Por Redacción Costa Rica Mayor
Abril 25, 2025
¿Puede una persona adulta mayor cubrir sus necesidades básicas con ₡82.000 mensuales? La respuesta, tristemente, es no. Y sin embargo, esa es la dura realidad que enfrentan hoy más de 146.000 personas en Costa Rica beneficiarias del Régimen No Contributivo (RNC), cuyos montos están congelados desde junio de 2019.
Cinco años después, el costo de la vida ha seguido su curso ascendente. La canasta básica alimentaria ronda los ₡66.000 en la zona urbana y ₡55.000 en la zona rural, lo que implica que hasta un 80 % de la pensión se destina únicamente a comida, dejando muy poco o nada para vivienda, medicamentos, transporte o servicios básicos. Además, los precios de los alimentos aumentaron un 7,5 % solo en el último año, sin que el monto de las pensiones se haya ajustado para reflejar esa realidad.
El Régimen No Contributivo fue diseñado hace más de medio siglo como un salvavidas para adultos mayores pobres, personas con invalidez y otras poblaciones en condición de vulnerabilidad social. Sin embargo, las condiciones actuales hacen que el apoyo brindado esté lejos de garantizar una vida digna.
El mismo gerente de Pensiones de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), Ubaldo Carrillo, reconoció vía CR HOY que el aumento de estas pensiones es una tarea pendiente, aunque los recursos disponibles, principalmente provenientes del Fondo de Desarrollo Social y Asignaciones Familiares (Fodesaf), son insuficientes para cubrir la creciente demanda.
La situación se agrava por el incremento de solicitudes: solo en 2024, más de 31.000 personas pidieron acceso al RNC, un aumento del 121 % en la última década. Sin embargo, apenas el 18 % de esas solicitudes fueron aprobadas, dejando en el limbo a miles de personas que dependen de este ingreso mínimo para sobrevivir.
Desde Costa Rica Mayor hacemos un llamado urgente a las autoridades a revisar y actualizar el monto de las pensiones del Régimen No Contributivo. No se trata solo de cifras: detrás de cada ₡82.000 insuficientes hay historias humanas, necesidades básicas insatisfechas y derechos fundamentales que deben ser respetados.
La dignidad en la vejez no debería ser un privilegio, sino un derecho garantizado.





