Por: Eduardo Méndez, Director de Costa Rica Mayor ( www.costaricamayor.com)
Mientras la población envejece aceleradamente, las cuidadoras y los cuidadores enfrentan retos múltiples sin el reconocimiento ni la protección que merecen.
San José, 5 de Noviembre del 2025. Costa Rica atraviesa una transformación demográfica profunda. Las proyecciones del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) indican que para el año 2080 cerca del 43 % de la población nacional tendrá 60 años o más, lo que convierte al país en una de las naciones latinoamericanas con mayor ritmo de envejecimiento. En este contexto, el cuidado de las personas mayores se posiciona como uno de los desafíos sociales más urgentes. No se trata solo de garantizar la atención de quienes envejecen, sino también de visibilizar y proteger a quienes dedican su vida a cuidarlos. Las personas cuidadoras —frecuentemente invisibles— son el sostén silencioso del bienestar y la dignidad en la vejez, pero a menudo enfrentan condiciones precarias, sobrecarga y falta de reconocimiento.
El perfil del cuidado: quién lo hace y en qué condiciones
Las cifras oficiales revelan una realidad tan clara como preocupante. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) y la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO), en 2024 Costa Rica cuenta con 576 017 personas mayores de 65 años o más. De ellas, el 35,4 % recibe asistencia personal y el 28,7 % requiere cuidados más específicos. Más de la mitad de esa atención —el 51,6 %— proviene de personas del mismo hogar, lo que evidencia que el cuidado continúa siendo una responsabilidad familiar más que una función del sistema público o laboral formal.
La desigualdad de género es evidente: el 67,7 % de las personas cuidadoras son mujeres y apenas el 32,3 % son hombres. Además, las mujeres dedican en promedio 3 horas con 55 minutos diarios al cuidado, mientras que los hombres invierten alrededor de 2 horas con 29 minutos. En conjunto, aproximadamente el 89 % de los cuidadores informales pertenecen al entorno familiar y de ese grupo, el 75 % son mujeres. Estas cifras, registradas por el INEC, AGECO y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), reflejan cómo el trabajo de cuidado recae desproporcionadamente sobre las mujeres, dentro de la esfera doméstica y sin remuneración ni derechos laborales.
El perfil de las personas cuidadoras muestra un patrón claro: mujeres de mediana edad o mayores que sacrifican tiempo, oportunidades laborales y salud para garantizar el bienestar de sus familiares. La feminización del cuidado, su informalidad y su invisibilización lo convierten en un fenómeno social que exige una respuesta urgente desde la política pública.
Retos y cargas del cuidado
El trabajo de cuidar implica más que acompañar o asistir. Significa atender las necesidades físicas, emocionales y sociales de otra persona de forma constante. Las cuidadoras y cuidadores en Costa Rica enfrentan una combinación de sobrecarga, falta de reconocimiento y pocas redes de apoyo.
El desgaste físico y emocional es una constante. Las tareas de movilizar, alimentar, higienizar, acompañar a citas médicas y ofrecer apoyo emocional requieren un esfuerzo sostenido que deja huellas en la salud de quienes cuidan. Estudios realizados en el país documentan niveles elevados de estrés, agotamiento y problemas de salud derivados de la carga continua.
A ello se suma la dificultad para conciliar el trabajo de cuidado con la vida laboral y familiar. Muchas personas cuidadoras tienen empleo formal o hijos a su cargo, lo que incrementa la presión y reduce el tiempo para el autocuidado. Los cambios sociales —como familias más pequeñas, urbanización y mayor participación femenina en el empleo— han reducido la capacidad del modelo tradicional de cuidado familiar.
Otro gran obstáculo es la falta de formalización y reconocimiento del cuidado como trabajo. En Costa Rica, la mayoría de las personas cuidadoras no tienen contrato, seguridad social ni beneficios laborales. El sistema de cuidados se encuentra en construcción, pero aún predomina la informalidad. Esto no solo deja a las cuidadoras en situación de vulnerabilidad económica, sino que también invisibiliza su aporte al desarrollo social y al sistema de salud.
El futuro plantea desafíos mayores. A medida que la población envejece, aumentará la demanda de cuidados y disminuirá la disponibilidad de personas jóvenes para ofrecerlos. De hecho, estudios proyectan que para mediados del siglo XXI “miles de ticos de mediana edad no tendrán a alguien que los cuide”. Esta tendencia advierte la urgencia de fortalecer la infraestructura del cuidado desde hoy.
Finalmente, el reconocimiento social del trabajo de cuidado sigue siendo limitado. En la mayoría de los casos, se percibe como una extensión del rol familiar y no como una labor con valor económico y social. Esta percepción perpetúa la invisibilidad de las cuidadoras y retrasa la creación de mecanismos de apoyo, formación y remuneración.
