Generación sándwich en Costa Rica: cuando una persona cuida a sus hijos y también a sus padres mayores

May 14, 2026 | Super cuidadores | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

El agotamiento silencioso que está creciendo en miles de hogares costarricenses

Por: Redacción www.costaricamayor.com

A las 5:10 de la mañana, Mariana ya está despierta.

Primero prepara el desayuno de sus hijos. Luego revisa si su mamá tomó los medicamentos para la presión. Después busca el uniforme escolar, contesta mensajes del trabajo y limpia el baño porque su padre, de 82 años, tuvo otro accidente durante la madrugada.

A las 8:00 a.m., Mariana ya siente que el día lleva dos jornadas encima.

Tiene 46 años. Trabaja. Es madre. Y también es cuidadora.

Como muchas personas en Costa Rica, vive atrapada entre dos responsabilidades simultáneas: criar hijos que aún dependen de ella y cuidar a padres mayores que empiezan a requerir apoyo físico, emocional, económico o médico.

A esta realidad se le conoce como generación sándwich.

Y en un país que envejece aceleradamente, esta no es una anécdota familiar. Es una señal social.

¿Qué es la generación sándwich?

La generación sándwich está conformada por personas adultas, generalmente entre los 40 y 60 años, que asumen al mismo tiempo responsabilidades de cuido hacia sus hijos, hijas u otros familiares dependientes, mientras también acompañan o cuidan a sus padres, madres o personas mayores cercanas.

Desde la gerontología y las ciencias sociales, este fenómeno se vincula con tres cambios profundos: el envejecimiento poblacional, la reducción del tamaño de las familias y la transformación del trabajo. Hoy las personas viven más años, las familias tienen menos integrantes disponibles para cuidar y muchas mujeres —históricamente cargadas con el trabajo de cuido— también participan activamente en el mercado laboral.

El resultado es una presión creciente sobre hogares que deben resolver, casi en soledad, necesidades que deberían ser acompañadas por redes comunitarias, servicios de salud, políticas laborales y sistemas de cuidado.

El cuido dejó de ser un asunto privado

Durante mucho tiempo, cuidar a una persona mayor fue visto como una obligación familiar. Sin embargo, esa mirada ya no alcanza para explicar la magnitud del problema.

Cuidar no es solamente “estar pendiente”. Cuidar puede significar levantar a una persona, bañarla, cambiar pañales, administrar medicamentos, coordinar citas médicas, vigilar caídas, manejar crisis de memoria, adaptar la casa, resolver gastos y sostener emocionalmente a toda una familia.

Cuando ese trabajo se suma al empleo remunerado, la crianza y las deudas, el desgaste puede ser profundo.

“Yo amo a mi mamá, pero estoy agotada”

Ana Isabel reside en Moravia: “Mi mamá tiene 79 años y empezó con problemas de memoria. Al principio eran olvidos pequeños, pero ahora necesita supervisión casi todo el día. Yo trabajo desde la casa, tengo dos hijos adolescentes y siento que nunca termino nada. Amo a mi mamá, pero estoy agotada. A veces me da culpa decirlo, pero también necesito descansar”.

El testimonio de Ana refleja una realidad frecuente: muchas personas cuidadoras no sufren por falta de amor, sino por falta de apoyo.

“Mis hermanos ayudan cuando pueden, pero el peso quedó sobre mí”

“Somos cuatro hermanos, pero yo vivo más cerca de mi papá. Entonces todo terminó recayendo sobre mí: las citas, los medicamentos, las emergencias, las compras. Mis hermanos llaman, preguntan, a veces mandan dinero, pero la carga diaria la llevo yo. Uno se va sintiendo solo”. Comenta Mireya, vecina de Curridabat.

En muchas familias costarricenses, el cuido no se distribuye de forma equitativa. Una sola persona termina convirtiéndose en administradora de salud, acompañante emocional, chofer, enfermera informal y soporte económico.

El impacto en la salud de quienes cuidan

La evidencia gerontológica ha señalado que las personas cuidadoras pueden experimentar sobrecarga física, estrés crónico, ansiedad, depresión, aislamiento social, dolores musculares, problemas de sueño y deterioro de su propia salud.

Este punto es clave: cuando una persona cuidadora colapsa, también se pone en riesgo la continuidad del cuidado de la persona mayor.

Por eso, hablar de generación sándwich no es hablar de quejas familiares. Es hablar de salud pública, derechos humanos, corresponsabilidad social y envejecimiento digno.

¿Qué se puede hacer en estos casos?

Lo primero es reconocer que pedir ayuda no es abandonar. Es cuidar mejor.

Las familias pueden empezar por hacer una reunión clara y honesta para distribuir tareas. No todo apoyo debe ser presencial: alguien puede encargarse de citas médicas, otra persona de medicamentos, otra de compras, otra de trámites y otra de apoyo económico.

También es importante elaborar un pequeño plan familiar de cuido: quién responde ante emergencias, qué medicamentos toma la persona mayor, cuáles son sus diagnósticos, dónde están sus documentos, qué riesgos existen en la casa y qué apoyos comunitarios pueden activarse.

En el hogar, se deben revisar condiciones básicas de seguridad: iluminación, alfombras, baño, pasillos, cama, calzado, alimentación, hidratación y riesgo de caídas. Muchas crisis familiares comienzan con un accidente prevenible.

La persona cuidadora también debe proteger su propia salud. Dormir, ir al médico, tener espacios de descanso, pedir relevo y hablar sobre el cansancio no son lujos. Son medidas necesarias para sostener el cuidado en el tiempo.

Además, cuando hay deterioro cognitivo, dependencia física o conflictos familiares, conviene buscar orientación profesional en salud, trabajo social, psicología, derecho o gerontología. No todo debe resolverse “a puro aguante”.

Costa Rica necesita una conversación más seria sobre el cuido

La generación sándwich nos está mostrando algo incómodo: el envejecimiento poblacional ya entró a la sala, a la cocina, al dormitorio y al presupuesto familiar.

No es un tema del futuro.

Está ocurriendo ahora.

Está ocurriendo en hogares donde una hija contesta correos mientras escucha si su mamá volvió a caerse. En casas donde un hijo trabaja todo el día y por la noche baña a su papá. En familias donde una persona mayor cuida a otra persona mayor. En mujeres que dejaron de atenderse porque todo su tiempo se fue en cuidar.

Costa Rica necesita fortalecer centros diurnos, atención domiciliaria, respiro familiar, redes comunitarias, servicios de salud mental para cuidadores, adaptación de viviendas y políticas laborales que permitan conciliar trabajo y cuido.

Porque detrás de muchas personas mayores bien cuidadas, hay otra persona agotándose en silencio.

Y si el país quiere hablar seriamente de envejecimiento digno, también debe hablar de quienes cuidan.

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