Esta semana, llame a su mamá: la pregunta que nadie le hace y que ella está esperando

May 10, 2026 | Frecuencia de vida, slider frecuencia de vida | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

Por: Redacción Costa Rica Mayor

Hay una conversación que las familias costarricenses repiten cada domingo, casi sin darse cuenta. Empieza igual y termina igual.

—¿Cómo está, mami?

—Bien, hijo, aquí.

—¿Y la presión?

—Estable.

—¿Tomó las pastillas?

—Sí, ya.

—¿Necesita algo?

—No, nada.

La llamada dura siete minutos. A veces diez. Cuelgan. Y ninguno de los dos se queda con la sensación de haber hablado de verdad.

No es culpa de nadie. Es la coreografía con la que aprendimos a relacionarnos con nuestros mayores cuando empezaron a envejecer. Les preguntamos por la salud, por los medicamentos, por la cita del próximo mes en el EBAIS, por si comió, por si durmió. Convertimos a nuestra mamá en una lista de chequeo médico. A nuestro papá, en un parte de novedades.

Y mientras tanto, dejamos de preguntarles por lo único que ya nadie más les pregunta: por su vida.

La memoria que sigue intacta cuando todo lo demás se borra

Los especialistas en envejecimiento lo saben hace años, aunque pocas familias lo escuchan. La memoria reciente es la primera que se deteriora con la edad. Por eso doña Rosa olvida si almorzó hace una hora, pero recuerda con precisión absoluta el nombre del muchacho con quien bailó su primer bolero en 1962, el color del vestido que llevaba esa noche, y la canción que sonaba.

«La memoria no se afecta de manera homogénea durante el envejecimiento ni en los procesos de deterioro cognitivo», explica la psicóloga Alexandra Rivera, consultada por Costa Rica Mayor. «Lo primero que se deteriora es la memoria reciente, el aprendizaje de nueva información y algunos procesos ejecutivos. Sin embargo, la memoria emocional y autobiográfica remota puede preservarse muchísimo más tiempo.»

La razón es neurológica. «Esos recuerdos no dependen de un sistema aislado de memoria, sino de múltiples redes cerebrales asociadas a la emoción, al significado personal, al lenguaje, a la identidad y a los vínculos afectivos», detalla Rivera. Estructuras cerebrales como la amígdala, vinculadas al procesamiento emocional, refuerzan los recuerdos ligados a momentos importantes: la infancia, un matrimonio, una graduación, la maternidad.

Esa memoria sigue ahí. Está esperando que alguien la visite.

Lo que cambia cuando uno cambia la pregunta

Una hija de 49 años, vecina de Curridabat, contó hace poco una experiencia que muchas familias podrían reconocer como propia. Su mamá, de 78, llevaba meses respondiendo con monosílabos. Las llamadas se habían vuelto trámites. Hasta que un domingo, en lugar de preguntar cómo estaba, le preguntó algo distinto:

—Mami, ¿cómo era el patio de la casa donde usted creció?

Hubo un silencio largo. Y después su mamá habló durante cuarenta y dos minutos seguidos. Le contó del palo de mango, del gallinero, del vecino que tocaba la guitarra los sábados, del día en que se cayó del cerco de nísperos y le quedó una cicatriz que todavía tiene en la rodilla derecha. Cosas que su hija nunca había escuchado en cincuenta años.

Cuando colgaron, la hija lloró. No de tristeza. De darse cuenta de cuánto no sabía.

Lo que ocurrió en esa llamada tiene explicación clínica. «Cuando un familiar invita a una persona mayor a recordar episodios de la vida temprana, el efecto puede ser muy significativo, tanto a nivel emocional como cognitivo», señala la psicóloga Rivera. «Favorece la conexión con la propia identidad, algo fundamental cuando la persona empieza a experimentar pérdidas funcionales. Le ayuda a recordar quién ha sido, dónde vivió, qué disfrutaba, cuáles eran sus roles. Le ayuda a sostener esa continuidad personal.»

Rivera lo ha visto en su propio salón de clases. «Tengo un estudiante adulto mayor, con diagnóstico de Alzheimer. Cuenta muy emocionado cosas de tiempo atrás, de cuando trabajaba como diseñando estructuras. Se le nota esa sensación de ‘aún soy persona’, esa identidad.»

Y agrega lo que probablemente sea la frase más importante para cualquier familia que tenga un mayor en casa: «Esto, más que estimular únicamente la memoria, estimula el yo, la autoestima, la sensación de que sigo perteneciendo. El valor no está tanto en la precisión del recuerdo, sino en la experiencia emocional de sentirse nuevamente conectado con la propia historia.»

No es nostalgia, es derecho

En Costa Rica Mayor insistimos en que las personas mayores son sujetos plenos de derechos. Eso suele entenderse en clave jurídica: derecho a la pensión, a la salud, a la vivienda, a vivir sin violencia. Y todo eso es cierto y urgente.

Eduardo Méndez, abogado y director de Costa Rica Mayor comenta que hay un derecho más silencioso, que no aparece en los titulares y que sin embargo determina si una persona vive o sobrevive su vejez: el derecho a seguir siendo alguien con historia, no apenas alguien con achaques.

La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, ratificada por Costa Rica mediante la Ley 9394, lo dice con palabras técnicas: derecho a la dignidad, a la identidad, a la participación. En lenguaje cotidiano significa esto: que su mamá tiene derecho a que alguien le pregunte qué soñaba ser cuando tenía quince años, y la escuche, añade Méndez.

Tres preguntas para esta semana

Si esta semana usted va a llamar a su mamá, a su papá, a una abuela o a una tía mayor, le proponemos cambiar el guion. No para reemplazar las preguntas de salud, que también son importantes, sino para hacerles espacio a estas tres:

¿Cuál es la primera canción que recuerda haber bailado? Esa pregunta abre una puerta que la pregunta sobre la presión arterial nunca abre. Detrás hay una fiesta, una persona, un vestido, una época.

¿Cómo era el lugar donde creció? Pídale que se lo describa con detalles. Los olores, los sonidos, los vecinos, las plantas del patio. Que dibuje con palabras una casa que probablemente ya no existe.

¿Qué soñaba ser cuando tenía quince años? Es la pregunta más reveladora de todas. Porque casi nadie se la ha hecho desde entonces. Y porque la respuesta —ya sea que cumplió ese sueño o no— casi siempre viene cargada de una verdad que las familias no conocen.

Si la conversación se traba, Rivera sugiere apoyarse en estímulos sensoriales: «Las fotografías muy antiguas, la música, los aromas, los relatos familiares pueden facilitar la evocación. Un álbum de fotos abierto en familia puede ser suficiente para que la persona empiece a contar su boda, cómo era su marido, las cosas que recuerda.»

La llamada que no puede esperar

Las personas mayores en Costa Rica son hoy cerca de 800 mil. Cada una de ellas guarda una vida entera que nadie más en el mundo conoce con la misma profundidad. Cuando se van, esa vida se va con ellas, salvo lo poco que alguien tuvo el cuidado de preguntar a tiempo.

Esta semana, llame a su mamá o a su papá. No para preguntar si está bien.

Para preguntarle quién fue.

Mientras todavía pueda contárselo.

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