EN CONTEXTO. Por. Redacción www.costaricamayor.com
El ejercicio de este miércoles dejó una pregunta que cada familia debería responder con sinceridad: si mañana ocurriera una emergencia real, ¿podríamos evacuar de forma segura a una persona mayor con dificultades de movilidad, problemas de visión o audición, deterioro cognitivo o dependencia de medicamentos?
Costa Rica realizó este miércoles 12 de agosto su Octavo Simulacro Nacional de Emergencias, un ejercicio organizado para poner a prueba la capacidad de respuesta de hogares, instituciones, empresas, centros educativos y comunidades.
La actividad comenzó a las 10:00 a. m. y este año tuvo un enfoque multiamenaza que incluyó ocho posibles escenarios: sismos, inundaciones, deslizamientos, erupciones volcánicas, tornados, huracanes, incendios y tsunamis.
Pero ahora que terminó el simulacro viene posiblemente la parte más importante: evaluar qué funcionó y qué debe corregirse.
Y cuando en el hogar vive una persona adulta mayor, esa evaluación merece especial atención.
No todas las personas pueden evacuar de la misma manera
Una ruta que parece sencilla para una persona joven puede convertirse en un obstáculo para alguien que utiliza bastón, andadera o silla de ruedas.
Un aviso transmitido únicamente mediante sonido puede no ser suficiente para una persona con pérdida auditiva. Una instrucción escrita puede resultar inútil para quien tiene una limitación visual. Y una situación inesperada puede provocar desorientación, ansiedad o dificultad para seguir indicaciones en algunas personas con deterioro cognitivo.
Precisamente por estas razones, la Organización Mundial de la Salud ha señalado la importancia de incorporar explícitamente a las personas mayores y personas con discapacidad dentro de los procesos de preparación y gestión del riesgo de emergencias.
No se trata de asumir que toda persona mayor es vulnerable. Muchas son completamente autónomas y pueden incluso desempeñar funciones importantes dentro del plan familiar.
El principio debe ser otro: conocer las capacidades y necesidades particulares de cada persona antes de que ocurra la emergencia.
Primera pregunta: ¿puede salir de la casa sin ayuda?
Después del simulacro, recorra nuevamente la ruta de evacuación junto con la persona mayor.
Observe si existen gradas, desniveles, muebles, alfombras, puertas estrechas u otros obstáculos que dificulten la salida.
Si utiliza bastón, andadera o silla de ruedas, esos apoyos deberían permanecer en un lugar conocido y fácilmente accesible.
También conviene calcular cuánto tiempo tomó realmente la evacuación.
La meta no es competir para salir más rápido, sino identificar anticipadamente las dificultades.
Segunda pregunta: ¿qué pasa con los medicamentos?
Para muchas personas mayores, determinados medicamentos forman parte indispensable de su vida cotidiana.
Hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares y otras condiciones crónicas pueden requerir tratamientos continuos.
Por eso, el plan familiar debería contemplar cómo mantener accesibles los medicamentos esenciales, además de contar con información básica sobre tratamientos, dosis, alergias y contactos médicos.
La emergencia no comienza y termina en la evacuación. Una familia puede permanecer varias horas —o incluso días— fuera de su vivienda.
Tercera pregunta: ¿dónde están los anteojos, audífonos y ayudas técnicas?
En una emergencia real probablemente no habrá tiempo para empezar a buscar objetos por toda la casa.
Anteojos, audífonos, baterías, bastones, andaderas y otros apoyos deberían encontrarse siempre en lugares conocidos.
Un pequeño detalle puede determinar si una persona puede desplazarse, comprender instrucciones o comunicarse adecuadamente.
Cuarta pregunta: ¿la persona mayor sabe qué ocurrirá?
Uno de los errores más frecuentes es diseñar el plan para la persona mayor, pero sin involucrarla.
Siempre que sus capacidades lo permitan, debe participar activamente en las decisiones: conocer la ruta de salida, identificar el punto de reunión y saber quién podrá ayudarle.
Pregunte directamente:
¿Qué necesitaría usted si tuviéramos que salir de la casa rápidamente?
La respuesta podría revelar necesidades que la familia nunca había considerado.
Quinta pregunta: ¿quién ayudará si la persona vive sola?
Esta reflexión se vuelve especialmente importante para personas mayores que viven solas.
Una red sencilla puede marcar una enorme diferencia.
Un vecino, familiar o amigo cercano puede acordar verificar su situación después de un sismo, inundación u otra emergencia.
Lo importante es que esa responsabilidad haya sido conversada previamente y no dependa de que alguien “se acuerde” en medio de la crisis.
Sexta pregunta: ¿tenemos realmente un maletín de emergencia?
La Comisión Nacional de Emergencias recomienda que las familias cuenten con un plan y un maletín de emergencias, además de identificar mediante un croquis las rutas de evacuación.
Cuando existe una persona mayor en el hogar, ese maletín debe adaptarse.
Además de agua, alimentos y artículos básicos, conviene considerar copias de información médica importante, medicamentos necesarios, baterías para dispositivos, artículos de higiene y cualquier elemento que esa persona utilice diariamente.
El simulacro terminó; la preparación continúa
La magnitud de estos ejercicios demuestra la importancia que está adquiriendo la prevención. En el simulacro de 2025 participaron alrededor de 1,4 millones de personas, entre ellas aproximadamente 24.000 personas adultas mayores y 35.000 personas con discapacidad, según los datos publicados por la CNE.
Pero una cifra de participación no garantiza que cada hogar esté preparado.
El verdadero resultado del simulacro debería medirse también en las conversaciones que provoque después.
¿Qué falló? ¿Qué puerta estaba bloqueada? ¿Quién olvidó los medicamentos? ¿La persona mayor escuchó la alerta? ¿La andadera estaba disponible? ¿Sabemos dónde reunirnos?
Hoy es un buen momento para corregirlo.
Porque prepararse para una emergencia también significa reconocer la diversidad con la que envejecemos.
Y una casa verdaderamente preparada no es simplemente aquella que tiene una ruta de evacuación, sino aquella donde todas las personas, independientemente de su edad o capacidad funcional, tienen una posibilidad real de ponerse a salvo.







