Ninguna persona debe volverse invisible por envejecer: VI Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores

Jul 26, 2026 | Contexto, Recientes, slider noticias | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

CONTEXTO. Por: Eduardo Méndez, Director www.costaricamayor.com

El domingo 26 de julio de 2026, la Iglesia católica celebra la sexta edición de su Jornada dedicada a las personas mayores. El Papa León XIV la resume en cuatro palabras tomadas del profeta Isaías —«Yo no te olvidaré»— y con ellas nombra una herida que atraviesa a la vejez contemporánea: el riesgo de desaparecer en vida, reducido al número de una cama o al peso que otros creen cargar.

Doña Emilia tiene ochenta y un años y una silla junto a la ventana desde la que ve pasar los días. Sus tres hijos viven fuera del país; la llaman los domingos, cuando pueden. La semana entera transcurre sin que nadie pronuncie su nombre. No le falta comida ni techo. Le falta ser vista. (

La situación de doña Emilia no es marginal. Es, cada vez más, la textura ordinaria de la vejez en un país que envejece con rapidez. Y es precisamente esa experiencia —la de sentirse olvidado sin haber muerto— la que el Papa León XIV coloca en el centro de su mensaje para la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, difundido para su celebración el cuarto domingo de julio.

Una Jornada que nació para hacer visible a quien ya nadie mira

La Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores fue instituida por el Papa Francisco en 2021 y se celebra cada cuarto domingo de julio, cerca de la memoria litúrgica de los Santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María y, por tanto, abuelos de Jesús. Este año la fecha coincide de lleno con esa festividad, lo que refuerza el símbolo: la fe cristiana coloca a dos ancianos en el corazón mismo de su relato fundacional.

El propósito de la Jornada es explícito y no admite lecturas asistencialistas. No se trata de compadecer a los mayores, sino de reconocerles un lugar. León XIV lo formula con una imagen dura: sobre la vida de muchas personas mayores «parece haberse extendido un velo que difumina los rasgos de los rostros y los cubre con el olvido». Ese velo cae, dice, en las casas donde reina la soledad y en los lugares de internamiento donde la persona corre el riesgo de quedar reducida al número de su cama o a su patología. La denuncia es precisa: el problema no es solo la ausencia de compañía, sino el anonimato, la pérdida del rostro propio.

Qué piensa el Vaticano sobre envejecer

El mensaje papal articula una visión del envejecimiento que conviene leer con atención, porque desmonta varios de los prejuicios más extendidos. El primero es que la vejez sea, ante todo, declive. León XIV nombra sin eufemismos la fragilidad —«la fragilidad que acompaña al hombre desde su nacimiento», dice— pero se niega a equipararla con inutilidad. «No tengan miedo de la fragilidad», escribe, porque esa debilidad «lleva consigo una nueva potencialidad» que, cuando se acepta, «abre el corazón a la ayuda mutua». La fragilidad, en esta lectura, no es lo contrario de la dignidad: es una forma de la condición humana que reclama reciprocidad.

El segundo prejuicio que el mensaje enfrenta es económico. El Papa señala con claridad que «una economía concentrada sobre el beneficio debilita las relaciones familiares» y que muchos mayores «son mirados con prejuicios y considerados un peso». La afirmación tiene filo: sitúa el descarte de las personas mayores no como un accidente cultural, sino como consecuencia de una lógica que mide el valor de una vida por su rendimiento. Frente a esa lógica, León XIV cita su encíclica Magnifica humanitas, publicada el 15 de mayo de 2026, donde advierte que «la carne humana sigue pidiendo ser cuidada y reconocida por manos capaces de ternura» y que, aunque la cultura digital multiplica las conexiones, «el corazón humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad».

El tercer aporte es quizá el más original. Recogiendo una expresión del Papa Francisco, León XIV describe a las personas mayores como un «nuevo pueblo», porque nunca antes en la historia humana hubo tantas personas de edad avanzada. Ese dato demográfico —el mismo que en Costa Rica se traduce en una población que envejece a velocidad acelerada— deja de ser un problema a administrar y se convierte en una pregunta sobre vocación: qué está llamado a aportar quien ha vivido mucho. La respuesta que el mensaje esboza no es la resignación, sino un papel activo en la construcción de la paz. En un tiempo «marcado de una manera tan fuerte por la violencia bélica y social», el Papa pide a los mayores que encarnen «los caminos de la reconciliación» frente a los de la arrogancia y el poder.

Del mensaje a la puerta de doña Emilia

Lo notable del texto es que no se queda en la reflexión. Aterriza en una acción concreta y verificable por cualquiera. León XIV exhorta —especialmente a los más jóvenes— a «retomar la bella costumbre de visitar a los propios abuelos, a los mayores de la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita». La consigna es que las palabras «Yo nunca te olvidaré» adquieran «la forma de un tierno y afectuoso encuentro». No es una metáfora: es una instrucción de tocar la puerta.

Para una persona como doña Emilia, esa distinción lo es todo. La diferencia entre tener resueltas las necesidades materiales y ser olvidada no la salda una transferencia ni un servicio. La salda alguien que pronuncia su nombre. El mensaje del Vaticano coincide, desde su propio lenguaje, con lo que la mirada de derechos sostiene desde hace tiempo: la persona adulta mayor no es objeto de cuidado, es sujeto de un vínculo. Y un vínculo, por definición, exige un rostro reconocido del otro lado.

Conviene subrayar que se trata de una lectura confesional, dirigida en primer término a la comunidad católica. Pero su núcleo interpela a cualquiera, con fe o sin ella. Porque la invisibilidad de la vejez no es un asunto religioso: es una cuestión de justicia. Cuando una sociedad deja de ver a sus mayores, no comete un pecado privado; comete una injusticia pública, medible en soledad, en abandono, en nombres que dejan de pronunciarse.

Termino aquí.

¿A quién podría usted visitar esta semana para que sus palabras «no te he olvidado» dejen de ser una idea y se conviertan en un encuentro?


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Nota de fuentes. Las citas del Papa León XIV proceden del Mensaje del Santo Padre para la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores (Vaticano, 15 de junio de 2026), publicado en vatican.va y difundido por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. La referencia a la encíclica Magnifica humanitas (15 de mayo de 2026) figura en el propio mensaje. Datos sobre la institución de la Jornada por el Papa Francisco en 2021 y su celebración cada cuarto domingo de julio, verificados en vatican.va y Vatican News.

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