Por: Redacción www.costaricamayor.com
El envejecimiento de la población, la reducción de la natalidad, el empleo informal y las nuevas modalidades laborales obligan a Costa Rica a reformar su sistema de pensiones para garantizar una jubilación digna y sostenible.
Vivir más años representa uno de los mayores logros sociales de Costa Rica. Sin embargo, el aumento de la esperanza de vida también plantea una pregunta urgente: ¿está preparado el sistema de pensiones para financiar jubilaciones más prolongadas y asegurar ingresos suficientes durante la vejez?
Este debate ocupó un lugar central en el Seminario Internacional FIAP–WPA 2026, denominado “Pensiones para el Futuro”, realizado en el Hotel Marriott Hacienda Belén. El encuentro reunió a autoridades, especialistas internacionales y representantes del sector previsional para analizar el futuro de las pensiones en Costa Rica.
Durante las jornadas se abordaron temas como la sostenibilidad financiera, el envejecimiento poblacional, la informalidad laboral, el ahorro voluntario, la inversión de los fondos, la educación previsional, la inteligencia artificial y los cambios en las formas de empleo.
Envejecimiento poblacional pone presión sobre las pensiones
El sistema de pensiones costarricense deberá responder a una población que vive más años y a una proporción creciente de personas mayores.
Durante la inauguración del seminario, la presidenta de la República, Laura Fernández, señaló que el envejecimiento acelerado, la reducción de la natalidad y la informalidad laboral representan importantes desafíos para la sostenibilidad de las pensiones.
De acuerdo con las proyecciones citadas por la mandataria, la esperanza de vida en Costa Rica podría pasar de 81 a 84 años para 2050. Para ese momento, aproximadamente una de cada cuatro personas tendría 65 años o más.
Este cambio demográfico implicaría una menor proporción de personas trabajadoras activas por cada persona pensionada. Por esa razón, Fernández destacó la necesidad de generar empleo formal y productivo, así como aumentar la participación laboral de las mujeres, las personas jóvenes y las personas trabajadoras de mayor edad.
Cinco retos del sistema de pensiones en Costa Rica
1. Garantizar la sostenibilidad financiera con equidad
El primer desafío consiste en asegurar que los regímenes tengan los recursos necesarios para pagar las pensiones actuales y futuras.
La sostenibilidad se encuentra condicionada por distintos factores:
- El aumento de la longevidad.
- La disminución de los nacimientos.
- La informalidad laboral.
- Los bajos salarios.
- El desempleo y el subempleo.
- Las interrupciones en las cotizaciones.
- Las nuevas modalidades de contratación.
Las reformas no deberían limitarse a aumentar la edad de jubilación, elevar las cuotas o reducir los beneficios. Costa Rica necesita analizar de manera integral la formalización del empleo, la productividad, la administración de los fondos y la protección de las personas en situaciones de vulnerabilidad.
Cualquier modificación debe realizarse con transparencia, evidencia técnica y diálogo social.
2. Ampliar la cobertura de las personas trabajadoras informales
Una parte de la población podría llegar a la vejez sin una pensión contributiva o con ingresos insuficientes. El riesgo es mayor entre quienes trabajan por cuenta propia, en la informalidad o con ingresos inestables.
Esta situación afecta a personas dedicadas a la agricultura, el trabajo doméstico, las ventas ambulantes, los pequeños emprendimientos, los servicios ocasionales y las plataformas digitales.
Las mujeres también enfrentan mayores desventajas cuando interrumpen su vida laboral para cuidar a niños, personas con discapacidad o familiares mayores.
Llegar a la vejez sin pensión no siempre responde a una falta de planificación. En muchos casos, es el resultado de trayectorias laborales marcadas por la pobreza, la desigualdad, la informalidad y el trabajo de cuidados no remunerado.
3. Asegurar pensiones suficientes para vivir dignamente
Tener una pensión no garantiza automáticamente una adecuada calidad de vida. También debe evaluarse si su monto permite cubrir las necesidades reales de la persona.
Una jubilación puede extenderse durante 20, 25 o más años. A lo largo de ese periodo pueden aumentar los gastos relacionados con medicamentos, transporte, ayudas técnicas, adaptación de la vivienda, asistencia personal y cuidados de larga duración.
