Por: Redacción Costa Rica Mayor.
El costo de vida en la región Central de Costa Rica se ha convertido en un desafío cotidiano para miles de hogares, y su impacto es particularmente sensible en aquellos donde viven personas adultas mayores. Datos recientes de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), muestran que los hogares de esta región gastan, en promedio, cerca de ¢300.000 más al mes que los hogares ubicados en otras zonas del país.
La cifra es contundente. Mientras el gasto mensual promedio de los hogares en la región Central ronda los ¢804.763, en el resto de Costa Rica se sitúa alrededor de los ¢503.753. Esta brecha no es circunstancial. Responde a una combinación de factores estructurales como la mayor urbanización, los costos elevados de la vivienda, el transporte, los servicios públicos y una oferta comercial que, aunque amplia, resulta más cara para quienes dependen de ingresos limitados.
Para las personas adultas mayores, este escenario adquiere una dimensión particular. Una parte importante de esta población vive de pensiones del régimen de Invalidez, Vejez y Muerte, del Régimen No Contributivo o de jubilaciones del sector público y privado. Se trata, en la mayoría de los casos, de ingresos fijos que no crecen al mismo ritmo que el costo de la vida, especialmente en zonas urbanas como la región Central. El resultado es una presión constante sobre el presupuesto mensual, donde cada aumento en los precios obliga a tomar decisiones difíciles.
El transporte, la alimentación y la vivienda concentran buena parte del gasto en esta región. Para las personas mayores, el transporte no es un lujo, sino una necesidad para asistir a citas médicas, realizar trámites o mantener vínculos sociales. La vivienda, en un contexto de alquileres elevados y servicios cada vez más caros, absorbe una porción significativa del ingreso. A esto se suma la importancia de una alimentación adecuada para preservar la salud y la autonomía en la vejez, un rubro que también se ha encarecido de forma sostenida.
Eduardo Méndez, Director de Costa Rica Mayor y especialista en envejecimiento y políticas públicas advierte que el alto costo de vida en las zonas urbanas incrementa el riesgo de empobrecimiento en la vejez. Esta situación afecta con mayor fuerza a las personas mayores que viven solas, a las mujeres con pensiones más bajas y a quienes no cuentan con redes familiares o comunitarias de apoyo. En un país que envejece rápidamente, estas condiciones representan una señal de alerta que no puede ser ignorada.
Costa Rica se enfrenta así a una paradoja creciente. Las ciudades concentran oportunidades, servicios y empleo, pero no siempre están diseñadas para envejecer con dignidad. El dato de los ¢300.000 adicionales de gasto mensual en la región Central no es solo una estadística económica; es un reflejo de cómo las condiciones de vida pueden volverse más adversas con el paso del tiempo si no existen políticas diferenciadas y sensibles al envejecimiento.
Desde la perspectiva de la economía de la longevidad y de los derechos de las personas mayores, este escenario plantea la necesidad de repensar el ajuste de las pensiones frente al costo de vida regional, fortalecer los apoyos para vivienda y transporte accesible, y diseñar entornos urbanos que permitan a las personas mayores permanecer en sus comunidades sin comprometer su bienestar.
Envejecer en Costa Rica no debería convertirse en un privilegio reservado para quienes pueden asumir un alto costo de vida. Garantizar condiciones económicas dignas para las personas mayores, especialmente en regiones donde vivir es más caro, es un desafío urgente para el país. Más allá de las cifras, se trata de asegurar que la vejez sea una etapa vivida con seguridad, autonomía y calidad de vida.





