La demencia está retrocediendo en los países de ingresos altos: qué debería aprender Costa Rica de esa noticia

Jul 30, 2026 | Recientes, Salud, slider salud | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

SALUD. Por: Eduardo Méndez, Director de www.costaricamayor.com

Durante casi tres décadas, el riesgo individual de desarrollar demencia cayó de forma sostenida en Norteamérica y Europa. No fue un milagro médico ni un fármaco: fue salud cardiovascular, educación y prevención. La pregunta que este país tiene la obligación de hacerse es si está construyendo, o desmantelando, las condiciones que hicieron posible ese descenso.

Doña Mercedes tiene 71 años y vive en Goicoechea. Cada martes camina hasta el EBAIS para su control de presión, toma su pastilla para el colesterol sin fallar y, desde que enviudó, se anotó en un grupo de baile con unas amigas. No lo sabe, pero cada una de esas decisiones —la caminata, la pastilla, el grupo— está actuando sobre la salud de su cerebro tanto como sobre la de su corazón.

La idea que ella encarna es esta: la demencia no es un destino inevitable de la vejez. Y hay evidencia dura para sostenerlo.

Un descenso silencioso que casi nadie celebró

Entre 1988 y 2015, la incidencia de demencia —es decir, la tasa de casos nuevos— cayó cerca de un 13% por década en poblaciones de Estados Unidos y Europa, según un análisis publicado en la revista Neurology en 2020 que combinó siete grandes estudios de cohorte con más de 49.000 personas mayores de 65 años seguidas durante décadas. Traducido a personas concretas, los propios investigadores estimaron que, de mantenerse esa tendencia, unos 15 millones de personas menos desarrollarían demencia hacia 2040 en los países de altos ingresos.

Conviene entender la distinción, porque es fuente de confusión permanente en los titulares. El número total de personas con demencia sigue creciendo en el planeta, simplemente porque hay más personas mayores que nunca. Pero el riesgo de que una persona determinada, a una edad determinada, desarrolle la enfermedad, ha venido bajando. La primera cosa es demografía. La segunda es prevención. Y la segunda es la que importa para la política pública.

¿A qué se debió el descenso? Los investigadores apuntan a una combinación poco espectacular pero contundente: mejor control de la presión arterial y del colesterol, tratamiento más temprano de la aterosclerosis, reducción del tabaquismo y —un factor que aparece una y otra vez— más años de educación. Lo que protege al corazón protege al cerebro. La misma placa que tapa una arteria coronaria daña la vasculatura cerebral. No hubo pastilla mágica. Hubo sistemas de salud haciendo bien lo básico durante cuarenta años.

Por qué esta noticia debería interesarle a Costa Rica más que a nadie

Costa Rica construyó, durante la segunda mitad del siglo XX, exactamente el tipo de infraestructura que produjo ese descenso en los países de ingresos altos: cobertura universal de salud, una red de atención primaria capilarizada en EBAIS, control comunitario de enfermedades crónicas y una expansión educativa que sacó a generaciones enteras de la escolaridad mínima. Este país tiene, en teoría, las piezas para replicar —incluso mejorar— la historia del descenso de la demencia. La pregunta es si las está usando.

Los datos invitan a la cautela. A julio de 2026, la mejor estimación disponible es que en Costa Rica viven alrededor de 43.000 personas con algún tipo de demencia, dentro de un rango prudente de 40.000 a 45.000. Eso equivale a cerca del 0,8% de la población nacional, aproximadamente ocho personas por cada mil habitantes, con unos siete mil casos nuevos al año como cifra orientativa. Conviene decirlo con todas sus letras: el país no cuenta todavía con un registro nacional actualizado que indique con exactitud cuántas personas tienen un diagnóstico de demencia en 2026, de modo que hablamos de una estimación epidemiológica y no de un conteo de expedientes clínicos.

La cifra se construye a partir de fuentes convergentes. El estudio internacional Global Burden of Disease calculó 32.637 personas con demencia en el país en 2019 y proyectó 114.227 para 2050; una actualización con datos de 2021 estimó 35.074 personas y algo más de seis mil casos nuevos ese año. Al aplicar la tendencia de crecimiento demográfico y epidemiológico, el resultado para 2026 ronda las 43.000 personas, sobre una población nacional que el Instituto Nacional de Estadística y Censos proyecta en torno a los 5,2 millones de habitantes. La cifra real podría ser mayor por el subdiagnóstico, sobre todo en etapas iniciales, en zonas rurales y en personas con acceso limitado a neurología, geriatría o neuropsicología. La Universidad de Costa Rica desarrolla en este momento la sexta ronda del estudio CRELES, que incorporará evaluaciones específicas para conocer mejor los patrones nacionales de la enfermedad. El envejecimiento costarricense es real, acelerado y no espera.

