Crédito después de los 65 años en Costa Rica: ¿qué tan fácil es obtener un préstamo?

Sep 14, 2026 | Economía plateada, Recientes, slider economia plateada | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

Por: Eduardo Méndez, Director www.costaricamayor.com

Llegar a los 65 años no cierra automáticamente las puertas del crédito bancario en Costa Rica. Una pensión estable, un buen historial crediticio y un nivel de endeudamiento adecuado pueden facilitar el acceso a financiamiento. Sin embargo, cuando aumentan el monto y el plazo del préstamo, entran en juego otras variables, entre ellas las garantías, la capacidad de pago y las pólizas asociadas al crédito.

Cumplir 65 años puede significar jubilarse, cambiar de trabajo, iniciar un emprendimiento, remodelar la casa, comprar un vehículo, enfrentar un gasto médico o incluso pensar en adquirir una nueva vivienda.

Pero también puede aparecer una pregunta que pocas veces forma parte de la conversación sobre envejecimiento:

¿Qué tan fácil es conseguir un préstamo bancario después de los 65 años en Costa Rica?

La respuesta corta es que sí es posible.

La respuesta más completa es que la edad es solamente una de las circunstancias que rodean al solicitante. Para una entidad financiera también importan los ingresos disponibles, otras deudas existentes, el comportamiento de pago, el monto solicitado, el plazo, las garantías y las condiciones específicas del producto.

Y este asunto será cada vez más relevante en un país que envejece.

Cumplir 65 años no significa perder capacidad para tomar decisiones financieras

En Costa Rica, alcanzar los 65 años convierte legalmente a una persona en persona adulta mayor, pero eso no significa que pierda autonomía, capacidad jurídica o posibilidad de celebrar negocios.

La Procuraduría General de la República ha sido particularmente clara al analizar este tema desde la perspectiva de derechos humanos: utilizar únicamente el hecho de haber alcanzado los 65 años para presumir incapacidad jurídica sería discriminatorio y contrario a principios como dignidad, autonomía, libertad e igualdad ante la ley.

Esto tiene una consecuencia importante para la discusión financiera.

Ser persona adulta mayor no equivale a ser una persona incapaz de administrar dinero, adquirir obligaciones o tomar decisiones patrimoniales.

Una persona de 68, 75 u 80 años puede continuar trabajando, tener inversiones, administrar una empresa, recibir una pensión, alquilar propiedades o disponer de otros ingresos.

La pregunta correcta, por tanto, no debería ser solamente “¿qué edad tiene?”, sino también “¿tiene capacidad económica para asumir esta deuda?”

¿Qué revisa una entidad financiera?

Cuando una persona solicita financiamiento, su historial crediticio y su situación de endeudamiento son componentes importantes de la evaluación.

La Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF) administra el Centro de Información Crediticia (CIC), que consolida información sobre la situación crediticia y el endeudamiento de los deudores del Sistema Financiero Nacional. La regulación también contempla el comportamiento histórico de pago para evaluar cómo una persona ha atendido sus obligaciones crediticias.

Por eso, dos personas de exactamente 65 años pueden recibir respuestas completamente diferentes frente a una solicitud de crédito.

Imagine a una persona pensionada que recibe ₡900.000 mensuales, no tiene otras deudas importantes y mantiene un buen comportamiento de pago. Si solicita ₡3 millones a un plazo relativamente corto, su situación puede ser muy distinta a la de otra persona de la misma edad que recibe ₡450.000 mensuales, ya destina ₡180.000 al pago de otras obligaciones y pretende financiar ₡50 millones.

La edad es igual. La capacidad financiera no.

En términos simples, la decisión puede estar determinada por una combinación de factores: edad, ingresos, endeudamiento, historial crediticio, monto solicitado, plazo, garantías y seguros.

Sí existen créditos dirigidos a pensionados y personas adultas mayores

El propio mercado financiero costarricense demuestra que llegar a la jubilación no significa desaparecer como cliente bancario.

El Banco Popular mantiene actualmente una sección denominada Persona Mayor, en la que ofrece productos y servicios financieros dirigidos a esta población. La entidad señala expresamente que dispone de opciones de crédito para personas adultas mayores con ingresos, pensionados y jubilados, además de alternativas para consumo, vehículos, gastos médicos, educación, viajes y consolidación de deudas.

También mantiene el producto Prestamito Popular, dirigido a asalariados y pensionados. En sus condiciones publicadas, el producto contempla ingresos provenientes de pensiones y un proceso de solicitud específicamente diseñado para este segmento.

El Banco de Costa Rica, por su parte, ofrece un producto identificado como Préstamo Vivienda para Pensionados.

Según la información publicada por la entidad, para determinar si una persona califica se realiza un análisis de capacidad de pago y nivel de endeudamiento mediante un sistema de puntuación. Entre los documentos que pueden solicitarse se encuentra la constancia de pensión emitida por la CCSS, Hacienda, Magisterio Nacional u otros regímenes, así como estados de cuenta donde se refleje el depósito de la pensión.

Es decir, la pensión puede funcionar como una fuente demostrable de ingresos para solicitar financiamiento.

