OPINION. Por: Fabricio Chavarría Bolaños, Abogado y docente.
Hace unos días, la presidenta Laura Fernández anunció una iniciativa que llamó la atención del país: llevar a jóvenes estudiantes a conocer la nueva cárcel, con el fin de que, al ver esa cruda realidad, recapaciten y eviten caer en el camino del crimen. La lógica detrás de la propuesta es comprensible: confrontar a las personas con un escenario real para generar un fuerte choque de conciencia y empatía.
Siguiendo esa misma línea de usar la experiencia directa para conmover y transformar decisiones, hoy quiero extenderle una invitación igualmente humana y respetuosa a la señora presidenta: la insto a visitar los hogares de miles de adultos mayores en nuestro país, cuyas pensiones se diluyen ante los rebajos automáticos de los que se encuentran presos y no pueden escapar.
Al cruzar esas puertas, presidenta, verá una condena silenciosa: los rebajos y las deducciones automáticas de las pensiones de estas personas les dejan las cuentas en montos de miseria, irrisorios, despojándolos de lo indispensable para comprar sus medicamentos, pagar el alquiler o la luz.
Mientras que desde hace dos años, para los salarios de los trabajadores activos, ya existe una norma justa que impide hacer rebajos automáticos hasta un mínimo legal necesario para subsistir, para nuestros pensionados ha existido omisión y apatía que rayan en el desamparo y la discriminación.
El respaldo legal para corregir esta situación ya existe y es contundente. En la Asamblea Legislativa duerme el sueño de los justos el proyecto N.° 24.940 (Ley para Adoptar una Pensión Mínima Intocable), una iniciativa nacida para blindar legalmente las pensiones de nuestros adultos mayores y aplicarles el mismo principio de protección que ya cobija a los salarios.
La Sala Segunda de la Corte Suprema de Justicia marcó un hito histórico al defender el concepto del “núcleo vital de la pensión”. Los magistrados fueron claros en la resolución: existe un límite de intangibilidad económica que ninguna entidad financiera puede vulnerar, porque de él dependen la dignidad y la vida humana de la persona afectada.
Señora presidenta, si la realidad de una cárcel sirve para abrirle los ojos a la juventud, ver de cerca la mirada cansada de un adulto mayor que no sabe si mañana tendrá qué comer debería ser el motor definitivo para que su gobierno tome la iniciativa y actúe.
El Poder Ejecutivo tiene la llave inmediata para cambiar esta injusticia: convocar de forma urgente el proyecto de ley 24.940.
No hacen falta más discursos ni largas mesas de análisis; lo que se necesita es voluntad política y compasión.
Convoque este proyecto, presidenta. Demuéstrenos que la misma sensibilidad que busca despertar llevando estudiantes a las prisiones también existe en Casa Presidencial para proteger la vida digna de nuestros adultos mayores.
Fuente: La Nación, 27 de julio de 2026. Reproducido en www.costaricamayor.com con autorización del autor