Y aquí aparece la contradicción que este país debe mirar de frente. Mientras la demencia retrocedía en los países de ingresos altos gracias al control cardiovascular, en Costa Rica la obesidad, la diabetes y la hipertensión avanzan. Especialistas nacionales advierten que una proporción creciente de las personas mayores de 60 años podría verse afectada por enfermedades neurodegenerativas en los próximos años, con la obesidad, la hipertensión, la diabetes y el sedentarismo señalados una y otra vez como los principales factores de riesgo modificables. Modificables. Esa es la palabra que cambia todo. Lo que se puede modificar, se puede prevenir.

La evidencia ya no viene solo de afuera

Alguien podría objetar que todo esto son estudios del hemisferio norte, con poblaciones distintas y realidades ajenas. Ya no es así. En  julio de 2026, la revista The Lancet publicó los resultados del estudio LatAm-FINGERS, el primer ensayo clínico aleatorizado multicéntrico de la región sobre prevención del deterioro cognitivo, en el que Costa Rica participó junto a otros diez países latinoamericanos, con 1.065 personas de entre 60 y 77 años. El ensayo comparó a dos grupos de personas adultas mayores con riesgo de demencia. Quienes siguieron un programa estructurado basado en cinco pilares —actividad física, alimentación saludable, control cardiovascular, entrenamiento cognitivo y socialización— obtuvieron mejoras cognitivas un 55% superiores a las del grupo que solo recibió recomendaciones generales de salud.

El mensaje es inequívoco y ya no admite el pretexto de la distancia cultural: actuar antes de que aparezca la enfermedad funciona, y funciona también en personas latinoamericanas, con protocolos adaptados a nuestra realidad. La prevención dejó de ser una promesa importada.

La lección, y la advertencia

La primera lección es que la demencia se combate en el EBAIS antes que en el hospital. Cada control de presión que no se hace, cada persona diabética sin seguimiento, cada consulta que la lista de espera devora, es también un caso potencial de deterioro cognitivo que no se previno. La prevención de la demencia no es una política de neurología: es una política de atención primaria, de educación y de comunidad.

La segunda lección es más incómoda. El descenso en los países de ingresos altos no está garantizado hacia adelante: el propio análisis internacional advierte que el avance de la obesidad y la diabetes podría revertir la tendencia en las próximas generaciones. Costa Rica corre ese riesgo con ventaja perdida, porque sus indicadores de sobrepeso y enfermedad metabólica ya son alarmantes. Este país podría estar a tiempo de subirse a la ola del descenso, o de perderla por inacción.

La Ley Integral para la Persona Adulta Mayor, Ley 7935, consagra el derecho de las personas mayores a la salud y a una vejez digna. Ese derecho no se ejerce con discursos: se ejerce con EBAIS que funcionan, con listas de espera que no matan, con centros diurnos que mantienen a doña Marta bailando los martes. La prevención de la demencia es, en el fondo, una prueba de si este país se toma en serio los derechos que ya escribió en su legislación.

Termino aquí.

¿Está Costa Rica dispuesta a defender la salud cardiovascular de sus mayores con la misma energía con que teme el envejecimiento, o va a esperar a que la ola del descenso pase de largo?


Comparta este artículo con quien lleva el control de salud de una persona mayor en su familia: la prevención empieza por saber que existe.

Cuéntenos a hola@costaricamayor.com si en su EBAIS reciben acompañamiento para el control cardiovascular de las personas mayores, o si la lista de espera se lo impide.

Nota sobre fuentes: este artículo se apoya en el análisis internacional sobre el descenso de la incidencia de demencia (estudio publicado en Neurology, 2020, sobre siete cohortes y más de 49.000 personas, reseñado por The Economist en julio de 2026) y en los resultados del estudio LatAm-FINGERS publicados en The Lancet el 13 de julio de 2026 con participación costarricense. La estimación de personas con demencia en Costa Rica se deriva del estudio Global Burden of Disease (The Lancet Public Health) y de sus actualizaciones posteriores, aplicadas a las proyecciones de población del INEC; se trata de una estimación epidemiológica, no de un registro oficial. La sexta ronda del estudio CRELES, de la Universidad de Costa Rica, aportará datos nacionales más precisos. 

Artículos relacionados