El asunto se vuelve más complejo cuando aumenta el plazo

Solicitar un pequeño crédito personal no plantea exactamente el mismo escenario que financiar una vivienda durante varias décadas.

Supongamos que una persona tiene 65 años y solicita una hipoteca a 25 años.

Al finalizar el crédito tendría 90 años.

Esto no significa automáticamente que el financiamiento sea imposible, pero sí vuelve especialmente importantes aspectos como la capacidad de pago durante todo el período, la garantía ofrecida y las condiciones de las pólizas vinculadas al préstamo.

En el caso del préstamo de vivienda para pensionados del BCR, por ejemplo, la información pública establece la aplicación de una póliza de protección crediticia de vida, además de la póliza correspondiente al inmueble cuando existe una propiedad como garantía.

Por eso, antes de firmar un crédito de largo plazo, una persona adulta mayor debería solicitar no solamente información sobre la cuota mensual y la tasa de interés.

También resulta fundamental conocer hasta qué edad puede mantenerse la cobertura del seguro, cuáles son sus exclusiones, cuánto cuesta, qué sucede con la deuda en caso de fallecimiento y si existen cambios en las condiciones conforme aumenta la edad.

Las respuestas pueden variar según la institución, el producto y la póliza contratada.

Ser pensionado incluso puede ofrecer una ventaja: el ingreso es periódico

Hay otro elemento que suele quedar fuera de la discusión.

Una pensión no necesariamente representa ausencia de ingresos. Para muchas personas constituye precisamente lo contrario: un flujo mensual estable y demostrable.

Esto significa que una persona pensionada con ingresos suficientes y bajo endeudamiento podría presentar un perfil financiero más predecible que otra persona económicamente activa cuyos ingresos sean inestables.

El desafío aparece cuando la pensión es reducida o cuando una parte considerable ya se encuentra comprometida en créditos, tarjetas, alquileres u otras obligaciones.

Por eso el análisis debe hacerse individualmente.

Más de 475.000 personas mayores ya eran clientes de un solo banco

El tamaño de este mercado tampoco es pequeño.

En octubre de 2024, el Banco Popular informó que atendía a más de 475.300 personas adultas mayores en Costa Rica y que más de 104.000 recibían su pensión mediante esa entidad.

La cifra ayuda a dimensionar algo que el sistema financiero tendrá que incorporar cada vez con mayor fuerza:

las personas adultas mayores continúan siendo consumidoras de servicios financieros.

Compran.

Ahorran.

Invierten.

Emprenden.

Viajan.

Remodelan sus viviendas.

Financian vehículos.

Ayudan económicamente a familiares.

Y algunas incluso comienzan nuevos proyectos empresariales después de jubilarse.

La longevidad está modificando la idea tradicional del ciclo financiero de las personas.

El verdadero debate: ¿está preparada la banca para una sociedad longeva?

Durante décadas, buena parte de la vida económica fue imaginada alrededor de una secuencia bastante sencilla: estudiar, trabajar, adquirir vivienda, ahorrar, jubilarse y reducir progresivamente la actividad económica.

Pero vivir más años está cambiando esa lógica.

Una persona que se pensiona a los 65 puede tener por delante 20, 25 o incluso 30 años de vida.

Puede necesitar financiar una remodelación para hacer su vivienda accesible, comprar un vehículo, emprender, estudiar, invertir en tecnología, viajar o adquirir servicios de salud.

Eso convierte el crédito después de los 65 años en algo más que un asunto bancario.

Es también un tema de inclusión financiera y economía de la longevidad.

Costa Rica tendrá que preguntarse si sus productos financieros evolucionan a la misma velocidad que su población.

Porque una sociedad longeva no puede continuar pensando que la vida económica de una persona termina automáticamente el día que recibe su primera pensión.

Antes de solicitar un crédito después de los 65 años

La recomendación es comparar varias entidades y no concentrarse únicamente en cuánto dinero ofrecen.

Conviene preguntar por la cuota mensual real, tasa de interés, costo total del financiamiento, plazo máximo disponible, comisiones, seguros obligatorios, condiciones de la póliza de vida y consecuencias de un pago anticipado.

También es fundamental evitar comprometer una proporción excesiva de la pensión.

Un préstamo puede permitir alcanzar una meta, pero una deuda mal calculada puede reducir considerablemente la seguridad económica durante la vejez.

La pregunta que Costa Rica deberá responder

El desafío de fondo no consiste en facilitar crédito indiscriminadamente a todas las personas adultas mayores.

Una evaluación responsable de capacidad de pago también protege al consumidor frente al sobreendeudamiento.

El reto consiste en garantizar que las decisiones financieras no partan de estereotipos según los cuales llegar a determinada edad convierte automáticamente a una persona en incapaz, improductiva o financieramente irrelevante.

La longevidad está creando un nuevo consumidor.

Y ese consumidor puede tener 65, 70, 75 u 80 años.

Por eso, quizás la pregunta ya no sea solamente:

“¿Me prestará el banco después de los 65?”

La pregunta que deberá responder el sistema financiero costarricense es mucho más grande:

¿Está preparada la banca para financiar una vida que puede continuar activa durante décadas después de la jubilación?

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