Via BBC y Redacción Costa Rica Mayor.
31 de Diciembre 2025. Cada tres segundos, una persona en el mundo desarrolla algún tipo de demencia. Hoy, más de 55 millones de personas viven con esta condición, y se estima que la cifra superará los 78 millones en 2030, según datos de Alzheimer’s Disease International. En Costa Rica, donde el envejecimiento poblacional avanza rápidamente, el Alzheimer se ha convertido en uno de los principales retos de salud pública, cuidado familiar y política social.
Aunque aún no existe una cura, el 2025 ha traído avances científicos esperanzadores que podrían transformar la forma en que se diagnostica, previene y trata esta enfermedad. Estos progresos no solo generan esperanza, sino que también plantean nuevos desafíos en términos de acceso, equidad y preparación de los sistemas de salud.
Una prueba de sangre que permite detectar el Alzheimer a tiempo
Uno de los hitos más importantes del año fue la aprobación, en Estados Unidos, de la primera prueba de sangre para detectar el Alzheimer en sus etapas iniciales. Esta prueba identifica biomarcadores asociados a la acumulación de proteínas beta-amiloide y tau, cambios que pueden comenzar hasta 20 años antes de que aparezcan los primeros síntomas.
Hasta ahora, el diagnóstico confirmatorio dependía de estudios complejos y costosos, como tomografías cerebrales PET o punciones lumbares, poco accesibles para la mayoría de las personas. La prueba sanguínea representa un cambio profundo, ya que permite un diagnóstico más temprano, menos invasivo y potencialmente más accesible.
Para Costa Rica, este avance abre una discusión clave: la importancia de detectar a tiempo para planificar cuidados, apoyos familiares y decisiones de vida con mayor autonomía.
Vacunas y prevención: una nueva puerta contra la demencia
Otro avance relevante proviene de estudios que analizan el efecto protector de ciertas vacunas. Una investigación publicada en la revista Nature reveló que la vacuna contra el herpes zóster podría reducir en alrededor de un 20% el riesgo de desarrollar demencia, además de retrasar la aparición de síntomas en personas que ya viven con Alzheimer.
Este hallazgo refuerza la idea de que la inflamación del sistema nervioso y algunas infecciones virales pueden estar vinculadas al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. Lo más relevante es que se trata de una vacuna ya existente, segura y de aplicación única, lo que la convierte en una herramienta preventiva con enorme potencial.
Inteligencia artificial para un diagnóstico más rápido y preciso
La tecnología también está marcando la diferencia. En 2025, investigadores desarrollaron herramientas de inteligencia artificial capaces de identificar patrones cerebrales asociados al Alzheimer y otros tipos de demencia, utilizando imágenes cerebrales.
Estas herramientas han demostrado una mayor precisión diagnóstica y menor tiempo de análisis en comparación con métodos tradicionales. La detección temprana no solo mejora el pronóstico, sino que permite a las personas mayores y sus familias anticiparse, organizar apoyos y tomar decisiones informadas.
Nuevos tratamientos, pero con una gran barrera: el costo
Este año también se aprobaron nuevos medicamentos considerados como una “nueva era” en el tratamiento del Alzheimer, ya que pueden modificar el curso de la enfermedad y retrasar el deterioro cognitivo. Sin embargo, su alto costo —alrededor de 30.000 dólares anuales por paciente— limita severamente su acceso.
Este escenario plantea una pregunta central para países como Costa Rica: ¿cómo garantizar que los avances científicos no se conviertan en privilegios para unos pocos? La equidad en el acceso a tratamientos y diagnósticos sigue siendo uno de los mayores desafíos.
El reto para Costa Rica: ciencia, cuidados y derechos
Los avances científicos son reales y alentadores, pero su impacto dependerá de algo fundamental: políticas públicas sólidas, inversión en salud y una visión integral del envejecimiento. En un país que envejece rápidamente, el Alzheimer no puede abordarse solo desde la medicina, sino también desde el cuidado, la prevención, el apoyo a las familias y la defensa de los derechos de las personas mayores.
El futuro del Alzheimer no se define únicamente en los laboratorios, sino en cómo la sociedad decide prepararse para envejecer con dignidad, información y acompañamiento.







