SALUD. Por Redacción www.costaricamayor.com
Envejecimiento y vejez son diferentes. El cuerpo empieza a cambiar mucho antes de lo que solemos creer, y lo hace por olas. Pero envejecer no es solo un asunto de biología: la vejez también es una construcción social. Y en Costa Rica existe, además, una respuesta legal. Le contamos las tres.
Si le preguntáramos a usted a qué edad empieza a envejecer una persona, quizás pensaría en las canas, en la jubilación o en el día en que su papá o su mamá empezó a caminar más despacio. La verdad es que no hay una sola respuesta, sino al menos tres, y conviene conocerlas para acompañar mejor cada etapa de la vida.
La respuesta de la biología: el cuerpo cambia por olas
Durante mucho tiempo se creyó que envejecemos poco a poco, de forma pareja, un poco cada año. Un estudio dirigido por el profesor Tony Wyss-Coray, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford y publicado en la revista Nature Medicine, sugiere algo distinto. Al analizar el plasma sanguíneo de 4.263 personas de entre 18 y 95 años, y medir cerca de 3.000 proteínas en cada una, los investigadores esperaban ver un deterioro gradual. Encontraron, en cambio, un recorrido a saltos.
Los cambios se concentran en tres olas que rompen tras períodos de aparente calma. Ocurren, en promedio, alrededor de los 34, los 60 y los 78 años. La primera sorprende por temprana: a los treinta y tantos, cuando casi nadie se siente viejo, el cuerpo ya inició una transición. La segunda llega cerca de los 60. Y la tercera, la más pronunciada de todas, se manifiesta alrededor de los 78 y los 80 años. Es en ese último tramo donde, en términos estrictamente biológicos, empezaría la vejez.
Cada ola trae consigo cambios distintos. En la de los 60 aparecen proteínas asociadas a la enfermedad cardiovascular. En la de los 78, proteínas ligadas a enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer. Por eso empezar a envejecer no es un instante, sino un proceso largo con momentos de mayor intensidad. Y esos momentos son, justamente, oportunidades para revisar la salud a tiempo: la presión y el corazón alrededor de los 60, la memoria y la autonomía conforme se acercan los 78.
Hay un matiz importante. El mismo estudio halló personas cuya edad biológica no coincidía con la del calendario: individuos de muchos años con un perfil sanguíneo más joven de lo esperado. La diferencia no la marcaba la fecha de nacimiento, sino la forma de vivir. El movimiento, el descanso, la alimentación, los vínculos y el propósito dejan huella en el cuerpo. La edad avanzada, por sí sola, no condena a nadie a la fragilidad.
La respuesta de la sociedad: la vejez es también una construcción
Ahora bien, aunque la biología marque olas, cuándo consideramos «viejo» a alguien es, en buena medida, una decisión social. La vejez no es solo una cifra en el cuerpo: es una idea que cada cultura y cada época construyen. Lo que hace un siglo se llamaba «edad avanzada» hoy puede ser apenas el comienzo de una etapa activa, y esa frontera se ha ido corriendo hacia adelante conforme aumenta la esperanza de vida.
Esa mirada social influye en la vida real más de lo que parece. Cuando una sociedad asocia la vejez con inutilidad o con carga, empuja a las personas mayores a un lugar de invisibilidad que no les corresponde. Cuando, en cambio, reconoce en ellas experiencia, derechos y capacidad de aportar, la frontera de la vejez se vuelve menos un final y más una etapa con sentido propio. La percepción, además, cambia según quién responde: las personas jóvenes tienden a ubicar el inicio de la vejez más temprano, mientras que quienes tienen más años suelen correr ese límite hacia adelante.
La respuesta de la ley: en Costa Rica, la vejez empieza a los 65
Hay, por último, una tercera respuesta, y esta sí tiene una fecha precisa. En Costa Rica, la Ley 7935, Ley Integral para la Persona Adulta Mayor, establece que una persona es adulta mayor a partir de los 65 años. No es un dato menor: a partir de esa edad, la persona queda cubierta por un marco de derechos específicos que el Estado tiene la obligación de garantizar, en materia de salud, pensión, protección frente al abandono y participación en la vida comunitaria.
Conviene notar la distancia entre las tres respuestas. La biología ubica la vejez propiamente dicha cerca de los 78. La sociedad la mueve según sus prejuicios y sus épocas. Y la ley costarricense la fija en los 65, no porque ahí termine nada, sino porque a partir de ese punto la persona adulta mayor es titular de una protección reforzada. Esa cifra legal no describe un cuerpo: describe un compromiso del país con quienes han llegado a esa edad.
Para usted, que cuida a su papá o a su mamá, las tres respuestas se combinan en algo práctico. La biología le dice dónde poner atención a la salud a lo largo de los años. La mirada social le recuerda que su ser querido no deja de ser una persona plena por cumplir años. Y la ley le da un respaldo concreto: al llegar a los 65, su familiar tiene derechos que puede exigir. Envejecer, al final, no es un día en el calendario. Es un camino que se recorre mejor acompañado y con información.
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Lea también nuestras notas de la sección «Su Derecho Hoy» sobre los derechos de las personas adultas mayores en Costa Rica.
Nota sobre fuentes: Los datos biológicos provienen del estudio dirigido por el profesor Tony Wyss-Coray, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, publicado en la revista Nature Medicine, que analizó el plasma sanguíneo de 4.263 personas de entre 18 y 95 años e identificó tres olas de cambio molecular en torno a los 34, 60 y 78 años. La definición legal de persona adulta mayor corresponde a la Ley 7935, Ley Integral para la Persona Adulta Mayor, de la República de Costa Rica, que la fija a partir de los 65 años.




