Las cinco “edades” del cerebro humano: cambios cruciales ocurren alrededor de los 9, 32, 66 y 83 años

Nov 26, 2025 | Noticias, Salud, slider noticias, slider salud | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

Un estudio identifica cuatro puntos de inflexión clave en el desarrollo de las conexiones neuronales a lo largo de la vida, un hallazgo que puede ayudar a comprender alteraciones en la cognición y el comportamiento.

Por: Jessica Mouzo .25 NOV 2025. Vía https://english.elpais.com/

El cerebro humano alberga unos 86.000 millones de neuronas. Son las “mariposas misteriosas del alma”, como las llamó el Nobel Santiago Ramón y Cajal: las células principales del sistema nervioso, responsables de transportar toda la información que nos permite pensar, reír, recordar o respirar. Estas mariposas se comunican, decía Cajal, mediante “besos”: las sinapsis, que tejen conexiones sofisticadas para transmitir los impulsos nerviosos que construyen la vida.

Pero esta red de rutas neuronales que puebla el cerebro no es estática; cambia y se reconfigura a lo largo de la vida. Una investigación publicada el martes en la revista Nature Communications profundiza en cómo se organizan estas estructuras con el tiempo e identifica cinco edades del cerebro humano, es decir, cinco períodos diferenciados de desarrollo neuronal. Los autores —un grupo de científicos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido)— concluyen que se producen cambios cruciales en esta arquitectura alrededor de los 9, 32, 66 y 83 años.

Tras comparar los cerebros de más de 3.800 personas de entre 0 y 90 años mediante resonancias magnéticas que mapean las conexiones neuronales, los científicos identificaron cuatro puntos de inflexión que marcan el inicio y el final de las “edades del cerebro”. Este hallazgo es significativo, especialmente si se considera que la forma en que el cerebro está cableado se vincula con trastornos neurológicos, mentales y del neurodesarrollo.
“Al comprender estos puntos clave, podemos entender mejor a qué es más vulnerable el cerebro en diferentes edades. Cuanto más sepamos sobre los cambios esperables en las conexiones cerebrales a lo largo de la vida, mejor podremos distinguir qué es un cambio sano y típico de lo que podría ser signo de una enfermedad o trastorno”, explica Alexa Mousley, autora principal del estudio.

La primera inflexión: alrededor de los 9 años

Según los investigadores, hasta esa edad el cerebro infantil atraviesa una “consolidación de la red neuronal”: sobreviven las sinapsis más activas y aumentan tanto la materia gris (neuronas) como la materia blanca (conexiones). Pero al final de esta primera etapa —coincidiendo con el inicio de la pubertad— el cerebro experimenta un cambio radical en su capacidad cognitiva y en su desarrollo socioemocional y conductual.

Segunda etapa: de los 9 a los 32 años

Los autores denominan a esta fase “adolescencia”. Durante este período, la organización del cableado neuronal se mantiene relativamente constante: la red se vuelve cada vez más refinada y las conexiones, más eficientes.

Sin embargo, que esta etapa llegue hasta los 30 no significa que el cerebro “sea adolescente” hasta entonces, aclara Sandra Doval, investigadora de la Universidad Internacional de La Rioja. En declaraciones a SMC España, señala que el estudio identifica cuándo cambian los patrones de reorganización, no cuándo el cerebro madura o envejece funcionalmente.
De hecho, los autores recuerdan que la transición a la adultez también está influida por factores culturales, históricos y sociales.

El “cambio más fuerte”: los 32 años

A los 32 años, los investigadores de Cambridge detectan otro punto de inflexión: el cambio más intenso en la organización de las redes neuronales. Coincide con el pico de maduración de la materia blanca, algo que otros estudios ya habían señalado. La conectividad cerebral llega a su máximo y la velocidad de cambio en la arquitectura neuronal empieza a disminuir.

Esta es la etapa más larga, de los 32 a los 66 años.
“Este período de estabilidad también corresponde a una meseta en inteligencia y personalidad”, señalan los autores.

Nuevo punto de inflexión: los 66 años

A esta edad aparece un cambio relevante, coincidiendo con un giro importante en salud y cognición en países de altos ingresos. Es a partir de este momento cuando pueden comenzar a aparecer patologías como demencia o hipertensión, asociadas con el deterioro cognitivo y el envejecimiento acelerado.

Esta fase inicial del envejecimiento dura hasta los 83 años.

A los 83 años inicia la última edad del cerebro

Alrededor de los 83 años surge el último de los puntos de inflexión, marcando el inicio de la etapa final del cerebro. Aunque los datos sobre esta fase son más limitados, sí se observa que las distintas áreas cerebrales tienen más dificultad para comunicarse entre sí.

Mousley afirma que la forma en que el cerebro cambia sus conexiones a lo largo de la vida puede ayudar a comprender mejor las transformaciones en cognición y comportamiento.
“Entender estas fluctuaciones podría ayudarnos a comprender cómo cambia la gente a lo largo de su vida y por qué es vulnerable a diferentes trastornos en distintas edades”, explicó la investigadora por correo electrónico.

“Límites estrictos”

Para Rafael Romero García, director del Laboratorio de Neuroimagen y Redes Cerebrales de la Universidad de Sevilla, se trata de “un estudio riguroso”. Aunque reconoce las limitaciones señaladas por los autores —por ejemplo, no se analizaron diferencias por género, aun cuando hombres y mujeres podrían tener ritmos distintos de desarrollo— destaca que es “una gran contribución que permite identificar puntos de cambio en el desarrollo y que podría ayudar a comprender las alteraciones cerebrales asociadas a trastornos del neurodesarrollo y a la demencia”.

Aun así, Romero García advierte que estas etapas no deben interpretarse como “fronteras estrictas”.
“La distinción entre maduración y envejecimiento es relativamente arbitraria. Además, es importante recordar que el estudio solo analiza conectividad cerebral; no evalúa cómo cambian funciones cognitivas como el aprendizaje, la memoria o la resolución de problemas”, señala.

Sandra Doval coincide en que “los resultados encajan notablemente con los hitos conocidos del neurodesarrollo y del envejecimiento”, aunque insiste en la necesidad de interpretar con cautela los hallazgos, pues no necesariamente representan el envejecimiento típico. Aun así, reconoce su relevancia científica:
“Estos hallazgos no generan recomendaciones clínicas inmediatas, pero sí establecen un contexto valioso para futuras investigaciones sobre ventanas críticas de intervención preventiva o terapéutica en distintas etapas de la vida.”

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