En apenas veinte años, Costa Rica pasó de 263.431 a 638.378 personas de 65 años y más. Pero el cambio demográfico va mucho más allá de contar canas: transforma los hogares, el empleo, las pensiones, los cuidados, los territorios y la manera en que debemos prevenir la violencia y el abandono.
CONTEXTO. Por: Eduardo Méndez, Director de www.costaricamayor.com
Costa Rica no está esperando el envejecimiento de su población. Ya está viviendo dentro de él. Las nuevas cifras dibujan un país muy distinto al de hace apenas dos décadas y anticipan cambios todavía mayores. Las proyecciones oficiales del INEC estiman que hacia 2050 aproximadamente una de cada cuatro personas tendrá 65 años o más y que la proporción de esta población se duplicará entre 2024 y 2044. El proceso responde, entre otros factores, a una combinación de mayor supervivencia y una fecundidad extraordinariamente baja: en 2024 la tasa global de fecundidad cayó a 1,12 hijos e hijas por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional. El INEC incluso proyecta que la población total del país comenzaría a disminuir alrededor de 2045.
1. De 263 mil a 638 mil personas mayores en solo veinte años
En 2006 Costa Rica registraba 263.431 personas de 65 años y más, equivalentes al 6,2% de la población; para 2026 son 638.378, o el 12,2%. Es decir, en veinte años el número aumentó en aproximadamente 375 mil personas, un crecimiento cercano al 142%, mientras que su peso relativo prácticamente se duplicó. También aparece claramente la feminización del envejecimiento: en 2026 las mujeres representan el 53,1% y los hombres el 46,9% de esta población. No estamos, por tanto, ante una variación coyuntural sino ante una modificación profunda de la estructura de edades del país. La tendencia continuará: las últimas proyecciones nacionales del INEC sitúan a las personas de 65 años y más como el grupo etario que crecerá con mayor rapidez y estiman que hacia 2050 representarán cerca del 25% de la población.

2. Montes de Oca ya tiene más personas mayores que menores de 15 años
La segunda infografía permite ver que el envejecimiento tampoco ocurre al mismo ritmo en todo el territorio. Aquí conviene entender bien el índice de envejecimiento: mide cuántas personas de 65 años y más existen por cada 100 menores de 15 años; no significa necesariamente que esos cantones tengan la mayor cantidad absoluta de personas mayores. En Montes de Oca, el índice pasó de 40,2 en 2006 a 131,0 en 2026: por cada 100 menores de 15 años hay ya 131 personas de 65 años o más. San José alcanza 108,6 y San Mateo 104,8. Las proyecciones para 2046 son aún más contundentes: Montes de Oca llegaría a 340,2, San José a 302,8 y Belén a 294,6. El dato tiene enormes implicaciones para las municipalidades: los planes reguladores, las aceras, el transporte, la vivienda accesible, los espacios públicos, los servicios comunitarios y la oferta de cuidados tendrán que planificarse para territorios con una composición etaria radicalmente distinta. Ya en la infografía de 2025 del INEC, Montes de Oca aparecía como el cantón con mayor índice de envejecimiento, con 121,5 personas mayores por cada 100 menores de 15 años.

3. De 9,4 a 17,6 personas mayores por cada 100 personas en edad de trabajar
La tercera infografía muestra uno de los cambios con mayores consecuencias económicas y sociales. La denominada razón de dependencia demográfica de las personas mayores pasó de 9,4 personas de 65 años y más por cada 100 personas entre 15 y 64 años en 2006, a 11,8 en 2016 y 17,6 en 2026; para 2036 alcanzaría 25,2. En apenas veinte años, entonces, el indicador aumentó aproximadamente un 87%. Es fundamental aclarar que esta razón no significa que una persona mayor sea necesariamente “dependiente” ni que todas las personas entre 15 y 64 años estén trabajando: es un indicador demográfico utilizado para analizar la relación entre grupos de edad. Sin embargo, sí ayuda a comprender el desafío de financiar pensiones, salud y cuidados con una base proporcionalmente menor de población en edades tradicionalmente laborales. La propia CCSS reconoce el envejecimiento como uno de los principales desafíos del IVM: a setiembre de 2025 registraba alrededor de 1,58 millones de cotizantes y casi 394 mil pensionados, y desde enero de 2026 la cotización total al régimen aumentó de 11,16% a 11,66%.

