Pérdida de poder adquisitivo en personas adultas mayores en Costa Rica (2024–2026): cuando el IPC no cuenta toda la historia

Feb 12, 2026 | El reporte, Noticias, slider noticias | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

Inflación en Costa Rica: el dato oficial y la realidad de la vejez

Por: Eduardo Méndez, Director de Costa Rica Mayor.com

En Costa Rica, hablar de inflación suele reducirse a un número: el comportamiento del Índice de Precios al Consumidor. Sin embargo, para miles de personas adultas mayores, la economía no se mide en porcentajes sino en decisiones cotidianas: comprar o no comprar medicamentos, pagar la luz o reducir la comida, pedir ayuda o resistir un mes más.

Entre 2024 y 2026, el país registró variaciones moderadas en el IPC, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). A primera vista, esto podría sugerir estabilidad económica. Pero el promedio nacional no refleja necesariamente la realidad económica de la vejez en Costa Rica. La pregunta clave no es cuánto subieron los precios en general, sino cuánto aumentaron los bienes y servicios que más consumen las personas mayores.

La canasta básica de las personas adultas mayores no es la misma

La Encuesta Nacional de Hogares y la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares evidencian que, en la etapa de la vejez, el gasto se concentra de manera distinta al del resto de la población. El peso de los alimentos básicos, los medicamentos, las consultas médicas, la vivienda y los servicios públicos es mayor en los hogares con personas adultas mayores.

Cuando estos rubros aumentan por encima del promedio nacional, el impacto sobre el ingreso real es inmediato. Aunque el IPC general muestre estabilidad, la inflación que experimentan las personas adultas mayores puede ser más alta. Este fenómeno, conocido como inflación diferenciada por grupo etario, explica por qué muchas personas mayores sienten que el dinero rinde menos.

“A la tercera semana ya no alcanza”: historias que reflejan la pérdida de poder adquisitivo

Doña Marta, de 73 años, recibe una pensión que ronda los doscientos veinte mil colones. Hace algunos años lograba organizar su compra mensual con cierta previsibilidad. Hoy, cuenta que a la tercera semana debe ajustar el presupuesto. El gasto en medicamentos para la presión arterial y la diabetes se ha vuelto más pesado dentro de su economía doméstica. No puede dejar de comprarlos, pero cada mes implica recortar algo más.

Don Álvaro, de 69 años, no logró completar las cuotas necesarias para una pensión contributiva robusta. Depende de una pensión básica y del apoyo de sus hijos. La electricidad, el agua y la alimentación consumen casi todo su ingreso. Desde hace un año asiste a un centro diurno tres veces por semana. Allí recibe alimentación y participa en actividades. Lo que antes era un espacio de socialización hoy se ha convertido también en una estrategia para aliviar la presión económica.

Doña Isabel, de 81 años, vive sola en Cartago. Percibe que los precios de productos esenciales como arroz, frijoles y aceite han tenido un impacto mayor que cualquier cifra macroeconómica. Pero lo que más le preocupa es el costo de la farmacia. Para enfrentar la situación se integró a una red comunitaria de cuido que le brinda acompañamiento y orientación sobre subsidios y apoyos disponibles.

Ejemplo de canasta básica mensual para una persona adulta mayor

Si se construye una estimación referencial de una canasta básica para una persona adulta mayor en Costa Rica, el panorama se vuelve más claro. Un presupuesto mensual que incluya alimentos, medicamentos, servicios públicos, vivienda, transporte y gastos esenciales puede superar fácilmente los doscientos setenta mil colones.

Cuando la pensión promedio ronda entre doscientos diez mil y doscientos treinta mil colones, la brecha entre ingreso y costo de vida aparece de forma evidente. Esta diferencia representa una pérdida real de poder adquisitivo, especialmente cuando el aumento en pensiones es menor que el incremento en alimentos y salud.

Pérdida real de poder adquisitivo en la vejez: más allá del IPC

Cuando una pensión crece uno por ciento, pero el costo de alimentos y servicios de salud aumenta cuatro por ciento, el resultado es una reducción del poder adquisitivo real. Es decir, aunque el ingreso nominal suba, la capacidad de compra disminuye.

Este fenómeno explica por qué la percepción de crisis económica en la vejez puede coexistir con indicadores macroeconómicos relativamente estables. La inflación que afecta a las personas adultas mayores no siempre coincide con la inflación promedio nacional.

¿Es necesario un índice de precios específico para personas mayores?

Diversos especialistas han planteado la necesidad de desarrollar un indicador que mida el costo de vida específico de las personas adultas mayores en Costa Rica. Un índice ajustado a la canasta 65+ permitiría evaluar con mayor precisión si las pensiones realmente protegen el poder adquisitivo en la vejez y garantizaría ajustes más justos.

En un país que envejece aceleradamente, la discusión sobre pérdida de poder adquisitivo en personas adultas mayores no es únicamente económica. Es demográfica, social y profundamente humana.

Cuando una persona mayor afirma que la plata no le alcanza, está señalando una brecha concreta entre su ingreso y el costo real de vivir con dignidad. No se puede ser tan frio para estimar una ayuda a una persona adulta mayor basados en el indice de la pobreza unicamente. Tenemos que comprender la vejez en todas sus dimensiones. En una sociedad que transita hacia una estructura poblacional más envejecida, medir correctamente esa brecha no es un lujo técnico. Es una condición indispensable para garantizar derechos y proteger la calidad de vida en la vejez

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