Costa Rica llega a 53 comunidades amigables con la vejez: cuarta de América Latina

Sep 11, 2026 | Frecuencia de vida, slider frecuencia de vida | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

FRECUENCIA VIDA.  Por: Eduardo Méndez, Director de www.costaricamayor.com 

La incorporación de Monteverde, Santa Cruz, Puerto Jiménez y Palmares coloca al país detrás de Chile, México y Brasil. El logro se produce mientras se acerca el momento en que una de cada cuatro personas tendrá 65 años o más. La pregunta ya no es cuántas municipalidades firman, sino qué cambia en la acera de la esquina.

Costa Rica acaba de sumar cuatro nuevas municipalidades a la iniciativa de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores. Con la entrada de Monteverde, Santa Cruz, Puerto Jiménez y Palmares, el país alcanza 53 territorios adheridos y se ubica como el cuarto de América Latina con mayor número de localidades participantes, solo detrás de Chile, México y Brasil, según informó la Asociación Nacional de Alcaldías e Intendencias (ANAI).

Es una buena noticia. Pero conviene leerla con precisión, porque el número por sí solo no dice todavía lo más importante: si una persona de 80 años puede hoy salir de su casa, tomar un autobús, cruzar la calle y regresar sin que el trayecto se convierta en una carrera de obstáculos.

Qué significa realmente una ciudad amigable

El término se presta a un malentendido cómodo. Muchas veces se asocia una comunidad amigable con las actividades recreativas para personas mayores: el baile del martes, la gimnasia en el parque, la celebración de fin de año. Todo eso suma, pero se queda muy corto frente a lo que la iniciativa realmente propone.

Pensar el territorio en clave de vejez implica revisar lo más cotidiano: las aceras, el transporte, la vivienda, los parques, la seguridad, los servicios de salud, la participación ciudadana y el acceso a la información. Significa preguntarse, en concreto, si una persona podrá seguir viviendo con autonomía en su comunidad cuando tenga 70, 80 o 90 años. No es un asunto de amabilidad; es un asunto de derechos y de capacidad funcional.

El reloj demográfico ya está corriendo

La razón por la que esto importa tanto es la velocidad del cambio. Para 2031, las personas de 65 años o más rondarían el 15 % de la población nacional. Para 2050, esa proporción se acercaría al 25 %. Dicho de otro modo: en poco más de dos décadas, aproximadamente una de cada cuatro personas en Costa Rica tendrá 65 años o más.

Y aquí está el punto que suele pasarse por alto. El país que hoy construye carreteras, viviendas, parques y sistemas de transporte será, en buena medida, el mismo país donde esa población tendrá que desenvolverse durante su vejez. Quienes hoy tienen 40, 50 o 60 años son, precisamente, quienes usarán mañana la infraestructura que estamos diseñando ahora. No estamos planificando para otros: estamos planificando para nosotros mismos.

El envejecimiento también se decide en la municipalidad

Durante años, el envejecimiento se trató casi exclusivamente como un tema de pensiones, salud o atención a personas dependientes. La mirada de ciudades amigables amplía ese marco de manera decisiva y devuelve una responsabilidad al lugar donde ocurre la vida diaria: el gobierno local.

La autonomía de una persona mayor no se juega solo en el consultorio médico. Se juega en si puede salir de su casa sin miedo a caerse, tomar un autobús, sentarse en un parque, entrar a un comercio, hacer un trámite o mantener el vínculo con sus vecinos. Una acera rota es una barrera para quien camina con dificultad. Una parada de bus sin un asiento limita a alguien de 80 años. Un parque sin accesibilidad excluye. Y un trámite que solo existe en formato digital puede convertirse, sin proponérselo, en una nueva forma de aislamiento.

Costa Rica, cuarta en la región

Según ANAI, la clasificación latinoamericana por número de ciudades y comunidades amigables sitúa a Chile en primer lugar, seguido de México, Brasil y Costa Rica. La posición es especialmente significativa si se considera el tamaño territorial y poblacional del país frente a los tres que lo anteceden.

Con ello, Costa Rica empieza a consolidar una presencia relevante dentro de un movimiento internacional que parte de una premisa clara: el envejecimiento poblacional no puede gestionarse solo desde políticas nacionales. También debe trabajarse, calle por calle, desde las comunidades.

Un esfuerzo que exige coserse entre muchas manos

El avance no ha sido obra de una sola institución. ANAI reconoce la participación del Ministerio de Salud, la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), el Instituto de Fomento y Asesoría Municipal (IFAM), la Universidad de Costa Rica, la Caja Costarricense de Seguro Social, JUPEMA, AGECO, la Fundación Yamuni Tabush y los propios gobiernos locales.

Esa articulación no es un adorno burocrático. Las necesidades de una población que vive más años atraviesan varios sectores a la vez. De poco sirven buenos servicios de salud si la persona no puede desplazarse hasta ellos; de poco sirven parques que no son accesibles; y de poco sirven programas sociales que la gente desconoce o a los que no logra acceder. Construir comunidades amigables exige, justamente, esa mirada integral.

De la firma a la transformación

Alcanzar 53 comunidades es un avance real, pero abre de inmediato una pregunta incómoda: ¿qué tan amigables son de verdad nuestras ciudades con las personas mayores? La adhesión a una red debe ser el punto de partida, no la meta.

El verdadero indicador no estará en un listado, sino en lo que las personas puedan comprobar al salir de su casa: mejores aceras, transporte accesible, espacios públicos seguros, viviendas adaptables, participación de las personas mayores en las decisiones locales y políticas municipales que incorporen la vejez como parte ordinaria de la planificación territorial. Ese es, probablemente, el próximo gran reto del país.

Porque convertirse en un país amigable con la vejez no depende de cuántas municipalidades aparezcan en una lista. Depende de algo mucho más concreto: de si una persona de 80 años puede seguir viviendo, caminando, participando, decidiendo y perteneciendo a su comunidad. Y conviene recordar que una ciudad accesible, segura, caminable y participativa no beneficia solo a quien hoy pasa los 65: es una mejor ciudad para todas las edades.

Si tuviera que salir hoy a caminar por su barrio a los 80 años, ¿lo dejaría llegar hasta la esquina?

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Fuentes: Asociación Nacional de Alcaldías e Intendencias (ANAI); proyecciones de población del Instituto Nacional de Estadística y Censos.

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