4. Casi tres de cada diez jefaturas de hogar corresponden a personas mayores
El envejecimiento también está cambiando quién sostiene y dirige los hogares costarricenses. De acuerdo con los datos representados en la cuarta infografía, las personas adultas mayores constituían el 18,6% de las jefaturas de hogar en 2015, aumentaron al 24,4% en 2020 y llegaron al 28,7% en 2025. Dicho de otra manera, cerca de tres de cada diez personas identificadas como jefes o jefas de hogar tienen ya 65 años o más. Paralelamente, la pobreza continúa siendo un problema: afectaba al 14,1% de las personas mayores en 2015, saltó al 21% en 2020 y descendió al 18,5% en 2025. La recuperación frente al golpe de la pandemia es visible, pero el indicador permanece 4,4 puntos porcentuales por encima del registrado diez años antes. La ENAHO 2025 confirma además que la protección social sigue siendo decisiva: entre los hogares clasificados como pobres multidimensionales, la carencia asociada a personas adultas mayores sin pensión afectaba al 14,2%. Esto recuerda que ser propietario, jefe de hogar o vivir con familiares no necesariamente equivale a contar con seguridad económica suficiente.

5. El dato laboral que debería preocuparnos no es el desempleo: es el 73,6% de informalidad
La quinta infografía contiene una aparente paradoja. Entre las personas adultas mayores, el desempleo registrado baja de 1,4% en 2011 a 0,8% en 2026, y el subempleo pasa de 10,4% a 4,2%; visto aisladamente podría parecer una excelente noticia. Pero el dato que cambia la lectura es otro: el 73,6% de las personas mayores ocupadas trabaja en la informalidad. En 2011 y 2016 era 75,5%, por lo que la reducción en quince años ha sido mínima. Además, una tasa baja de desempleo en este grupo no debe interpretarse como prueba de una alta inclusión laboral: muchas personas de 65 años y más están fuera de la fuerza de trabajo y, por definición estadística, no aparecen como desempleadas. Para dimensionar la brecha, en el segundo trimestre de 2026 el INEC estimó 785 mil empleos informales dentro de aproximadamente 2,18 millones de personas ocupadas en todo el país, alrededor del 36%; entre las personas mayores, la proporción de informalidad mostrada en la infografía es aproximadamente el doble. El MTSS ya había identificado en 2025 que las personas de 60 años y más eran el grupo de edad más afectado por la informalidad.

6. Envejecer también puede significar enfrentar abandono, maltrato y necesidad urgente de protección
El último dato obliga a abandonar cualquier visión romántica de la vejez. CONAPAM reportó 1.154 casos de abandono y maltrato atendidos durante 2025, una cifra que para el primer semestre ya equivalía a más del 90% de los 1.280 casos registrados durante todo 2024. Además, entre noviembre de 2024 y enero de 2025, 152 personas adultas mayores tuvieron que esperar o requerir reubicación debido a abandono o agresión; solo diciembre concentró 106 de esos casos, aproximadamente el 70%. El problema no es nuevo: CONAPAM señala que los casos de abandono que requieren intervención han aumentado fuertemente durante la última década. La violencia puede ser física, psicológica, patrimonial, sexual, negligencia o abandono, y no debe normalizarse como un “problema familiar”. CONAPAM mantiene disponible la Línea Dorada 1165, las 24 horas, y ante situaciones de riesgo también se puede acudir al 911, al OIJ o a los juzgados correspondientes.

Costa Rica tiene menos tiempo del que parece
Las seis infografías cuentan una sola historia: Costa Rica está dejando de ser una sociedad predominantemente joven y se está convirtiendo rápidamente en una sociedad longeva. Eso no debe plantearse como una tragedia. Vivir más es uno de los grandes logros sociales del país. El verdadero desafío consiste en determinar si esos años adicionales se vivirán con ingresos suficientes, autonomía, salud, vivienda adecuada, oportunidades de participación, empleo decente cuando la persona quiera continuar trabajando, protección frente a la violencia y acceso a cuidados cuando sean necesarios.
El reto se vuelve todavía más urgente cuando se observa la población de edades más avanzadas. El Programa Estado de la Nación advirtió en 2025 que hacia 2050 el número de personas de 80 años y más podría cuadruplicarse, justamente el grupo en el que aumentan las probabilidades de requerir apoyos de larga duración. El mismo análisis estimó que Costa Rica destina alrededor del 0,1% del PIB a servicios de cuidado y apoyo dirigidos a la población mayor, frente a cerca del 3% como promedio de referencia de países de la OCDE.
Costa Rica ya cuenta con una Política Nacional de Cuidados 2021-2031 y con el Sistema Nacional de Cuidados y Apoyos, que contemplan alternativas como atención domiciliaria, centros diurnos, teleasistencia, residencias, servicios de respiro y apoyo a las personas cuidadoras. El problema central ya no es reconocer que habrá más demanda, sino lograr que esas políticas alcancen cobertura, financiamiento, calidad y presencia territorial suficientes.
El Día de la Persona Adulta Mayor de 2026 debería servir, entonces, para algo más que celebrar una fecha. Los datos están diciendo hacia dónde va Costa Rica. La pregunta es si nuestras instituciones, comunidades, empresas y familias están cambiando con la misma velocidad.
Fuentes oficiales consultadas: INEC, CONAPAM, CCSS, MTSS e IMAS.








