Apnea del sueño y memoria: ¿dormir bien puede proteger el cerebro?
Por Alexandra Rivera, psicóloga clínica y neuropsicóloga
Cuando pensamos en cuidar el cerebro solemos imaginar ejercicios de memoria, una alimentación saludable, actividad física o una vida social activa. Rara vez consideramos algo tan cotidiano como dormir.
Sin embargo, la relación entre la apnea del sueño y la memoria está recibiendo cada vez más atención científica. La calidad del descanso puede influir de manera importante en el funcionamiento cognitivo y formar parte de las estrategias dirigidas a reducir los factores de riesgo asociados con el deterioro cognitivo y las demencias.
Un estudio publicado recientemente en la revista científica Alzheimer’s & Dementia aporta nuevos datos sobre esta relación. La investigación analizó a 2.795 personas cognitivamente sanas, de entre 40 y 70 años, participantes del Australian Healthy Brain Project. Sus resultados mostraron que las personas con apnea obstructiva del sueño presentaban un peor desempeño en pruebas de memoria, especialmente cuando la condición no estaba siendo tratada.
¿Qué es la apnea obstructiva del sueño?
La apnea obstructiva del sueño es un trastorno en el que la respiración se interrumpe repetidamente durante la noche debido al estrechamiento o cierre de las vías respiratorias.
Las pausas pueden durar pocos segundos, pero ocurrir decenas o incluso cientos de veces mientras la persona duerme. En muchas ocasiones, quien presenta el trastorno no es consciente de lo que sucede.
Generalmente, son la pareja o los familiares quienes identifican algunas de las señales más frecuentes:
- ronquidos intensos;
- silencios o pausas prolongadas en la respiración;
- jadeos o sensación de ahogo;
- despertares bruscos;
- cansancio al levantarse;
- somnolencia durante el día;
- dificultades para concentrarse;
- dolores de cabeza durante la mañana.
Roncar no significa necesariamente que una persona tenga apnea del sueño. No obstante, cuando los ronquidos son fuertes y se acompañan de pausas respiratorias, cansancio persistente o sueño excesivo durante el día, es recomendable solicitar una valoración médica.
¿Cómo puede afectar la apnea del sueño a la memoria?
Mientras dormimos, el cerebro no permanece inactivo. Durante las diferentes etapas del sueño consolida recuerdos, fortalece los aprendizajes adquiridos durante el día, reorganiza información y participa en procesos esenciales para conservar un funcionamiento cognitivo saludable.
Cuando el sueño se interrumpe constantemente por pausas respiratorias, estos procesos pueden verse afectados. La fragmentación del descanso y las disminuciones repetidas en la oxigenación pueden dificultar la atención, la concentración y la capacidad para registrar y recuperar información.
El estudio encontró que las personas con apnea obstructiva del sueño no tratada mostraban un peor rendimiento en las tareas de memoria. En cambio, quienes informaron estar recibiendo tratamiento obtuvieron resultados comparables con los participantes sin apnea.
Este hallazgo es relevante, pero debe interpretarse con prudencia. La investigación fue observacional y transversal. Por tanto, no demuestra que la apnea del sueño cause por sí sola una demencia ni que su tratamiento garantice prevenirla.
Lo que sí evidencia es una asociación entre la apnea no tratada, un menor rendimiento de la memoria y una mayor presencia de factores relacionados con el riesgo de demencia.
No todo olvido significa demencia
En consulta es frecuente escuchar a personas preocupadas porque olvidan nombres, pierden el hilo de una conversación, dejan objetos en lugares inusuales o sienten que les cuesta más concentrarse.
La primera reacción suele ser pensar en una demencia. Sin embargo, la memoria es un proceso complejo que puede verse afectado por numerosas condiciones.
El estrés, la ansiedad, la depresión, algunos medicamentos, el dolor, ciertas enfermedades, el consumo de alcohol y los trastornos del sueño también pueden influir en el rendimiento cognitivo.
Por eso es importante no sacar conclusiones precipitadas, pero tampoco ignorar los cambios persistentes.
Una evaluación profesional permite analizar cómo comenzaron los olvidos, con qué frecuencia ocurren, si están interfiriendo con las actividades cotidianas y si existen factores emocionales, médicos o relacionados con el sueño que puedan estar influyendo.
Dormir ocho horas no siempre significa dormir bien
Con frecuencia se piensa que una persona descansa adecuadamente porque permanece siete u ocho horas en la cama. Sin embargo, la cantidad de horas no es el único indicador de un sueño saludable.
Dormir bien implica alcanzar un descanso suficientemente continuo, reparador y con una respiración adecuada.
Una persona puede pasar muchas horas acostada y despertar agotada si su sueño fue interrumpido constantemente. También puede sentir somnolencia durante el día, irritabilidad, dificultades de atención o una sensación persistente de “mente nublada”.
Por eso, al hablar de prevención del deterioro cognitivo, no basta con preguntar cuánto duerme una persona. También debemos preguntarnos cómo duerme y cómo se siente al despertar.
La mala calidad del sueño no debe atribuirse únicamente a la edad
A medida que envejecemos pueden cambiar los horarios, la duración y la profundidad del sueño. Esto no significa que debamos normalizar el cansancio permanente, los despertares constantes o las dificultades respiratorias durante la noche.
Muchas personas atribuyen estos problemas exclusivamente a la edad, cuando podrían existir condiciones tratables que están afectando tanto su bienestar como su salud cerebral.
Envejecer no significa resignarse a dormir mal.
Si una persona ronca intensamente, presenta pausas respiratorias, despierta con dolor de cabeza, tiene sueño excesivo durante el día o permanece fatigada a pesar de haber dormido varias horas, conviene buscar orientación médica.
La apnea del sueño puede diagnosticarse y tratarse
El diagnóstico puede requerir un estudio especializado del sueño. Dependiendo de las características de cada persona y de la gravedad del trastorno, el tratamiento puede incluir cambios en el estilo de vida, dispositivos orales o equipos de presión positiva continua en las vías respiratorias, conocidos como CPAP.
Estos equipos ayudan a mantener abiertas las vías respiratorias mientras la persona duerme y evitan las interrupciones repetidas de la respiración. La indicación del tratamiento debe realizarla un profesional de la salud después de una valoración individual.
La buena noticia es que la apnea obstructiva del sueño puede identificarse y tratarse. Atenderla oportunamente puede mejorar el descanso, la energía durante el día, la concentración y la calidad de vida.
Además, los resultados recientes sugieren que su tratamiento podría constituir una oportunidad para apoyar la salud cerebral a largo plazo, aunque todavía se necesitan investigaciones longitudinales para determinar con mayor precisión su efecto sobre el desarrollo de deterioro cognitivo y demencia.
Dormir bien también es cuidar la memoria
Cuando hablamos de prevención de las demencias solemos recomendar controlar la hipertensión y la diabetes, realizar actividad física, mantener vínculos sociales, cuidar la audición y estimular el cerebro.
Hoy debemos incorporar otro elemento a esa conversación: la calidad del sueño.
La memoria no comienza a cuidarse cuando aparecen los olvidos. Se protege todos los días mediante decisiones que pueden parecer pequeñas, pero que tienen un impacto importante sobre nuestra salud.
Dormir bien es una de ellas.
Tal vez no dormimos únicamente para descansar. También dormimos para aprender, recordar y proteger nuestro cerebro.





