La vejez también está conectada

Jul 9, 2026 | Frecuencia de vida, Recientes, slider frecuencia de vida | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

FRECUENCIA VIDA. Por: Redacción www.costaricamayor.com

Casi tres de cada cuatro personas adultas mayores costarricenses usan redes sociales. El mito de la vejez desconectada dejó de ser cierto hace años. Lo que sigue pendiente no es el interés de ellas: es la conectividad que el Estado no garantiza y la educación digital que nadie les ofrece.

Doña Carmen tiene 74 años y vive en Paraíso de Cartago. Cada mañana, antes del café, abre WhatsApp y revisa el grupo familiar: la nieta que se graduó, el sobrino que emigró a Canadá. A las diez sube a Facebook una reflexión que copió de otro perfil. En la tarde ve videos de recetas en YouTube. Nadie le enseñó nada de esto: ella preguntó, se equivocó, borró, volvió a intentar. Cuando su hija le dice, medio en broma, «mamá, usted no entiende de eso», doña Carmen calla. Ya aprendió que discutir con los prejuicios de los hijos rara vez sirve de algo.

Los datos ya desmintieron el mito

Existe en Costa Rica una frase que se repite en sobremesas, en oficinas públicas y en campañas institucionales: «las personas mayores no usan tecnología». Es una afirmación cómoda. Justifica no diseñar servicios digitales accesibles. Justifica no traducir un trámite en línea a lenguaje claro. Y es falsa.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, el 74,4 % de las personas adultas mayores costarricenses utiliza redes sociales. Casi tres de cada cuatro. No es una minoría entusiasta: es la norma. El Estudio Nacional de la Asociación Gerontológica Costarricense, aplicado a 1.100 personas en las siete provincias, encontró que el 86 % de las personas mayores de 60 años usaba internet y dispositivos electrónicos, con Facebook, Instagram y WhatsApp a la cabeza. Ese mismo informe subrayó algo decisivo: las usan en su mayoría por su cuenta, lo cual fortalece su participación y la posibilidad de vivir de forma autónoma.

La fotografía nacional confirma el patrón. La Encuesta de Acceso y Uso de los Servicios de Telecomunicaciones del MICITT halló que el 92,9 % de las personas entrevistadas tiene acceso a telefonía celular para uso personal. El informe Nuestras apps de cada día 2025, del Centro de Investigación en Comunicación de la Universidad de Costa Rica, documentó que el 96 % de la población adulta con celular utiliza WhatsApp.

Ese mismo estudio advierte, sin embargo, que el uso de plataformas disminuye entre las personas mayores de 55 años y aumenta entre quienes tienen educación universitaria o técnica. Ahí está el matiz que importa. La brecha existe. Pero no es una brecha de voluntad: es de escolaridad, de ingreso, de territorio.

La conectividad no es un lujo: es un derecho

Aquí conviene cambiar el marco. Durante años, cuando se hablaba de personas mayores e internet, la conversación se resolvía en términos de generosidad: sería bonito que aprendieran, qué lindo que la abuela sepa usar el teléfono. Ese lenguaje es el problema. Convierte en favor lo que es obligación.

La Ley N.° 9394, que incorpora la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, reconoce el derecho a la información, a la comunicación, a la participación y a la educación a lo largo de toda la vida. La Ley N.° 7935 consagra el derecho a participar en la vida social, política y cultural del país. Cuando un banco traslada sus operaciones a una aplicación, cuando la CCSS agenda citas por medios digitales, cuando una municipalidad publica sus trámites solo en línea, la conectividad deja de ser comodidad y se convierte en la puerta de entrada a derechos ya reconocidos. No garantizarla es una forma silenciosa de exclusión.

La encuesta del MICITT identificó brechas de acceso a internet móvil vinculadas a la edad, la escolaridad y el ingreso: las personas mayores de 75 años, y los estratos de menor ingreso presentan porcentajes de acceso considerablemente menores. No es que no quieran. Es que no pueden pagarlo, no les alcanza la señal, o nadie diseñó el servicio pensando en ellas.

La otra cara: educación digital contra la estafa

Reconocer que las personas mayores están conectadas obliga a decir la verdad completa: están conectadas y están expuestas. La Sección Especializada de Fraude Informático del OIJ recibió 4.125 denuncias solo en el primer semestre de 2025, con pérdidas de ¢2.600 millones. Yorkssan Carvajal, jefe de esa sección, ha explicado que la modalidad del falso funcionario municipal ataca especialmente a personas mayores porque muchas propiedades están inscritas a su nombre. El método es siempre el mismo: una llamada que genera urgencia, una solicitud de datos o de acceso a la firma digital, un enlace por WhatsApp hacia una página falsa. En mayo de 2026 el OIJ detuvo a cinco sospechosos por estafas contra 17 personas adultas mayores.

La respuesta no es quitarle el teléfono a doña Carmen. La respuesta es la educación digital, sostenida y sin condescendencia. Si usted acompaña a su mamá o a su papá, hay tres cosas concretas que puede hacer esta semana. Siéntese con ellos y acuerden una regla simple: ninguna entidad bancaria, municipal o estatal legítima pide contraseñas, tokens ni claves por teléfono o por mensaje, nunca. Enséñeles a no ingresar jamás al sitio de su banco desde un enlace recibido, sino escribiendo la dirección o usando la aplicación oficial. Y establezcan que ante cualquier llamada que produzca urgencia, la respuesta será colgar y llamar de vuelta al número oficial. Esa conversación, hecha entre iguales, sin infantilizar y sin arrebatar el aparato, protege más que cualquier restricción. Si algo ocurre, hay que denunciar de inmediato ante la Oficina de Recepción de Denuncias del OIJ y contactar al banco: los especialistas advierten que en diez minutos los fondos pueden salir del alcance de la víctima.

Conviene decirlo con precisión: la vulnerabilidad ante la estafa digital no proviene de la edad, sino de la falta de formación. El OIJ ha señalado que gran parte de estas estafas se ejecutan mediante ingeniería social, esto es, manipulación psicológica. Eso funciona con personas de todas las edades. Lo que cambia es que a los jóvenes se les entrena por inmersión y a las personas mayores nadie las entrenó nunca. La deuda es del sistema, no de ellas.

Dejar de repetir la frase

Hay un costo social en seguir diciendo que las personas mayores no usan tecnología. El estudio de AGECO lo detectó: quienes indicaron no utilizar tecnología expresaron tener una mala percepción de sí mismos, así como mitos y estereotipos hacia la vejez. El prejuicio no describe la realidad; la fabrica. Cuando una persona de 70 años escucha durante veinte años que «eso no es para usted», termina creyéndolo. Y entonces la profecía se cumple sola.

El país que se envejece no puede diseñar su infraestructura digital ignorando a una de cada cuatro personas. No se trata de compasión: la Ley N.° 7935 y la Ley N.° 9394 obligan al Estado a garantizar participación, información y educación permanente. Y se trata, además, de reconocer lo evidente. Doña Carmen ya está aquí. Está en el grupo de WhatsApp. Está en Facebook. No pidió permiso para llegar y no necesita que nadie la felicite por haberlo hecho. El país que estamos construyendo debe alcanzarla, no al revés.

Para reflexionar:  ¿Cuántas veces esta semana asumió usted que su mamá o su papá no entendería algo, sin haberles preguntado primero?

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