La suficiencia de las pensiones debe analizarse considerando:
- El costo de la vida y la inflación.
- Los gastos de salud y cuidado.
- Las condiciones de la vivienda.
- El lugar de residencia.
- Las redes familiares y comunitarias.
- Las oportunidades de participación social.
Una pensión digna no debería permitir solamente la supervivencia. También debe favorecer la autonomía, la seguridad y el ejercicio de los derechos durante la vejez.
4. Promover el ahorro para la jubilación sin aumentar la desigualdad
El ahorro previsional complementario puede ayudar a mejorar los ingresos durante la jubilación, pero no todas las personas tienen la misma capacidad para ahorrar.
Recomendar un mayor ahorro resulta insuficiente cuando una persona apenas logra cubrir sus necesidades básicas. La estrategia debe acompañarse de políticas para mejorar los salarios, reducir la informalidad, favorecer el empleo estable y prevenir el endeudamiento excesivo.
La educación previsional también debe comenzar desde edades tempranas. Cada persona trabajadora debería conocer:
- Cuántas cuotas tiene registradas.
- Cuándo podría pensionarse.
- Cómo se calcularía su pensión.
- Cuál es la función del ROPC.
- Qué opciones de ahorro voluntario existen.
- Cuáles son los costos y riesgos de cada alternativa.
La educación financiera debe facilitar decisiones informadas y proteger a la población frente a fraudes o promesas engañosas.
5. Adaptar las pensiones a las nuevas formas de trabajo
La inteligencia artificial, las plataformas digitales, el teletrabajo y la contratación temporal están transformando el mercado laboral.
Los sistemas de pensiones fueron diseñados principalmente para personas con empleos estables, salarios periódicos y cotizaciones continuas durante varias décadas. Esa trayectoria ya no representa la realidad de toda la población.
Cuando el trabajo se vuelve informal, temporal o fragmentado, también pueden interrumpirse los aportes al sistema de pensiones. Por ello, se necesitan mecanismos de afiliación más accesibles y flexibles para quienes desempeñan nuevas modalidades laborales.
La digitalización puede facilitar trámites y consultas, pero también puede excluir a quienes no tienen acceso a internet, dispositivos o habilidades tecnológicas. La modernización debe conservar alternativas presenciales, accesibilidad y acompañamiento humano.
El empleo de las personas mayores también forma parte del debate
La participación laboral de las personas mayores puede contribuir a la productividad, fortalecer las cotizaciones y aprovechar la experiencia acumulada durante décadas.
Para lograrlo, Costa Rica debe combatir el edadismo laboral, eliminar límites de edad injustificados y ofrecer capacitación continua, actualización tecnológica, horarios flexibles y espacios de trabajo intergeneracionales.
Sin embargo, continuar trabajando debe ser una decisión libre. Nunca debería convertirse en una obligación provocada por la ausencia o insuficiencia de una pensión.
Las familias no pueden asumir solas el costo de la longevidad
Prepararse para la jubilación incluye responsabilidades personales, pero la seguridad económica durante la vejez no puede depender exclusivamente de cada individuo.
Costa Rica necesita empleo digno, instituciones sólidas, supervisión efectiva de los fondos y un sistema nacional de cuidados que responda al envejecimiento poblacional.
Cuando una pensión no alcanza, las familias suelen asumir los gastos y las tareas de cuidado. Con frecuencia son las mujeres quienes reducen su jornada o abandonan el empleo, afectando sus propias cotizaciones y posibilidades de ahorro.
De esta manera, la insuficiencia de las pensiones puede reproducir la desigualdad entre generaciones.
Costa Rica debe planificar jubilaciones más largas
El encuentro “Pensiones para el Futuro” dejó una conclusión central: vivir más años obliga a mirar más allá de la fecha de jubilación.
El país necesita un sistema de pensiones sostenible, suficiente e inclusivo, capaz de responder a trayectorias laborales diversas y garantizar seguridad económica durante toda la vejez.
La longevidad debe celebrarse, pero también planificarse. Vivir más debe significar pensionarse mejor, conservar la autonomía y disponer de los recursos necesarios para disfrutar una vejez digna.