Estado de las políticas públicas y las iniciativas actuales
El Estado costarricense ha dado pasos importantes para construir un marco institucional que reconozca y organice el sistema de cuidados, aunque aún enfrenta grandes desafíos. La Política Nacional de Cuidados 2021-2031, impulsada por el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), busca visibilizar, profesionalizar y articular los servicios de cuidado en el país, promoviendo la corresponsabilidad entre el Estado, las familias, las comunidades y el sector privado.
Con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se desarrolla un proyecto nacional que beneficiará a unas 160 000 personas mayores con dependencia funcional y a cerca de 170 000 cuidadoras y cuidadores —140 000 no remuneradas y 30 000 remuneradas—. Este programa busca avanzar hacia la formalización, la capacitación y el reconocimiento del trabajo de cuidado como una profesión digna y necesaria.
Otra iniciativa destacada es la plataforma Cuidar.cr, un sistema digital del IMAS que permite registrar a personas cuidadoras, conectar familias con servicios de cuidado formal y otorgar un “código Cuidar+” que facilita el acceso a programas y apoyos públicos. Esta herramienta representa un paso hacia la profesionalización y la trazabilidad del sector, aunque todavía requiere consolidación y mayor alcance territorial.
A pesar de estos avances, los informes técnicos coinciden en que el sistema de cuidados en Costa Rica sigue siendo fragmentado, con cobertura desigual, falta de financiamiento sostenible y escasa articulación interinstitucional. La consolidación del Sistema Nacional de Cuidados (SINCA) y la asignación de recursos suficientes son claves para que los derechos tanto de las personas mayores como de sus cuidadores sean garantizados.
Implicaciones humanas y sociales del cuidado
Más allá de las estadísticas, detrás del cuidado hay historias de vida, cansancio y también esperanza. Cuidar a una persona mayor implica acompañar su fragilidad, sostener su autonomía y preservar su dignidad. Pero también implica renuncias personales y económicas por parte de quien cuida.
La salud del cuidador debe ser considerada una prioridad nacional. Si las cuidadoras y cuidadores enferman o se agotan, el sistema de cuidado familiar y comunitario colapsa. El bienestar de las personas mayores está directamente vinculado al bienestar de quienes las cuidan.
La dignidad y el reconocimiento son esenciales. Cuidar no debe convertirse en una condena silenciosa, sino en una opción respaldada por políticas de apoyo, formación y descanso. Es urgente promover una igualdad de género en el cuidado, distribuyendo responsabilidades entre hombres, mujeres, Estado y comunidad.
Desde una perspectiva económica, es necesario valorar el cuidado como un sector productivo: la llamada “economía del cuidado” contribuye al desarrollo social, reduce costos en salud y genera empleo. Reconocer este trabajo y dotarlo de derechos laborales no es solo un acto de justicia, sino una inversión social estratégica.
La planificación de largo plazo resulta clave. El país necesita sistemas de relevo, programas de respiro, acceso a apoyo psicológico y capacitación continua. Invertir en las cuidadoras hoy es asegurar la sostenibilidad del bienestar colectivo mañana.
Hacia una agenda de acción
Para que Costa Rica haga justicia tanto a las personas mayores como a quienes las cuidan, se requiere una agenda integral. Es necesario crear programas de formación técnica y certificación para personas cuidadoras domiciliarias con estándares profesionales; establecer mecanismos de respiro y apoyo emocional para cuidadoras informales; integrar el trabajo de cuidado en la legislación laboral y la seguridad social; y sensibilizar a la sociedad sobre la corresponsabilidad del cuidado entre familias, comunidades y Estado.
También se deben garantizar presupuestos públicos y subsidios que aseguren el financiamiento sostenible del sistema, fomentar la investigación con datos actualizados sobre el universo de cuidadores, e impulsar redes locales de apoyo que fortalezcan el sentido de comunidad y eviten el aislamiento de las personas cuidadoras.
El cuidado sostiene la vida
El cuidado de personas mayores no puede seguir siendo una labor invisible ni un sacrificio individual. En una sociedad que envejece rápidamente, reconocer, profesionalizar y proteger a las personas cuidadoras es una condición indispensable para garantizar un envejecimiento digno y sostenible.
Las cuidadoras y cuidadores de Costa Rica son un recurso humano esencial, pero sobre todo, un componente moral de nuestra sociedad. Su trabajo sostiene la vida cotidiana, preserva la autonomía de las personas mayores y mantiene viva la solidaridad intergeneracional. Cuidar es un acto de amor, pero también es un trabajo, y como tal, merece derechos, condiciones justas y protección.
El futuro del país dependerá de cómo valoremos y apoyemos hoy a quienes dedican su tiempo, su cuerpo y su corazón a cuidar a los demás. Porque el bienestar de nuestras personas mayores también se construye cuidando a quienes cuidan.








