Por: Redacción Costa Rica Mayor. Vía La Nación.
San José, junio de 2025 – Según datos de la Encuesta Nacional de Hogares 2024 (Enaho) del INEC, 124 530 adultos mayores viven solos en Costa Rica, lo que representa el 42 % de los hogares unipersonales del país y refleja un fenómeno creciente entre las personas de la tercera edad.
Estos hogares unipersonales, definidos como aquellos habitados por una sola persona, ascienden a 296 000, equivalentes al 16,3 % de todos los hogares costarricenses. Este incremento no es meramente estadístico: es un reflejo de cambios demográficos, culturales y sociales profundos.
Las mujeres constituyen la mayoría de este grupo vulnerable. Entre los que tienen 65 años o más, 83 770 mujeres viven solas, mientras que los hombres en esa misma condición son 40 760 Según expertos como Jorge Barquero, Director del Centro Centroamericano de Población de la UCR, esto se explica por una combinación de vida más larga, mayores niveles de autonomía y cambios en los patrones de convivencia entre las mujeres.
No obstante, los datos no permiten discernir si vivir solo es una elección de vida o el resultado de situaciones como falta de redes de apoyo, viudez o dificultades económicas. Tampoco señalan si estas personas cuentan con un entorno cercano que asegure respaldo en salud, transporte o compañía.
La convivencia por debajo de los 65 años es también relevante: incluyendo a las personas de 60 a 64 años, el número de quienes viven solos se eleva a 160 814, lo que equivale al 54,3 % de los hogares unipersonales. Esto evidencia que su presencia no se limita a la vejez avanzada.
Este contexto alerta sobre la vulnerabilidad de muchos adultos mayores que residen sin apoyo familiar o comunitario. La soledad, coinciden sociólogos como David Delgado Montaldo e investigadores de la UNA, puede acarrear consecuencias en la salud mental y física, además de agravar problemas de autonomía y acceso a servicios básicos.
Desde una perspectiva económica, vivir sin compañía implica costos más elevados: inversión en vivienda, servicios y gastos de manutención que en hogares compartidos pueden resultar insostenibles para quienes dependen de pensiones o ingresos limitados. En esta línea, analistas como José Francisco Pacheco Jiménez consideran urgente fortalecer redes públicas de cuidado, que resultan inaccesibles por su alto costo en el sector privado
Vivir solo no necesariamente significa estar solo: hay adultos mayores que reportan sentirse acompañados o activos, como los que participan en comunidades de envejecimiento activo. Sin embargo, para muchos la realidad es otra: la falta de visitas, asistencia y seguridad repercute negativamente en su calidad de vida.
Como país con una población que envejece aceleradamente, Costa Rica enfrenta nuevos desafíos. El aumento sostenido de hogares unipersonales exige replantear políticas públicas en materia de vivienda, servicios de apoyo social y salud comunitaria. Es imprescindible diseñar estrategias que incorporen cuidados integrales, acompañamiento y garantías de derechos para quienes viven solos.
En conclusión, este fenómeno creciente de adultos mayores viviendo solos demanda atención prioritaria. Costa Rica Mayor ve en este reto una oportunidad para que el Estado, las municipalidades y la sociedad civil construyan una red de apoyo tangible que asegure a estas personas una vida plena, segura y con dignidad.






