SALUD. Por: Mayra Porras, Directora de https://www.adultovitalcr.com
Durante la mañana, como todas las semanas, camino hasta la bodega de reciclaje ubicada en la entrada de mi condominio para dejar los materiales que separo en casa.
El recorrido es corto: unos 100 pasos de ida y otros 100 de regreso. Desde la vivienda más alejada hasta la bodega habrá unos 250 metros, por lo que ir y volver representa aproximadamente medio kilómetro de caminata.
Sin embargo, muchas personas prefieren recorrer esa misma distancia en automóvil. Hace poco incluso alguien le preguntó a una vecina —que tiene la misma costumbre que yo de caminar— por qué no dejaba que los guardas llevaran el reciclaje.
Esa sencilla anécdota refleja una realidad mucho más profunda: el sedentarismo se ha convertido en uno de los principales desafíos para la salud en la vida moderna.
¿Por qué nos movemos menos que antes?
Hace apenas unas décadas era habitual que muchas personas en Costa Rica caminaran para ir a la parada del autobús, hacer las compras en la pulpería, llevar a sus hijos a la escuela, visitar a un vecino o realizar diligencias cotidianas.
También era común subir gradas, cuidar el jardín, cargar las bolsas del supermercado, levantar objetos, jugar con los hijos o nietos y agacharse para trabajar en el patio.
Sin buscarlo, aquellas actividades diarias mantenían el cuerpo en constante movimiento.
Hace unos días, camino a mi clase de yoga, observé a una mujer regresar caminando con las bolsas del supermercado en sus manos. Algunas personas podrían sentir lástima al verla hacer ese esfuerzo, cuando en realidad estaba realizando una excelente actividad para fortalecer su movilidad, su equilibrio y su fuerza muscular.
Con frecuencia también encuentro a un hombre de alrededor de 70 años pedaleando una bicicleta antigua bajo el sol de la mañana. Cada vez que lo veo pienso en la energía, la independencia y la alegría que transmite mantenerse activo.
El sedentarismo: una epidemia silenciosa
Algo cambió en muy poco tiempo.
No se trata únicamente de la inseguridad o de la falta de tiempo.
En muchos casos hemos asociado el desarrollo con depender cada vez más del automóvil, sustituir las escaleras por ascensores, eliminar espacios verdes y reducir al mínimo los desplazamientos caminando.
Los cambios también alcanzan a la infancia. Muchos niños trasladan sus útiles en mochilas con ruedas y, curiosamente, incluso algunas mascotas pasan más tiempo en coches que caminando, cuando el movimiento es parte fundamental de su bienestar.
Las consecuencias son visibles.
Diversas enfermedades crónicas como la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares se relacionan, entre otros factores, con estilos de vida cada vez más sedentarios. Esta situación afecta a personas de todas las edades y cada vez es más frecuente observar factores de riesgo desde etapas tempranas de la vida.
Los movimientos naturales siguen siendo esenciales
En medio de una época donde el gimnasio ocupa un lugar importante dentro del bienestar, muchas veces olvidamos que caminar, subir escaleras, bailar, hacer jardinería o realizar tareas domésticas siguen siendo actividades fundamentales para conservar la movilidad, el equilibrio, la fuerza y la autonomía.
Esto no significa restar valor al ejercicio estructurado.
Por el contrario, el entrenamiento con pesas, los ejercicios funcionales, la calistenia o el trabajo cardiovascular aportan beneficios muy importantes para la salud, especialmente porque hoy la mayoría de las personas ya no realiza trabajos físicos intensos como ocurría generaciones atrás.
Sin embargo, existe una realidad respaldada por la ciencia: una persona puede cumplir con su rutina diaria de gimnasio y aun así mantener un comportamiento sedentario si pasa el resto del día sentada.
Diversas investigaciones en fisiología del ejercicio muestran que permanecer muchas horas sentado aumenta el riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares, incluso entre quienes realizan actividad física regularmente.
Por ello, la Organización Mundial de la Salud recomienda no solo acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada, sino también reducir el tiempo sedentario e incorporar movimiento durante toda la jornada.
Cada movimiento cuenta
La buena noticia es que mantenerse activo no depende exclusivamente de pagar una membresía en un gimnasio.
Los pequeños movimientos cotidianos también suman.
- Caminar hasta el reciclaje.
- Subir las gradas del centro comercial.
- Pasear al perro.
- Cuidar el jardín.
- Cargar las bolsas del supermercado.
- Agacharse para recoger algo del suelo.
- Bailar.
- Caminar para hacer un mandado.
Todas estas acciones contribuyen a fortalecer músculos, articulaciones, equilibrio y capacidad funcional.
Envejecer saludablemente comienza con pequeños hábitos
Quizá una de las mejores lecciones que podemos recuperar de generaciones anteriores no sea únicamente cuánto caminaban, sino la naturalidad con la que incorporaban el movimiento a su vida diaria.
Esos hábitos sencillos siguen estando a nuestro alcance.
Además del beneficio físico, muchas de estas actividades permiten disfrutar del sol de la mañana, sentir la brisa, observar la naturaleza, conversar con otras personas y fortalecer el bienestar emocional.
Mantener un estilo de vida activo favorece la independencia, facilita viajar, compartir con la familia, practicar actividades recreativas y conservar la capacidad de realizar las tareas cotidianas durante más años.
La longevidad no depende únicamente de vivir más tiempo, sino de vivir esos años con salud, autonomía y calidad de vida.
Y quizá el principio sea mucho más simple de lo que imaginamos:
Las pequeñas acciones que incorporan movimiento a nuestra vida diaria son, muchas veces, las mismas que nos ayudan a vivir mejor y a disfrutar más cada día.





