¿Tengo que ayunar a mi edad? Lo que usted debe saber en esta Cuaresma

Feb 27, 2026 | Frecuencia de vida, slider frecuencia de vida | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

Por: Germán Salas M. Periodista. gersalma@yahoo.com

Cada año, cuando llega la Cuaresma, algunos de ustedes me hacen la misma pregunta, ¿Estoy obligado a ayunar, aunque ya tenga más de 60 años? ¿Y si tengo problemas de salud? ¿Y si tomo medicamentos? Se lo digo con claridad y con tranquilidad en el corazón: la Iglesia no quiere angustiarle. Quiere acompañarle. Permítame explicarle.

Cuando hablamos de ayuno, pensamos en Jesús en el desierto. Él ayunó cuarenta días, pero no lo hizo para impresionarnos ni para imponer una carga imposible. Lo hizo como preparación interior, como camino de fidelidad al Padre. Y cuando enseñó sobre el ayuno, dejó claro que lo importante no era el gesto externo, sino el corazón.

La Biblia es muy sabia en esto. El profeta Isaías ya advertía que el ayuno que agrada a Dios no consiste solamente en dejar de comer, sino en compartir el pan con el hambriento, en practicar la justicia, en romper cadenas de opresión. Es decir, el verdadero ayuno transforma el alma, no solo el estómago.

Ahora bien, ¿qué dice la Iglesia concretamente? El Derecho Canónico establece que el ayuno obligatorio aplica desde los 18 hasta los 59 años. A partir de los 60 años, usted ya no está obligado a ayunar. La abstinencia de carne obliga desde los 14 años, pero el ayuno como tal no se exige a quienes han superado ese límite de edad.

¿Ve qué hermosa es la Iglesia? Es madre. Y una madre no impone cargas que puedan dañar a sus hijos. Si usted vive con diabetes, hipertensión, problemas gástricos o toma medicamentos que requieren alimentación regular, no solo no está obligado a ayunar, sino que sería imprudente hacerlo sin indicación médica. Dios no quiere que usted ponga en riesgo su salud para cumplir una norma que ya no lo obliga. Su cuerpo es templo del Espíritu Santo, y cuidarlo también es un acto de fe.

Pero déjeme decirle algo importante: que no esté obligado no significa que la Cuaresma pase de largo por su vida. Al contrario. Tal vez ahora su ayuno sea más profundo que nunca.

Quizá su ayuno consista en ofrecer con paciencia ese dolor que no se va. En no quejarse tanto por las limitaciones propias de la edad. En evitar palabras duras. En perdonar viejas heridas. En orar más por sus hijos y nietos. En acompañar con ternura en lugar de criticar. Créame: ese ayuno vale oro ante Dios.

A veces pienso que ustedes, nuestros queridos adultos mayores, viven la penitencia más auténtica sin darse cuenta. La aceptación serena, la soledad ofrecida, la enfermedad abrazada con fe, el rosario rezado en silencio… eso tiene un peso espiritual inmenso.

Dios no mide la santidad por cuánta carne dejó de comer el viernes. La mide por cuánto amor hay en su corazón. Así que si esta Cuaresma usted se preguntaba si debía ayunar, quédese tranquilo. La Iglesia no lo obliga. Y si su salud es frágil, no debe hacerlo. Pero sí puede —y qué hermoso sería— ofrecer a Dios su paciencia, su oración, su testimonio.

Porque a su edad, quizá ya no se trata de privarse de alimento. Se trata de alimentar el alma. Y en eso, usted todavía tiene muchísimo que dar.

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