Por: Redacción Costa Rica Mayor .16 de julio de 2025
Conseguir empleo después de los 55 años no solo es una necesidad para muchas personas en Costa Rica; también es, en teoría, una posibilidad real. Sin embargo, lo que dicen las leyes y programas no siempre coincide con lo que sucede en la práctica.
La Ley Integral para la Persona Adulta Mayor (N.º 7935) establece con claridad que ninguna persona puede ser excluida de un puesto de trabajo por su edad si cumple con los requisitos del puesto. También hay un proyecto de ley (expediente N.º 24 149) que busca ofrecer incentivos fiscales a las empresas que contraten a personas mayores de 55 años. Y el Ministerio de Trabajo promueve entornos laborales inclusivos a través de programas de certificación como “Igualdad, Inclusión y Protección”.
A nivel comunitario, iniciativas como “Sigo Vigente +45” de Ageco han apoyado a cientos de personas en su búsqueda laboral, brindando capacitación, acompañamiento y acceso a redes. Además, los portales de empleo más conocidos muestran vacantes abiertas a personas mayores en sectores como producción, limpieza, cuidado, ventas o soporte técnico.
Todo eso suena bien. Pero cuando una persona de 55 o 60 años empieza a buscar trabajo en serio, muchas veces se topa con otra realidad: silenciosa, pero persistente.
¿Qué pasa en la práctica?
Pese a lo que dice la ley, el edadismo laboral sigue presente en Costa Rica. No siempre es explícito, pero actúa como una barrera que se esconde en frases como:
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“Buscamos alguien más dinámico para el puesto.”
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“Queremos una persona joven, proactiva y con energía.”
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“Está sobrecalificada.”
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“Preferimos alguien que no tenga compromisos familiares o problemas de salud.”
Muchas ofertas de trabajo no establecen un límite de edad, pero en las entrevistas se percibe el sesgo. A veces, los algoritmos de los sistemas de reclutamiento descartan automáticamente a quienes superan ciertos rangos de edad. En otras ocasiones, las empresas temen asumir costos por salud, pensiones o adaptaciones laborales, aunque no lo digan abiertamente.
Además, no todas las personas mayores de 55 años cuentan con acceso a las tecnologías necesarias para aplicar en línea, actualizar su currículum, o participar en procesos virtuales de selección. La brecha digital se convierte en una desventaja silenciosa que aumenta con la edad.
¿Qué podemos hacer?
Reconocer el problema es el primer paso. La reinserción laboral en esta etapa de la vida debe ir más allá del “discurso optimista” y convertirse en una política pública clara, con presupuesto, metas y acompañamiento real. Necesitamos que las empresas reciban incentivos reales, pero también educación para vencer prejuicios. Y que las personas mayores tengan acceso a formación continua, alfabetización digital, y redes que les permitan reactivarse en condiciones dignas.
Porque sí: tener 55 años no es el final del camino laboral. Pero en Costa Rica todavía hace falta que las oportunidades se traduzcan en realidad. Y para eso, se requiere más que voluntad: se necesita compromiso estructural.





