SALUD · CLIMA Y VEJEZ
Por: Redacción www.costaricamayor.com
El segundo semestre llegará con menos lluvia, temperaturas récord y agua racionada. Para la mayoría será incomodidad; para una persona adulta mayor con enfermedades crónicas, puede ser una emergencia. Le explicamos por qué, y qué puede hacer su familia desde hoy.
Costa Rica se prepara para un semestre seco. Pero detrás del pronóstico hay un grupo de personas que el clima golpea primero y golpea más fuerte. El Instituto Meteorológico Nacional (IMN) confirmó que el fenómeno El Niño se instalará en el país a partir de junio y se extenderá hasta inicios de 2027, con una reducción de lluvias que podría llegar hasta el 50 % en el Pacífico Norte y temperaturas de hasta 2 °C por encima de lo normal. La Comisión Consultiva Técnica del fenómeno ENOS ya pasó del estado de vigilancia al de advertencia: la incertidumbre sobre si ocurrirá desapareció.
El dato climático ha circulado en todos los medios. Lo que casi nadie ha dicho es lo siguiente: las personas adultas mayores son, de forma documentada, la población más expuesta a morir por causas relacionadas con el calor. Y eso, en un país que envejece aceleradamente, convierte un boletín meteorológico en un asunto de derechos.
Por qué el calor no afecta a todos por igual
La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo explica sin rodeos: cuando el cuerpo no logra regular su temperatura interna, el corazón y los riñones quedan sobrecargados, y se agravan enfermedades crónicas como la diabetes y los padecimientos cardiovasculares y respiratorios. El golpe de calor es la primera causa de muerte relacionada con el clima, y las defunciones y hospitalizaciones ocurren con rapidez: el mismo día de la alerta o en los días inmediatos.
El organismo de una persona mayor enfrenta una desventaja biológica concreta. La percepción de la sed disminuye con la edad, de modo que muchas personas adultas mayores no sienten necesidad de tomar agua aun cuando ya están deshidratándose. A esto se suman las enfermedades preexistentes y los medicamentos de uso frecuente: ciertos diuréticos eliminan el agua de reserva del cuerpo y algunos antidepresivos reducen la sudoración, el mecanismo natural de enfriamiento. El resultado es contundente: según la literatura especializada, una persona mayor tiene hasta siete veces más riesgo de morir por deshidratación que el resto de la población.
La tendencia, además, va en aumento. Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente documentó que las muertes anuales relacionadas con el calor entre personas mayores crecieron alrededor de un 85 % desde la década de 1990. No es una proyección lejana: es una curva que ya está subiendo.
El agua que no llegará
El Niño no es solo calor. Las autoridades costarricenses ya activaron un plan de contingencia liderado por la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), junto con el AyA, el ICE, el MAG, el Minae y el Ministerio de Salud. Entre las medidas anunciadas figura el llamado a reducir el consumo de agua y de electricidad, y el AyA recibió la instrucción de identificar la vulnerabilidad de los sistemas de abastecimiento en Guanacaste, la Zona Norte y el Valle Central.
Para una familia promedio, un eventual racionamiento de agua es una molestia. Para una persona mayor que vive sola, que requiere hidratarse de forma constante y que quizá no puede cargar baldes ni almacenar agua con facilidad, la escasez se traduce directamente en riesgo de salud. Aquí conviene una advertencia editorial: este análisis no afirma que el racionamiento ya esté decretado, sino que documenta el escenario de riesgo que las propias autoridades anticipan.
El Ministerio de Salud, en su Boletín Epidemiológico, ha advertido además sobre la persistencia de enfermedades respiratorias y diarreicas. El ambiente cálido y seco favorece los incendios forestales, deteriora la calidad del aire y multiplica los padecimientos respiratorios y los asociados a vectores como el dengue, justamente las condiciones que con mayor facilidad descompensan a una persona adulta mayor.
«El calor extremo puede agravar los riesgos para la salud derivados de afecciones crónicas y provocar lesiones renales agudas; las defunciones se producen el mismo día y los días siguientes, por lo que es preciso actuar con rapidez.»
Organización Mundial de la Salud, ficha técnica sobre calor y salud
De la alarma a la acción: qué puede hacer su familia
El derecho a una vejez digna incluye el derecho a ser protegido frente a riesgos previsibles. Y el calor de este semestre es, justamente, un riesgo previsible. Las recomendaciones de las autoridades sanitarias son sencillas y, aplicadas a tiempo, salvan vidas:
- Hidratación sin esperar la sed. Ofrézcale agua cada hora, aunque su familiar diga que no tiene sed. Recuerde que en la vejez la sensación de sed ya no es una alarma confiable.
- Cuidado con las horas pico. Evite que salga entre las 10:00 a. m. y las 4:00 p. m., las horas de mayor radiación.
- Una casa fresca. Ventilación cruzada, ropa liviana y de algodón, y ambientes sombreados durante el día.
- Vigile las señales de alerta. Confusión, somnolencia, irritabilidad, piel caliente y seca, mareos o dolor de cabeza intenso no son «achaques de la edad»: pueden ser los primeros signos de un golpe de calor, una emergencia médica.
- Revise los medicamentos. Consulte con su médico tratante o en la CCSS si los fármacos que toma su familiar requieren algún ajuste o vigilancia especial durante esta temporada.
Si su mamá o su papá vive solo, la medida más concreta es también la más humana: una llamada o una visita diaria durante los días de mayor calor. Una persona que vigila es, muchas veces, la diferencia entre una molestia pasajera y una hospitalización.
Un país que envejece bajo el sol
Costa Rica avanza hacia una sociedad en la que una de cada cuatro personas tendrá más de 65 años hacia 2050. Esa transformación demográfica obliga a mirar cada fenómeno —climático, económico, sanitario— con un lente nuevo. El Niño de 2026 es la primera gran prueba de un país que todavía no termina de reconocer que sus adultos mayores no son una categoría aparte: son sus padres, sus abuelas, sus vecinos.
Las instituciones harán su parte con planes y boletines. Pero la protección más inmediata seguirá ocurriendo en las cocinas, en los pasillos y en las llamadas telefónicas de cada familia. Cuidar a una persona mayor del calor no es un favor ni una caridad: es honrar un derecho.
Quedan tres meses antes de que el fenómeno alcance su punto más intenso. La pregunta que nos deja este pronóstico no es si Costa Rica está lista. Es otra, más íntima: ¿está usted listo para acompañar a quien lo cuidó cuando el calor apriete?




