Por: Redacción Costa Rica Mayor.com
Costa Rica enfrenta un desafío creciente que avanza de forma silenciosa, pero con profundas consecuencias para la salud pública: el aumento sostenido de la obesidad en la población adulta, especialmente entre las personas de 50 años y más. Mientras el país envejece rápidamente, el exceso de peso se convierte en un factor que agrava enfermedades crónicas, reduce la autonomía y aumenta la presión sobre el sistema de salud.
De acuerdo con datos del Ministerio de Salud y estudios epidemiológicos recientes, más del 60% de la población adulta en Costa Rica presenta sobrepeso u obesidad. Algunas estimaciones señalan incluso que cerca del 70% de los adultos tienen exceso de peso, una cifra que refleja cambios importantes en los estilos de vida, los patrones alimentarios y los niveles de actividad física en las últimas décadas.
El fenómeno no es menor. En el año 2000 la prevalencia de obesidad en adultos rondaba el 17%. Hoy supera el 30%, lo que coloca al país entre las naciones de América Latina con mayor crecimiento en esta condición.
El exceso de peso aumenta con la edad
Los datos disponibles muestran que el riesgo de obesidad aumenta conforme avanza la edad. Las tasas más altas se observan en la población entre los 40 y los 64 años, una etapa clave en la que muchas personas comienzan a desarrollar enfermedades crónicas asociadas al metabolismo.
En el caso de las mujeres entre 45 y 65 años, algunas investigaciones señalan que el exceso de peso puede superar el 70%. Este fenómeno se relaciona con cambios hormonales, menor actividad física y transformaciones en los hábitos alimentarios.
Cuando las personas alcanzan los 65 años, el problema no desaparece. Al contrario, alrededor de un tercio de las personas adultas mayores en Costa Rica viven con obesidad. En esta etapa de la vida, el exceso de peso puede coexistir con pérdida de masa muscular, lo que aumenta la fragilidad y el riesgo de discapacidad.
Impacto directo en la salud de las personas mayores
La obesidad es uno de los principales factores de riesgo para enfermedades que ya representan las principales causas de muerte en el país. Entre ellas destacan la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, las enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.
Para las personas mayores de 50 años, estas condiciones pueden acelerar procesos de deterioro físico y funcional. El exceso de peso incrementa el desgaste de las articulaciones, favorece los problemas de rodilla y cadera y reduce la movilidad. Con el tiempo, esto puede derivar en pérdida de autonomía y mayor dependencia para realizar actividades básicas de la vida diaria.
Los especialistas también advierten sobre un impacto menos visible pero igualmente relevante: la salud mental. Diversos estudios han encontrado que la obesidad en la adultez mayor se asocia con mayor riesgo de depresión, ansiedad y aislamiento social. En algunos casos, la combinación de enfermedades crónicas y limitaciones físicas afecta la participación social y la calidad de vida.
Un problema que también impacta la economía del país
El aumento de la obesidad no solo tiene consecuencias individuales, sino también económicas. Estimaciones internacionales calculan que el costo del sobrepeso y la obesidad en Costa Rica supera los mil millones de dólares al año, una cifra equivalente a cerca del 2% del Producto Interno Bruto.
Gran parte de estos costos se relaciona con el tratamiento de enfermedades crónicas que requieren medicamentos, hospitalizaciones y seguimiento médico permanente. Esto implica una presión creciente para la Caja Costarricense de Seguro Social, especialmente en un contexto donde la población envejece rápidamente.
Un país que envejece y enfrenta nuevos retos
Las proyecciones demográficas del Instituto Nacional de Estadística y Censos indican que Costa Rica se dirige hacia una transformación profunda de su estructura poblacional. Para el año 2050, cerca de una cuarta parte de la población tendrá 65 años o más.
En este contexto, el aumento de la obesidad plantea un desafío adicional para el sistema de salud, las políticas públicas y la prevención.
Expertos en salud pública coinciden en que abordar este problema requiere estrategias integrales que incluyan promoción de la actividad física, educación nutricional, entornos urbanos que faciliten el movimiento y acceso a alimentos saludables.
Más allá de las cifras, el debate de fondo es cómo garantizar que las personas puedan envejecer con salud, autonomía y calidad de vida. La obesidad, cuando aparece en la mediana edad y se prolonga en el tiempo, puede convertirse en un factor que limite ese objetivo.
Para un país que envejece con rapidez, promover estilos de vida saludables después de los 40 años podría ser una de las inversiones más importantes para la sostenibilidad futura del sistema de salud y el bienestar de las generaciones mayores.




