Por Redacción Costa Rica Mayor
San José, 6 de enero de 2026 — En las últimas semanas, Costa Rica ha experimentado un repunte de casos de influenza tipo A, especialmente del subtipo H3N2, conocido ahora como la variante K o “subclado K” del virus. Esta variante forma parte del mismo grupo de virus de la gripe que circula cada año, pero con cambios genéticos que la hacen más transmisible entre las personas, aunque no se ha demostrado que cause una enfermedad más grave que las cepas estacionales habituales.
Según los reportes oficiales del Ministerio de Salud, el Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (INCIENSA) detectó la presencia de esta variante en el país desde octubre de 2025, a partir del análisis de muestras tomadas entre setiembre y noviembre. Aunque el número inicial de casos confirmados fue reducido, la vigilancia epidemiológica indica que durante diciembre se acumularon cientos de muestras positivas de influenza A H3, muchas atribuibles a este subclado.
Las autoridades han sido enfáticas: no se ha declarado una alerta sanitaria especial, pero sí se ha pedido a la población que incremente las medidas básicas de prevención, especialmente en espacios concurridos y en estas fechas de alta movilidad social.
¿Qué significa esto para los adultos mayores?
Aunque los síntomas de la variante K —como fiebre, tos, dolor de cabeza y malestar general— son similares a los de la gripe estacional clásica, los adultos mayores y las personas con condiciones crónicas tienen un riesgo mayor de complicaciones severas si se infectan con influenza A. Organización Mundial de la Salud Por ello, expertos en salud pública y gerontología hacen un llamado especial a cuidar a este grupo poblacional con acciones preventivas concretas.
Consejos para proteger a las personas adultas mayores
1. Vacunación actualizada:
La vacuna contra la influenza sigue siendo la herramienta más potente para prevenir hospitalizaciones y complicaciones graves. Las autoridades de salud recomiendan mantener al día la vacunación en adultos mayores y sus cuidadores.
2. Higiene frecuente de manos:
Lavarse las manos con agua y jabón o con gel antibacterial varias veces al día, especialmente después de tocar superficies comunes o antes de comer.
3. Entornos bien ventilados:
Prefiere espacios abiertos o bien ventilados para reuniones familiares o actividades sociales. Los lugares cerrados y mal ventilados favorecen la transmisión.
4. Evitar contacto con enfermos:
Las personas con síntomas respiratorios deben usar mascarilla o apartarse de los adultos mayores hasta que se recuperen.
5. Cubrir estornudos y tos:
Recordar siempre cubrirse la boca y nariz al toser o estornudar con un pañuelo desechable o el antebrazo.
6. Atender síntomas tempranos:
Si un adulto mayor presenta fiebre, malestar o dificultades respiratorias, es fundamental consultar a un profesional de salud cuanto antes, especialmente si hay factores de riesgo adicionales.
7. Reducir aglomeraciones innecesarias:
Durante brotes respiratorios, es prudente limitar la participación de adultos mayores en eventos muy concurridos, sobre todo si hay circulación activa de virus respiratorios.
Mirada al futuro
La vigilancia epidemiológica continúa activa y datos globales —incluidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS)— sugieren que este subtipo de influenza A puede predominar en la región sin que necesariamente se traduzca en un aumento de gravedad significativa. Aun así, la experiencia demuestra que la prevención, vacunación y cuidados especiales con las personas adultas mayores son esenciales para evitar un impacto mayor en la salud pública.





