativas. Las llamadas, visitas y herramientas digitales pueden ayudar, pero deben complementarse con oportunidades reales de participación familiar, comunitaria, cultural o educativa.
Observar señales de alerta. Necesidades básicas sin atender, cambios repentinos de ánimo, temor ante una persona, lesiones sin explicación, aislamiento impuesto, falta de medicamentos o control del dinero pueden requerir intervención.
Pedir ayuda antes de que la situación se agrave. El área de salud, trabajo social, las redes comunitarias y el CONAPAM pueden orientar y coordinar apoyos según las circunstancias de cada caso.
Qué dice la ley en Costa Rica
El artículo 142 bis del Código Penal sanciona a quien, teniendo la obligación de cuidar, abandone a una persona adulta mayor en estado de vulnerabilidad. La pena básica vigente es de uno a tres años de prisión y aumenta según las consecuencias. Si el abandono causa la muerte, puede llegar a doce años de prisión, siempre que la conducta no corresponda a un delito castigado con mayor severidad.
Por su parte, el artículo 169 del Código de Familia contempla, entre otras relaciones, la obligación alimentaria de los hijos hacia sus padres. Esa obligación no equivale automáticamente a afirmar que cualquier familiar responde penalmente por abandono: es necesario analizar la obligación legal o de hecho de cuidado, la vulnerabilidad, la conducta y sus efectos en el caso concreto.
La Ley Integral para la Persona Adulta Mayor y la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores reconocen el derecho a vivir con dignidad, autonomía, seguridad y sin ninguna forma de violencia, negligencia o abandono.
Nadie debe volverse invisible por envejecer
El abandono no es una consecuencia inevitable de la vejez. Es una vulneración de derechos que puede prevenirse mediante redes de apoyo, cuidados organizados, servicios accesibles y una cultura que valore la voz de las personas adultas mayores.
Vivir bajo el mismo techo no garantiza compañía, así como vivir en casas distintas no impide estar presentes. La pregunta esencial no es únicamente quién vive con la persona adulta mayor, sino si es escuchada, respetada, protegida y apoyada para decidir sobre su propia vida. El abandono nunca debe normalizarse.
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¿Dónde pedir ayuda o presentar una denuncia?
Si existe peligro inmediato, llame al 9-1-1. Para información, orientación y contención, comuníquese con la Línea Dorada del CONAPAM al 1165, disponible las 24 horas, todos los días. Cuando se sospeche un delito de abandono, también puede acudirse al Organismo de Investigación Judicial o a la Fiscalía de la comunidad.





